María Zambrano nació en 1904 y fue la primera mujer en recibir el Premio Cervantes tras un largo exilio tras la Guerra Civil española. Durante su vida desarrolló una filosofía muy personal que integraba razón, poesía, mística y experiencia vital. Y por eso sus pensamientos siguen vivos a día de hoy. Uno de los más interesantes podríamos resumirlo con una paráfrasis: “la tristeza aparece cuando el alma se siente apartada de su verdad más íntima y no encuentra todavía palabras para nombrarla”.
Zambrano criticó la tradición racionalista que inició René Descartes en el siglo XVII, que establece la razón humana como la fuente primaria del conocimiento verdadero, dejando fuera todas las experiencias sensoriales. Separaban razón y vida y la filósofa propuso la “razón poética”, una forma de conocimiento que no reduce la experiencia humana a conceptos abstractos. y que reconoce la dimensión emocional y simbólica del ser humano. En su libro ‘Claros del bosque’, por ejemplo, desarrolla la idea de que el pensamiento no siempre nace del concepto, sino del “claro” que se abre en la conciencia cuando algo profundo quiere revelarse. De hecho escribía que “hay que permanecer en el bosque, en la oscuridad, hasta que se abra el claro”, porque la verdad aún no ha sido revelada.
La idea de que la tristeza surge cuando el ser humano está “apartado de su verdad” conecta con varias corrientes como el existencialismo -Martin Heidegger o Jean-Paul Sartre decían que la angustia aparece cuando el ser es consciente de su propia existencia, libertad y finitud-, o de la fenomenología de Edmund Husserl. Incluso tiene cierta relación con el misticismo de San Juan de la Cruz y su "noche oscura del alma". Zambrano nos habla de la verdad como algo que no se conquista racionalmente, sino que se revela después de atravesar oscuridad: “La verdad no es algo que se busque; es algo que se padece hasta que un día se hace clara”, escribía en su libro. Como si estuviéramos en un bosque oscuro sin parar de caminar hasta finalmente llegar a un claro de luz.
Lo curioso es que esta reflexión de Zambrano encaja con la psicología actual como un guante. La filósofa afirma que la tristeza aparece cuando el alma se siente apartada de su verdad más íntima, algo que la psicología humanista de Carl Rogers defiende. El psicólogo explicaba que el malestar surge cuando hay incongruencia entre quien realmente somos (el "yo real" o autoconcepto) y quien nos gustaría ser (el "yo ideal"). Como defiende Zambrano, la tristeza sería un síntoma de esa desconexión interna entre ambas partes.
Hoy sabemos que poner palabras a las emociones reduce su intensidad y que el etiquetado emocional se asocia a una menor activación de la amígdala y menos angustia. La idea de Zambrano de que la tristeza aparece cuando “no encuentra todavía palabras para nombrarla” es casi una formulación anticipada de esta perspectiva, porque el lenguaje es capaz de organizar la experiencia y nos permite integrarla y ayudarnos a procesar las emociones que surgen de ella.
El conocimiento profundo no se conquista según la filósofa. “No hay que buscarlo. No hay que buscar”, aseguraba en su libro. Porque para ella la verdad no es una conquista de la inteligencia sino algo que se deja manifestar, como la luz que no se impone sino que se despliega suavemente. Es decir, la verdad no es algo que conseguimos sino algo que se abre desde dentro. Ahora solo nos queda encontrar ese claro para hallarla.
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Fotos | Fundación María Zambrano, Patrick Fore en Unsplash, Kinga Howard en Unsplash
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