En el universo de los superyates, donde cada detalle está pensado para fardar, pocas cosas adquieren tanto valor simbólico como los materiales. Mármoles traídos de canteras exclusivas, cristales diseñados a medida y maderas exóticas procedentes de los rincones más remotos del planeta forman parte habitual del catálogo de caprichos de los multimillonarios que surcan los mares cada verano.
Por eso resulta tan llamativa una de las decisiones menos conocidas de Steve Jobs. Cuando diseñó el Venus, el espectacular yate que nunca llegaría a ver terminado, el fundador de Apple rechazó utilizar una de las maderas más prestigiosas de la industria náutica y apostó por una alternativa mucho más cercana: madera de chopo procedente de León.
El material favorito de los yates más exclusivos
Durante décadas, la teca se ha considerado el estándar de oro de la navegación de lujo. Su resistencia a la humedad, a la sal y a las inclemencias del mar la convirtió en la opción preferida para las cubiertas de embarcaciones de alta gama.
Sin embargo, detrás de su elegante apariencia se esconde una realidad mucho menos glamurosa. La enorme demanda internacional ha contribuido durante años a la deforestación de los bosques tropicales de países como Myanmar, Laos, India o Tailandia. De hecho, la explotación intensiva de esta madera ha provocado restricciones y prohibiciones en numerosos mercados debido a las preocupaciones medioambientales asociadas a su extracción.
Aun así, la teca continúa utilizándose en algunos de los yates más espectaculares del mundo. Incluso el astillero responsable del Koru, el megayate de Jeff Bezos, fue sancionado por utilizar teca procedente de Myanmar, un país cuya industria forestal lleva años bajo el escrutinio internacional. En este contexto es donde se produce la inesperada conexión entre Apple y los bosques leoneses.
Fiel a esa obsesión legendaria por controlar cada aspecto de sus productos, el empresario supervisó personalmente el diseño del Venus junto al diseñador francés Philippe Starck. Y cuando llegó el momento de seleccionar los materiales, descartó la teca y se inclinó por una opción mucho menos común.
La elegida fue la madera de chopo cultivada en León, una variedad de álamo especialmente valorada por su combinación de resistencia, ligereza y sostenibilidad. De este modo, tanto las cubiertas como parte de los elementos estructurales del yate incorporaron esta madera española.
La elección resulta sorprendente porque va en contra de la lógica habitual del lujo contemporáneo, donde la exclusividad suele medirse en kilómetros recorridos y rareza de origen. Jobs, sin embargo, encontró en una especie cultivada en el noroeste español las cualidades técnicas que buscaba para uno de los proyectos más ambiciosos de su vida.
El último gran diseño de Steve Jobs
El Venus ocupa un lugar singular dentro de la biografía del fundador de Apple. Fue uno de los últimos proyectos en los que trabajó personalmente antes de su muerte en 2011.
La embarcación, entregada un año después, refleja muchos de los principios estéticos que definieron su marca tecnológica: líneas limpias, minimalismo extremo y una aparente simplicidad que esconde una enorme complejidad técnica.
Valorado en torno a los 120 millones de dólares, el yate alcanza los 78 metros de eslora y destaca por una silueta afilada que parece más cercana a un dispositivo futurista que a una embarcación tradicional. En el puente de mando se instalaron siete iMac de 27 pulgadas, mientras que amplias superficies de vidrio conectan el interior con el mar.
El resultado es una embarcación de lujo radicalmente distinta a la ostentación clásica en la que invierten otras grandes fortunas. Apostar por los bosques de León fue una decisión discreta que resulta invisible para quienes observan el yate desde el muelle, pero que dice mucho sobre la forma en la que Jobs entendía el diseño. O lo que es lo mismo; la mejor elección no siempre es la más exótica.
Foto de portada | Feadship
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