Son muchas las voces que claman que el body-positive ha fracasado y que ha sido culpa de Ozempic. Que, a pesar de la dudosa inclusión en la moda, la gordofobia sigue muy presente. ¿Pero alguien ha preguntado a las gordas si lo que más necesitaban eran modelos plus-size? Porque hemos empezado la casa por el tejado, poniéndolas de moda sin cubrir sus derechos más básicos. Que sí, que un vestido en talla 52 está genial, pero mejor aún es atajar la discriminación laboral, de salud y social que sufren.
No restamos valor al intento. La visibilización y representación diversa tiene muchas ventajas a nivel de percepción corporal, autoestima y bienestar psicológico. Sin embargo, la gordofobia no se arregla con enseñar gordas en carteles publicitarios, ojalá fuera tan fácil. Es un problema estructural que afecta a su día a día en ámbitos tan esenciales como el empleo, subir a un avión o que un médico les tome en serio. ¿Qué vamos a exigir a las firmas de moda si las propias leyes no garantizan su bienestar?
El boom de la inclusión desde la moda
La última década ha presenciado el despertar de la industria de la moda en lo que a visibilidad de cuerpos no normativos se refiere. De pronto, las gordas aparecían en pasarelas, portadas y campañas publicitarias, véase Ashley Graham o Savage x Fenty como ejemplos. El discurso body-positive y la inclusión eran tendencia y todo parecía de color de rosa. Pero al final del día, era solo eso, una tendencia.
Lizzo lo dijo perfectamente: "ya no le importa a nadie, no se centra en el tipo de personas que lo crearon". Y tiene la boca llena de razón. De pronto (y para sorpresa de absolutamente nadie), esas acciones inclusivas se revelaron como tokenismo, para hacer check en la casilla adecuada y subirse al carro del body-positive sin ninguna política empresarial real. Todo muy visual y de cara a la galería, pero en la práctica no cambió nada.
Pensándolo a posteriori, ¿qué esperábamos? Un cambio no se consigue sin leyes que lo respalden. No ocurre con la inclusión de la mujer en el espacio de trabajo y tampoco va a ocurrir con las personas gordas. Sin una exigencia y obligación legal, las marcas de moda se bajaron del plan. Y es que mientras los cuerpos exhibidos no vengan acompañados de una defensa real ante la ley, los prejuicios seguirán existiendo.
Gordos sí, pero solo en moda: la discriminación estructural es ignorada
Que alguien pueda pensar, aunque sea por un instante, que para las personas gordas es más importante la inclusión en moda que erradicar la discriminación estructural, es de ser muy paternalista y superficial. Digo más, es de hablar desde el privilegio de tener un cuerpo normativo. La representación en desfiles y campañas está muy bien, pero no compensa las barreras reales que enfrentan diariamente en aspectos esenciales de su vida.
El transporte público es excluyente
En España, el transporte público y privado no está adaptado a personas con cuerpos grandes. No les cabe el culo en los asientos de autobuses, metro y trenes, por no hablar de los aviones o de las puertas de los coches. Los torniquetes de acceso son angostos y los accesos amplios se reservan a personas con discapacidad física o con carrito de bebé, dejando de lado las necesidades de las personas gordas.
Los datos son abrumadores. Un 33% de las personas que sufren obesidad en España afirman que esto afecta a su movilidad y un 28% ha experimentado dificultades al sentarse en asientos del transporte público. Esto no solo impacta en su movilidad y su exclusión social, también les supone una carga económica extra: tienen que adaptar su medio de transporte habitual y pagan por viajar un 5% más que la media de la población.
La sanidad también tiene prejuicios
A la sanidad también se le ve el plumerito con los gordos. Hay estudios que indican que los médicos a menudo atribuyen cualquier enfermedad o síntoma al peso del paciente, lo que da lugar a diagnósticos erróneos o tardíos, tras descartar su tamaño como factor principal de cualquier urgencia.
"Muchos profesionales de la salud asocian la obesidad con características negativas como la falta de cumplimiento y la pereza. Esta actitud puede influir negativamente en la calidad de la atención médica que reciben los pacientes con obesidad, haciéndolos sentir juzgados y desmotivados para buscar ayuda médica."
¿Imaginas ir al médico con una gripe y salir sintiéndote culpable por 'vaga'? No es distopía, es la realidad de muchas personas.
Los seguros médicos también discriminan por cuestión de obesidad, considerándolo un problema de salud preexistente y subiendo la póliza a las personas gordas. Eso está terminantemente prohibido por la ley, pero en la práctica es más común de lo que pensamos. Este cúmulo de circunstancias hace que muchos de ellos eviten acudir al médico para evitar sentirse juzgadas. Vuelve a leer la última frase, es para perder la fe en la humanidad.
Trabajar es aún más duro para los gordos
Trabajar es duro para todo el mundo, pero para los gordos lo es mucho más. En el ámbito laboral también hay discriminación y así lo reportan un 44% de las personas. Entre las mayores desigualdades destaca la discriminación en entrevistas, dificultades para acceder a puestos de trabajo y la falta de reconocimiento por sus logros.
Tabla de 'Situación sanitaria y social de las personas con obesidad en España' de Alianza por la Obesidad
Los sesgos preexistentes sobre productividad y desempeño hacen a las personas gordas carne de cañón. Hay una ley de igualdad que les debería proteger, pero la obesidad no siempre se reconoce dentro de esas condiciones de protección. Este vacío legal les deja vulnerables.
La educación no es inclusiva con las personas gordas
El entorno escolar es un caldo de cultivo de bullying para las personas gordas. Un 6,2% de los niños sufren acoso escolar y, de ellos, un 26,6% afirman hacerlo por culpa de su sobrepeso. En definitiva, el muy común y puede derivar en baja autoestima, TCAS y bajo rendimiento escolar.
Si esto te parece terrible, agárrate los machos que se viene información sensible. Y es que este menosprecio no nace solo desde otros alumnos y compañeros. Existen análisis de que el profesorado en España también tiene doble rasero a la hora de evaluar a personas con cuerpos no normativos, lo que también afecta a las oportunidades educativas. Pelos de punta.
"A menudo, se establecen expectativas más bajas en términos físicos, sociales y de habilidades académicas con respecto a los estudiantes con sobrepeso, lo que tiene un impacto perjudicial en la salud y el bienestar de estos jóvenes y contribuye a la creación de desigualdades educativas." - Alianza por la obesidad.
El problema de los centros educativos va más allá de compañeros y docentes (que ya es mucho). El mobiliario escolar, estrecho y poco adaptable, excluye a quienes no encajan en unas medidas estándar, además de tener efectos en la salud y el aprendizaje. Hay mucho trabajo por hacer para que la exclusión no comience en la propia infancia.
Los gordos no tienen sitio en los espacios públicos
El diseño urbano está planteado para cuerpos normativos de principio a fin. Los bancos de los parques son estrechos, con reposabrazos minúsculos y se convierten en una barrera física para los gordos. Peor aún cuando añaden divisores individuales que excluyen a los vagabundos. Y, de paso, a quienes no entran entre esos separadores. Existe una normativa del gobierno para garantizar la accesibilidad, pero ni se cumple ni tiene en cuenta a las personas gordas.
Tampoco se adaptan los gimnasios y polideportivos, con maquinarias pensadas para siluetas normativas que no contemplan cuerpos más grandes. Muchos lo dan por sentado y les parecerá una nimiedad, pero no lo es y termina desplazando a las personas gordas a sus espacios privados, alejándolos de la sociedad y estigmatizándolos.
La representación de los gordos en la cultura es caricaturesca
Los medios de comunicación tenemos una responsabilidad a la hora de dar espacio y visibilidad a otras realidades, para construir imaginarios colectivos felices e inclusivos y normalizar todo tipo de cuerpos. Con los gordos estamos fallando estrepitosamente y los hemos convertido en un chiste de mal gusto.
Basta con ver los papeles que históricamente se dan a los gordos en cine y televisión. Son el personaje gracioso, el villano incomprendido o el personaje que adelgaza y se vuelve espectacular. Y eso cuando les damos papeles, porque solo hubo un 4,56% de actrices con cuerpos disidentes en 2023 en España. Una narrativa que perpetua esa idea de que ser gordo no es algo deseable ni exitoso.
Cifras del Observatorio de la diversidad en los medios audiovisuales.
Afortunadamente, algo ha comenzado a cambiar y tenemos algunos ejemplos de series donde el personaje gordo tiene un papel complejo, con desarrollo emocional más allá de su propio peso. Pero todavía son opciones muy minoritarias, muy desconocidas y muy lejos de la cultura mainstream.
Los medios de información tampoco ayudan a aliviar la gordofobia. Los titulares que relacionan el peso con enfermedades y vagancia abundan, por no hablar los artículos sobre perder peso y tener 'tipín' o de las imágenes de gordos como clickbait de advertencia visual.
Vamos, que entre todos estamos reforzando un estigma social que se ha convertido ya en un agujero de conejo para los gordos. Imposible escapar, les afecta en todo. No nos engañemos, esto no se consigue con abracitos, buena fe y desear un futuro mejor muy fuertemente en tu cabeza. Se hace a golpe de leyes que exijan y obliguen a dicha inclusión. Eso mismo debe ocurrir ahora: menos fotos de H&M y más trasladar la conversación al plano institucional para garantizar sus derechos.
Fotos | @ceci_wallace, @magda_pineyro, @engrandepodcast, Alianza por la Obesidad, @vanezznezz, @marinallorca, Observatorio de la diversidad en los medios audiovisuales.
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