Chequilla es uno de esos lugares que podrían salir en una lista de "lugares que no parecen de España", solo que aquí el parecido razonable sería con algún lugar de fantasía. Las casas blancas aparecen desperdigadas entre enormes formaciones de arenisca roja en este municipio de Guadalajara de apenas 13 habitantes. Se encuentra dentro del Parque Natural del Alto Tajo y, por su tamaño, podría pensarse que es un lugar que se visita en diez minutos, pero alrededor de sus pocas calles se extiende un pequeño laberinto de rocas moldeadas durante siglos por el agua y el viento. Es un auténtico museo de piedra al aire libre.
Qué ver en Chequilla
La gran rareza del pueblo es su plaza de toros natural. No hay tendidos, ladrillos ni una fachada monumental sino que varias formaciones de arenisca rojiza sirven como graderío natural alrededor del ruedo, integrado en un pequeño prado. Aunque hay que ponerle un poco de imaginación, cuesta encontrar en el mundo otra plaza con un diseño más exclusivo. Gaudí habría tomado notas.
Forma parte de Las Quebradas, el conjunto de formaciones rocosas que rodea Chequilla y que se ha ganado el nombre de Pequeña Ciudad Encantada. La explicación está en sus pasadizos, cavidades y rocas que la erosión ha convertido en una especie de ciudad de piedra con sus torreones, esculturas y edificios naturales. Entre ellos también se abren miradores desde los que contemplar las casas blancas del pueblo. Es una alternativa mucho menos conocida y concurrida a otros paisajes del estilo. Eso sí, todos tiene en común conseguir que uno termine viendo animales, caras y castillos donde, en realidad, solo hay roca, agua, viento y mucha imaginación.
Ya dentro del casco urbano merece la pena acercarse a la iglesia de San Juan Bautista, construida en el siglo XVIII y que guarda un pequeño retablo barroco en el interior. También llama la atención el encalado de las viviendas, que contrasta con el tono rojizo de las formaciones de arenisca, y que da al pueblo un aspecto todavía más pintoresco.
Dónde comer rico y barato en Chequilla
Con solo 13 habitantes, esperar una avenida llena de restaurantes sería pedir demasiado. De hecho, para comer sentado a la mesa hay que desplazarse hasta Checa, a pocos kilómetros y donde sí encontramos varias opciones de restauración. Una es Bar El Casino, donde sirven comida tradicional de la zona y una buena elección si se busca comer sin gastar demasiado tiempo ni dinero.
Otra opción es Bar El Puente, una alternativa para pedir raciones o platos de cocina española. Aunque también está Casa Evelia, situado dentro del alojamiento La Gerencia (por si también queremos pasar la noche).
Turismo Alto Tajo
Qué hacer en los alrededores de Chequilla
La excursión puede continuar en Checa, que es uno de los pueblos con más servicios de esta parte del Alto Tajo. Además de pasear junto al río Genitoris, en las afueras se encuentra La Aguaspeña, una formación de toba creada por el agua que va depositando carbonato cálcico sobre musgos y plantas. El resultado parece una cascada que se ha convertido poco a poco en piedra.
Chequilla también se encuentra dentro del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo, integrado en la Red Mundial de Geoparques de la Unesco. Desde el pueblo parten caminos que permiten adentrarse en sus pinares y descubrir sus formaciones geológicas. Además, por allí pasa el GR-160 o Camino del Cid, cuya etapa entre Chequilla y el Alto de Orea recorre unos 17 kilómetros y en alrededor de seis horas a pie.
Algo más lejos espera el resto del Parque Natural del Alto Tajo, con sus hoces, barrancos, miradores y ríos de agua transparente. Sin embargo, no hace falta organizar una ruta de veinte kilómetros para justificar el viaje. En Chequilla basta con caminar entre las rocas y entrar en una plaza de toros que nadie tuvo que construir. Para un pueblo de 13 habitantes, no está nada mal.
Foto de portada | Víctor Sánchez Alcázar
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