Estoy atravesando uno de los momentos más complicados de mi vida y si sobrevivo cada día no es por resiliencia o fuerza de voluntad. Es por el sostén que supone mi entorno. Mi familia y amigas están dando luz a un momento lleno de oscuridad, y eso es algo de lo que hablaba el filósofo indio Rabindranath Tagore. Aunque Tagore, nacido en Calcuta en el año 1861, es muy probablemente el escritor más influyente de la India y fue premiado con el Nobel de Literatura en 1913, no son sus obras por lo que nos interesa hoy, sino su frase “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.
Aunque no aparece en sus obras más conocidas como ‘Gitanjali’, esa cita es la paráfrasis perfecta de lo que el polímata Tagore pensaba de la amistad. Una concepción ética y casi espiritual que conecta perfectamente con lo que hoy sabemos que es la amistad profunda. Una que va más allá de un brindis en un cumpleaños y que nos acompaña en los momentos más oscuros de nuestra vida.
La amistad como faro para los malos momentos
Y es que es ahí, cuando verdaderamente lo pasamos mal y estamos en un mal momento, cuando la amistad florece con más fuerza. Cuando pasamos por una ruptura amorosa, cuando vivimos un duelo, cuando transitamos una crisis y cuando todo a nuestro alrededor es oscuro y terrorífico, la verdadera amistad se enciende como un faro para acompañarnos. “La profundidad de la amistad no depende del tiempo que las personas se conozcan”, aseguraba en ‘Pájaros perdidos' el poeta. La verdadera conexión no se mide por los años de relación sino por calidad emocional, comprensión y confianza que reluce más en los malos momentos.
No son solo palabras. Según un estudio clásico de psicología social, existe algo llamado la “hipótesis amortiguadora” que sostiene que el apoyo social amortigua el estrés. Es decir, brilla cuando todo se oscurece, como dice la metáfora de Tagore. Si hacemos caso a uno de los estudios longitudinales más importantes sobre felicidad, el Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard que ahora dirige Robert Waldinger, son las relaciones cercanas aquellas que nos hacen realmente felices y, en parte, es por la capacidad que tienen de sostenernos en los momentos más difíciles.
Tiene sentido si hacemos caso a la Teoría del apego de John Bowlby que asegura que las buenas relaciones funcionan como un espacio seguro, un refugio en los momentos en que nos sentimos amenazados o transitamos por emociones negativas. Eso no significa que tengamos que acudir a la amistad sólo cuando nos sentimos mal, sino que si cuidamos nuestros vínculos correctamente, la amistad creada a lo largo del tiempo nos servirá como una red. No nos impide caer, pero nos ayuda a levantarnos. Nos acompaña. Nos sostiene. Nos apoya. Y con su amor nos ayuda a salir de ese pozo en el que nos encontramos.
Los expertos aseguran que la amistad disminuye la respuesta fisiológica al estrés, mejora la regulación emocional y aumenta la capacidad de recuperación porque las redes sociales cercanas son uno de los factores determinantes de nuestra resiliencia psicológica. La aumenta. Pensamos que la resiliencia surge como una cualidad extraordinaria pero lo hace especialmente de las relaciones de apoyo que tenemos con otras personas y rara vez es completamente individual. Es más, según los estudios los principales factores que predicen resiliencia son el apoyo social, las relaciones significativas, el sentido de pertenencia y los vínculos de confianza. Son como un colchón afectivo. Como una red bajo nuestros pies y de nuevo, como bien afirmaba Tagore, la amistad se convierte en una luz que aparece en nuestra oscuridad emocional.
Decía el poeta en su libro ‘El jardinero' que “el amor no es un simple impulso; debe contener verdad, que es su ley”. No es una emoción pasajera sino un vínculo profundo y ese, debe cuidarse. Debemos pasar tiempo con la otra persona más allá de en sus malos momentos o en los nuestros, porque en esa verdad es donde aparecen los amigos inútiles de los que habla Arthur C. Brooks que son los que verdaderamente merecen la pena. Aquellos que son auténticos y nos sostienen, especialmente en nuestros peores momentos. Y qué suerte es tenerlos porque cuando están, sabes que te ayudarán a levantarte pase lo que pase.
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Fotos | Wikimedia Commons, Joseph Pearson en Unsplash
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