Tengo lo que yo llamo unas pestañas visera: rectas, duras y cortas. No hay quién las dome. Mi esteticista dice, medio en broma medio en serio, que son las pestañas que más guerra le dan. Y una máscara de pestañas, hasta hace poco, era incapaz de hacer nada con ellas. Este detalle heredado de mi madre (por suerte mi sobrina ha roto el círculo con unas pestañas preciosas y larguísimas) me ha hecho gastar cientos de euros durante mucho tiempo en moldeadores de pestañas, tintes, extensiones y en los últimos años en lifting de pestañas.
Historia de unas pestañas indomables
Mis pestañas al natural, mis pestañas con lifting de pestañas
Mucho antes de que existiera el lifting de pestañas, estaba el moldeador. Un tratamiento tan agresivo que incluso acabaron quemándomelas una vez. Recuerdo pasar lo que parecían horas interminables con picor, aguantando con la dignidad que podía y los ojos llorosos por el líquido que inevitablemente me entraba por mucho que cerrar el párpado. Odiaba ese momento pero conseguía levantar mi mirada como ninguna máscara de pestañas era capaz.
Después, apareció el lifting, un tratamiento incómodo, pero algo más llevadero así que empecé a hacérmelo con regularidad.Cada seis meses acudía a mi salón de belleza de confianza a intentar domar esas fieras que tienen más determinación que un opositor a notario, pero el resultado -aunque aceptable- no era nada del otro mundo. Notaba una pequeña abertura en la mirada y algo más de intensidad (probablemente porque al lifting le acompañaba un tinte negro). En la foto se puede apreciar, la primera es sin el tratamiento y sin maquillaje, la segunda con el lifting casi recién hecho y con máscara de pestañas, porque en bodas, bautizos y comuniones recurro a toda la artillería que tengo a mano aun así.
Con lifting, sin nada y con la máscara de pestañas
Aunque mis expectativas son siempre muy bajas en todo lo referente a mis pestañas, lo cierto es que empezaba a pensar que estaba tirando el dinero y este 2026 me salté el de antes de Navidad (uno de los dos que me hago al año). Pero en junio tenía un acontecimiento importante, se casaba mi cuñada y aunque estaba algo desanimada con los efectos del tratamiento, reservé la cita por pura innercia.
Como ya he comentado antes, en días especiales necesito ayuda extra de una buena máscara y caí en la cuenta de que necesitaba una waterproof para el día B (porque llorar, estaba claro que iba a llorar como una magdalena). Me puse a investigar por redes y encontré muy buenas opiniones de la Idôle de Lancôme, estaba en oferta en Druni así que me decidí a probarla.
Lash Idôle Mascara Waterproof Lancome
Cuando terminé de maquillar el segundo ojo tuve que acercarme al espejo porque no me creía que aquellas fueran mis pestañas, así que empecé a pensar que realmente no me merecía la pena someterlas de nuevo al lifting. No es magia, pero se nota y por más que he mirado fotos antiguas no encuentro una diferencia abismal. Por suerte, el pedido llegó antes de mi cita con el centro de belleza y pude anularla. Llegó el día de la boda y además de utilizar el rizador antes de aplicarla, utilicé un truquito que encontré en Pinterest: rellenar con lápiz negro la línea de agua superior para intensificar la mirada. El resultado fue una mirada más marcada y además, pude llorar, reír y llorar otra vez sin que sufrieran el más mínimo cambio, mis pestañas aguantaron hasta el final.
El veredicto al que llego es que por mucho que me gaste el dinero mis pestañas son lo que son: complicadas, pero al menos puedo conseguir (casi) el mismo efecto que en el centro de belleza sin gastar una media de 100 euros al año, solo los 18,95 euros que cuesta esta máscara que ha sido la primera que realmente ha estado a la altura (o más bien, que ha superado) las expectativas que había puesto en ella. Eso sí, los milagros a Fátima.
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Fotos | @maria_barba
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