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La nueva generosidad o cómo hacer regalos cuando lo tenemos todo
Psicología

La nueva generosidad o cómo hacer regalos cuando lo tenemos todo

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Las lectoras fieles de Trendencias probablemente ya saben quién es Marie Kondo. Hemos escrito sobre ella y su libro “La magia del orden” en varias ocasiones. Para las que no lo saben todavía, se trata de una experta en organización del hogar. Sí, eso existe, en países donde el tiempo es mucho más escaso que el dinero, como Estados Unidos o Japón, el país de origen de Kondo.

El principio básico de su método y el que lo diferencia de otras escuelas de organización del hogar no es tirar las cosas que no usas, sino seleccionar y guardar únicamente las que te dan alegría. Una vez que en tu casa sólo quedan cosas así, les puedes buscar un sitio apropiado. Teniendo en cuenta nuestros hábitos de compra, si lo aplicamos fielmente, es muy probable que nuestro piso de 70m2 resulte incluso espacioso.

orden

Uno de los aspectos más difíciles a la hora de aplicar este método es la eterna duda: ¿qué hacer con los regalos? El cuadro en tonos rosa regalado por tu hermana con las mejores intenciones, las figuras de porcelana de Lladró de tu tía abuela, y sí, los ejercicios de joyería de tu mejor amiga. Sabéis de lo que hablo, ¿verdad? Es siempre difícil deshacerte de algo regalado por una persona querida, por respeto y por miedo a herir sus sentimientos.

La parte del libro de Marie Kondo que trata justamente este tema es quizás también la más liberadora. Según ella, “El verdadero propósito de un regalo es ser recibido. Los presentes no son “cosas” sino medios para transmitir los sentimientos de alguien. Cuando se les considera desde esta perspectiva, no debes sentirte culpable de tirar un regalo. Sólo agradécele la alegría que te dio cuando lo recibiste. Claro que sería ideal usarlo con alegría. Pero, seguramente, la persona que te lo dio no quiere que te sientas obligado a usarlo, ni a tenerlo guardado sin usarlo sólo para sentirte culpable cada vez que lo veas. Cuando lo desechas, también lo haces por cariño a quien te lo dio.”

Sinceramente, dudo que mi tía abuela lo vea así. Sin embargo, este párrafo me hizo replantearme mi propia manera de hacer regalos y he hecho todo una lista con los errores que hacemos a la hora de regalar:

  • No nos fijamos en los gustos y los intereses de la persona para la que compramos el regalo. (Para el cumpleaños de una niña que mandó una invitación con la imagen de Sirenita yo compré un regalo de Frozen. Era lo que más había en la tienda. Todavía me muero de vergüenza. Y eso que Sirenita me gusta mucho más.)
  • No dedicamos tiempo a pensar en un regalo y compramos cualquier cosa cara o muy cara para compensarlo. (Una vez regalé un piano.)
  • Regalamos algo que nos hace ilusión comprar en lugar de algo que le pueda hacer ilusión a la otra persona. (Dos personas de mi familia tienen pulseras con abalorios coleccionables porque a mi me gustan mucho.)
  • Utilizamos la tradición de regalar para dar salida a lo que hacemos por afición. (Muchas mujeres de mi familia han recibido bufandas y chales de punto como regalo. Desde aquí me gustaría decirles que lo siento y que no volverá a pasar.)
  • Nos tomamos lo que debería ser una muestra de amor y apreciación como una obligación tediosa. (¿Quién piensa en el amor durante un maratón por los centros comerciales un 24 de diciembre?)

He decidido que a partir de ahora intentaré regalar de otra manera. Para empezar, daré siempre por supuesto que la persona que recibirá mi regalo no lo conservará. Por eso intentaré hacer todo lo especial que pueda el acto de regalar: elegiré algo que sea evocador, que cree un estado emocional; cuidaré el embalaje tanto como lo hacen los japoneses, para que desenvolverlo sea todo una experiencia; pensaré en las palabras que diré en el momento de regalar. Quiero que sea un acto de amor y apreciación, no un absurdo juego consumista.

Flores

Me diréis que esto es muy difícil. Lo es. Pero me gustaría contaros la historia del mejor regalo que he recibido en mi vida y veréis que es posible.

Una vez, hace muchos años, me robaron el bolso. Dentro había bastante dinero, pero lo que más me entristeció fue perder una cinta con The Tower of Songs, un álbum homenaje a Leonard Cohen, mi favorito en aquella época. Era antiguo, comprado en el extranjero, imposible de encontrar.

Muchos meses después, en Navidades, uno de los regalos que recibí de mi novio fue un sobre con una nota: “Tu regalo no ha llegado todavía, está en camino. He encontrado tu álbum de Leonard Cohen en una web de artículos descatalogados.”

La cinta nunca llegó. Al final tampoco la tenían en esa web. No guardo la nota. Pero no olvidaré nunca este regalo que ni siquiera he recibido.

Regalo

¿O sí lo he recibido?.. Porque más valioso que la cinta en sí fue saber que una persona prestaba atención cuando yo hablaba de lo que me pasó; que decidió hacer algo al respecto; que estuvo meses revolviendo internet buscando ese álbum.

No se me ocurre mejor muestra de amor y generosidad.

Foto | Unspalsh, Pixabay

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