Ayer por la noche se celebró en París uno de los desfiles más espectaculares que haya visto nunca: el que formalizaba una de las colaboraciones más especiales de H&M con un diseñador de renombre, en este caso, Sonia Rykiel. El idilio entre la cadena sueca y la diseñadora más naïf del panorama francés no pudo estar mejor traducido que mediante un impresionante montaje que convertía el Grand Palais de París es una feria a medio camino entre Coney Island y Alicia en el País de las Maravillas.
No os podeís imaginar qué barbaridad. Yo cuando entré por la puerta no me lo podía creer: árboles hechos con globos de colores, peluches gigantes, sillas voladoras, caza da patos, manzanas caramelizadas y algodón de azúcar, tarotistas, un funambulista sirviendo café con la cabeza, y una Torre Eiffel gigante e iluminada. Entre un millón y medio más de cosas y dos mil invitados a cual más peculiares.
Estas son las sillas voladoras.
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