Llegar a O Porto de Espasante es adentrarse en un rincón de la costa norte de A Coruña en el que el tiempo se mide en mareas, aperitivos al sol y paseos junto al Atlántico sin ningún objetivo concreto más que el de disfrutar del paisaje.
Muchos viajeros llega atraídos por los famosos acantilados de Loiba o por el magnetismo salvaje de las Rías Altas, pero basta pasar unas horas en este pequeño puerto marinero de Ortigueira para no querer irse. Desayunar viendo entrar los barcos, caminar entre sis casas bajas orientadas al mar y descubrir playas que parecen cambiar según la luz del día es un regalo de la vida.
Luis Alfaro
Qué ver en O Porto de Espasante
Sobre todo, destaca por los tres hermosos arenales que configuran su principal atractivo costero. La playa de La Concha es la más grande y famosa, caracterizada por su forma de concha y por su cercanía al núcleo urbano. La playa de Orbeiro (también conocida como de Santa Cristina o "de los Enamorados") es un rincón pequeño y tranquilo, resguardado por el puerto. Por último, la playa de San Antonio (San Antón) es más abierta y salvaje, se encuentra junto a su famosa capilla y destaca por su excelente calidad y belleza del paisaje,
La vida en Espasante gira alrededor del mar y, sobre todo, del puerto, donde están las pequeñas embarcaciones pesqueras y se producen las conversaciones entre vecinos. Pasear por la rúa Miramar, viendo las fachadas de las casas orientadas hacia el Atlántico, es uno de esos planes aparentemente insignificantes que terminan convirtiéndose en el mejor recuerdo del viaje.
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Aunque es pequeño, el pueblo guarda varios rincones con historia. La iglesia de San Xoán de Espasante pasa casi desapercibida vista desde fuera, pero en su interior conserva un retablo especialmente apreciado por los vecinos. Mucho más sorprendente resulta el Castro de Punta dos Prados, un antiguo asentamiento celta situado sobre la costa al que se llega caminando desde la playa de Santa Cristina. Apenas quedan restos arqueológicos visibles, pero las vistas compensan ya que, desde allí, la ensenada parece desplegarse entera bajo los pies.
Siguiendo el sendero costero aparece uno de los lugares más especiales del pueblo: la Garita da Vela, una antigua construcción defensiva del siglo XVIII utilizada para vigilar posibles ataques marítimos. El edificio es sencillo y un poco austero, pero el entorno es de película con el viento meciendo la hierba, el océano abriéndose hacia el horizonte y las dos playas a ambos lados que convierten este paseo en uno de esos planes imprescindibles de la escapada.
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Y luego está Antón. O, mejor dicho, el porco Antón. El cerdo más famoso de Galicia tiene aquí el que probablemente sea su monumento más inesperado. Rinde homenaje a una tradición que comenzó hace siglos, cuando los vecinos criaban colectivamente un cerdo para recaudar fondos para la capilla local. Todavía hoy sigue siendo uno de los símbolos más queridos del pueblo.
Dónde comer rico y barato en O Porto de Espasante
En Galicia comer bien rara vez no es sinónimo. En Espasante, la experiencia gastronómica se centra más en el producto que en las tendencias, lo que significa pescados frescos, raciones generosas y largas sobremesas mirando al puerto.
Uno de los clásicos de la zona es el Restaurante Planeta, conocido por su cocina marinera tradicional y por servir marisco y pescado fresco. También merece la pena sentarse en Os Vellos, muy popular entre quienes veranean en la zona por sus raciones abundantes y ambiente informal cerca del mar.
Por su lado, Bodegón 82 es una opción especialmente buena al caer la tarde, cuando apetece compartir unas tapas, marisco y vino blanco después de volver de la playa.
Qué hacer en los alrededores de O Porto de Espasante
Una de las grandes ventajas de escaparse a Espasante es que el lugar puede funcionar como punto de partida para explorar algunos de los paisajes más espectaculares del norte gallego. Hacia el oeste, la carretera serpentea entre miradores y acantilados hasta llegar a la villa de Ortigueira y la impresionante ría que lleva su nombre. Más allá esperan lugares como Cabo Ortegal, donde el Atlántico golpea con fuerza una costa abrupta y casi indómita.
En dirección contraria esperan los acantilados de Loiba, probablemente uno de los paisajes más fotografiados de Galicia gracias al famoso banco más bonito del mundo. Pero incluso dejando a un lado la foto viral, el recorrido merece muchísimo la pena por sus senderos verdes suspendidos sobre el mae y la sensación de estar el borde del abismo tan característica de esta parte del litoral gallego.
También es recomendable continuar hasta Estaca de Bares, el punto más septentrional de la península ibérica. El trayecto entre Espasante y Estaca de Bares tiene algo hipnótico cuando se hace sin prisas, tomándose el tiempo de detenerse en las pequeñas playas, faros y miradores que van apareciendo y donde apenas se escucha otra cosa que el océano.
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