Las deudas no siempre son tan malas como lo pintan, y la forma en que los ricos las entienden explica muchas cosas

Endeudarse puede ser un error o una estrategia, todo depende de para qué se use

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Joel Calata

Editor

Mucha gente todavía piensa que la palabra “deuda” suena a problema gordo, a agobio mensual y a tarjeta de crédito apuradísima, pero no siempre es así. Para muchos millonarios y personas con educación financiera avanzada, endeudarse no es sinónimo de caer en una trampa: es una herramienta estratégica para generar dinero con el tiempo. 

Esa forma de entender la deuda explica por qué hay gente que no solo mantiene su riqueza, sino que la multiplica mientras otros luchan por no ahogarse en intereses por compras de consumo que pierden valor casi al instante.

El truco está en dónde y para qué se pide dinero prestado. Muchos millonarios no rehúyen los préstamos, pero los usan para comprar cosas como bienes raíces que generan ingresos por alquiler o suben de precio con los años, o bien para invertir en negocios que arrojan beneficios recurrentes. 

En lugar de coger un crédito para pagarse un coche nuevo o unas rebajas de temporada (artículos que se deprecian en cuanto salen del concesionario o de la tienda) utilizan el dinero prestado para adquirir activos que ponen dinero en el bolsillo o que valen más mañana que hoy.

Esa diferencia entre comprar algo que se devalúa y algo que se aprecia es una de las claves de su éxito financiero.

Además, la perspectiva también cambia cuando se mira la deuda como una forma de apalancamiento: pedir prestado permite a una persona con recursos limitados controlar una inversión más grande de lo que podría con su propio dinero. 

Por ejemplo, pedir una hipoteca para adquirir una propiedad que luego se alquila puede generar un flujo de caja que cubre los pagos del préstamo y deja algo extra, mientras que el inmueble sigue ganando valor con el tiempo. Esa estrategia no solo evita tener que vender activos en momentos inoportunos, sino que mantiene la máquina de la riqueza funcionando sin necesidad de tocar el capital inicial.

La diferencia mental entre gastar en lo que se consume y endeudarse para lo que crea valor es lo que muchos ricos repiten una y otra vez, y lo que les permite seguir creciendo económicamente incluso cuando el resto piensa en la deuda como un monstruo.

Entender que no toda deuda es mala y que, cuando se usa con cabeza, puede ser un motor para adquirir activos sólidos, es una de las lecciones que separa a quienes simplemente sobreviven económicamente de quienes construyen libertad financiera a largo plazo.

Foto de Jakub Żerdzicki en Unsplash

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