Ni congelarlas ni lavarlas: las fresas pueden durar una semana frescas si las conservas como Jordi Cruz aconseja

Las fresas se pasan tan rápido por un motivo, que es la clave también para alargar su vida útil

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María Yuste

Editor Senior

Cuando están en su punto, la fresas son un manjar jugoso intenso y sabor dulce e intenso. En primavera y principios de verano, no pueden faltar en el carrito de la compra. Sin embargo, tienen un problema y no es el poco tiempo al año que están en temporada sino la habilidad especial que tienen para estropearse antes incluso de que nos dé tiempo a terminar de comérnoslas todas.

Seguro que te ha pasado. Compras una bandeja y, a los pocos días, empiezan a salir zonas blandas, manchas blanquecinas e incluso pequeños parches de moho. El motivo de que las fresas sean una fruta especialmente delicada se encuentra en su altísima composición de agua (que ronda entre el 90% y 92% de su peso total), lo que favorece la proliferación de hongos y bacterias.

Conocer este dato es clave a la hora de saber almacenarnas correctamente para alargar su vida útil. De hecho, el chef Jordi Cruz propone una técnica muy sencilla para mantenerlas en mejor estado durante más tiempo.

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El método de Jordi Cruz paso a paso

Según cuenta el cocinero, las fresas contienen "vitamina C y fibra y muchas cosas positivas". Pero también llegan del campo acompañadas de microorganismos que aceleran su deterioro.

En el vídeo, Jordi Cruz explica que esos hongos y bacterias son los responsables de que la fruta vaya perdiendo calidad con el paso de los días. Por eso su método actua directamente sobre ellos desde el primer momento en que las fresas llegan a casa.

Para ello, primero hay que preparar dos recipientes. En uno ponemos agua hirviendo. En el otro, agua muy fría. Después, las fresas se sumergen en el agua caliente durante apenas tres segundos. Ese breve contacto con el agua hirviendo serviría para eliminar buena parte del moho y las bacterias, junto con otros microorganismos presentes en la superficie de la fruta.

Eso sí, justo después, las fresas tienen que pasar al recipiente del agua fría. La idea es frenar el efecto del calor para que la fruta no se cocine ni pierda textura. Cuando ya estén frías, toca secarlas muy bien con papel de cocina porque, como ya hemos visto, humedad es una de las grandes enemigas de su conservación. 

De hecho, lo que Jordi Cruz aconseja es que, cuando las fresas estén completamente secas, las guardemos en un recipiente hermético o tupper con una hoja de papel de cocina al fondo.

Ese papel servirá para absorber el exceso de humedad que pueda generarse dentro del recipiente, pero sin resecar la fruta por completo. Después, solo queda guardar el tupper en la nevera. Según asegura el cocinero, con este proceso las fresas pueden mantenerse en buen estado durante varios días más. 

Foto de portada | aghavendra Mithare y univgirona

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