Peter Gray, psicólogo: "Las personas nacidas entre 1960 y 1970 son la última generación que experimentó una infancia feliz de verdad"

El juego sin pantallas y la necesidad de ayudar en casa marcaron la forma de ser de los nacidos en esa década

Psicología
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Nacho Viñau

Editor

Casi todo el mundo, cuando piensa en su infancia, recupera una versión editada y casi idílica de aquellos años. Dentro de esa versión bucólica de la niñez, las tardes en la calle se alargan, los veranos duran meses y hasta las broncas de los padres quedan reducidas a una anécdota sin importancia. Esto no es casualidad, ya que la memoria tiende a suavizar lo incómodo y a conservar lo que nos reconcilia con nuestra propia historia. 

Al final, son retazos de momentos felices que conservamos de aquellos años en los que vivíamos con nuestros padres, no había preocupaciones y las vacaciones eran eternas. Pero esa nostalgia selectiva no significa que todas las infancias fueran iguales, ni que la felicidad de entonces dependiera solo de cómo la recordamos ahora. Hay una diferencia real, medible, entre crecer en un contexto y crecer en otro, y hay expertos que llevan décadas estudiándola desde la psicología del desarrollo.

Lo que dice la investigación de Peter Gray

El psicólogo Peter Gray, profesor en el Boston College, lleva más de treinta años investigando el papel del juego libre en el desarrollo infantil. En su estudio The Decline of Play and the Rise of Psychopathology in Children and Adolescents, publicado en la revista American Journal of Play, documenta cómo el juego sin supervisión adulta ha caído en picado en los últimos cincuenta años en Estados Unidos y otros países desarrollados, y cómo esa caída coincide con un aumento sostenido de la ansiedad, la depresión y los sentimientos de indefensión entre niños y adolescentes.

Niños 1960

Gray sitúa precisamente en la generación nacida entre 1960 y 1970 el último grupo que disfrutó, de forma generalizada, de ese tipo de infancia con horas de calle, sin horarios cerrados y con margen para resolver sus propios conflictos. Él mismo creció en esa época, y en una entrevista con la radio pública KUOW llegó a decir que "los niños de hoy son menos libres de lo que lo han sido nunca en la historia de la humanidad", con la única excepción de los periodos de esclavitud infantil o trabajo forzado.

Una infancia sin pantallas y con mucha más libertad

Quienes nacieron en esa década crecieron sin móviles, sin redes sociales y sin nada parecido a un entretenimiento permanente al alcance de la mano. Salían de casa después de comer y no volvían hasta que oscurecía, y en el medio quedaban horas de juego que nadie organizaba ni supervisaba. 

Para Gray, ese tiempo sin adultos de por medio no era tiempo perdido. Según su investigación, es en esos momentos cuando los niños aprenden a tomar decisiones propias, a gestionar la frustración cuando algo no sale como esperaban y a construir una confianza en sí mismos que después les acompaña toda la vida.

Pequeñas responsabilidades, mucho carácter

En ese contexto también pesaban las tareas domésticas. Frente al momento actual, donde niños y niñas apenas tienen responsabilidad, los que nacieron en el siglo XX, y en particular, en la década que este psicólogo ha estudio, cuidar de un hermano pequeño, hacer un recado o ayudar en casa era una constante. Estas tareas ayudaban a fomentar la responsabilidad y a descubrir que la vida no era solamente jugar. Además, dejaba en los niños de entonces la sensación de que las propias decisiones tenían consecuencias reales sobre el entorno.

En psicología esto tiene nombre, el locus de control interno, y hace referencia a la creencia de que uno mismo puede influir en lo que le pasa, en lugar de sentirse a merced de las circunstancias. Las personas con un locus de control interno más desarrollado suelen mostrar mayor capacidad para afrontar dificultades a lo largo de la vida.

Resolver los conflictos cara a cara, sin posibilidad de escape

El investigador también explica que las discusiones en el colegio, o los problemas que surgían, debía resolverlos en muchas ocasiones el propio niño. Esa obligación de dar la cara, aunque incómoda en el momento, es la que según Gray entrena herramientas para gestionar las emociones propias y entender las ajenas, algo que hoy, con los conflictos filtrados a través de mensajes y redes, resulta bastante más fácil de esquivar.

La generación que aprendió a resistir

Nada de esto significa que quienes nacieron entre 1960 y 1970 tuvieran una infancia libre de problemas. Hubo carencias, hubo situaciones familiares difíciles y hubo, como en cualquier época, infancias rotas. Gray no habla de un paraíso perdido, sino de un entorno que, con sus luces y sus sombras, ofrecía algo que hoy escasea: margen para equivocarse sin que nadie estuviera mirando.

Jugar sin vigilancia, aburrirse sin estímulos, asumir pequeñas responsabilidades y resolver los propios líos fueron, según esta lectura, los ingredientes de una generación que aprendió a sostenerse sola antes de que nadie se lo enseñara.

Fotografías | Youtube, Annie Spratt en Unsplash, Community Archives of Belleville and Hastings County en Unsplash

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