Piensas que estás siendo buena persona, pero este hábito invisible te quitará la felicidad sin darte cuenta

La psicología sabe que la forma en que nos criamos, afecta (y mucho) a las relaciones que tenemos en el futuro

Ser Una Persona Complaciente No Es Bondad Es Supervivencia
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Anabel Palomares

Editor

Cuando hablamos de complacencia podemos confundirlo con bondad. La bondad es una inclinación natural a hacer el bien, pero la complacencia implica poner las necesidades de otros por encima de las propias. Según explicaba Hailey Magee en el podcast HBR IdeaCast de Harvard Business Review ese acto de poner las necesidades, sentimientos, deseos y sueños de los demás en primer lugar, sacrificando por el camino nuestras propias necesidades, sentimientos, deseos y sueños no es ser amable ni bondadoso porque nos sacrificamos a nosotros mismos en el proceso. 

Decir siempre que sí, lo que ahora se conoce como people pleasing es un acto aprendido que nada tiene de bondadoso. El psicólogo Nicolás Salcedo daba un dato que es clave: “ser una persona complaciente no es bondad, es supervivencia”. La complacencia es un mecanismo de supervivencia aprendido en nuestra infancia.

La infancia tipo de alguien complaciente

La gente criada por padres inmaduros suele mostrar algunos comportamientos en sus relaciones según la psicología, y uno de ellos es la complacencia. Como bien explica Salcedo, puedes que crecieras en un entorno en el que “uno de tus padres marcaba el bienestar emocional de los demás”. Si un día estaba enfadado, había tensión y estábais alerta para no enfadarlo más y si estaba tranquilo, estabas preocupado y pendiente de cualquier cambio que pudiera darte una pista. Aprendiste a anticipar cualquier gesto para evitar problemas

“Esto te entrenó a ser un experto en anticipar los estados emocionales de los demás”, explica. Te convertiste en una persona observadora “con el fin de poder modificar tu conducta dependiendo de cómo le iba a afectar al otro”, asegura. “Cualquier cosa podía indicar peligro pero tú ya estabas preparado y sabías perfectamente lo que tenías que hacer para contener su estado emocional”, afirma. Te hiciste complaciente por pura necesidad.

El problema es que al hacerlo aprendiste a mitigar el conflicto y huir de él, no a manejarlo. “Gracias a eso sobreviviste y pudiste salir de ahí”, analiza Salcedo. Lo que no sabías es que en el futuro, haberlo conseguido te generaría problemas en el futuro. El experto en inteligencia emocional asegura que “ahora esos patrones te han perseguido” y se repiten una y otra en tus relaciones. Ese hábito invisible te convierte en responsable del bienestar de los demás y lo pone por delante del tuyo propio sin darte ni cuenta.

Tienes miedo a decir que no porque piensas que si lo haces, estallará un conflicto. Te responsabilizas de las emociones de los demás olvidando las tuyas. Te impide ser quién realmente eres porque para sobrevivir, te ocultaste en máscaras para agradar a los demás. Todo eso te provoca baja autoestima, dificultad para poner límites, aceptación de la culpa de otros o una tendencia a basar tu valor en cómo te ven otros, algunas de las señales inequívocas de ser una persona complaciente.

La mejor forma de poner remedio es acudir a terapia para trabajar ese hábito adquirido con las herramientas de un profesional de la psicología, pero Salcedo sí da una pista de cómo empezar a cambiarlo. Aprender a expresar lo que realmente sientes, por ejemplo usando la escritura terapéutica para liberarte de la carga emocional que llevas cargando años. “Eso te va a permitir más adelante enfrentarte a la incomodidad de decir que no, de enfrentarte a la dificultad de poner límites”, explica. 

Cuando lo consigas, tendrás relaciones más saludables en las que serás responsable de tus sentimientos pero no de los del resto. “Parece muy cómodo para mantener la paz, pero pregúntate la paz de quién estás manteniendo porque, spoiler, no es la tuya”, sentencia Salcedo. Si sientes que esta situación te representa te digo algo esperanzador: se puede salir de la situación con más fortaleza y una mayor felicidad al final del camino.

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