A ratos pienso que en el siglo XIX solo podría haber sido feliz lobotomizada, pero el cine y la moda se han esforzado en hacerme dudar de ello. En pleno apogeo del regencycore y el romanticismo exacerbado, las tendencias que celebran los lazos y volantes no vienen solas, lo hacen de la mano de los símbolos de fragilidad y dependencia de la época, conceptos misóginos que se nos clavaron a las mujeres como una daga. Ahora todo es cute y soñamos con toparnos con nuestro propio Mr. Darcy moderno, como si la vida fuese 'Orgullo y Prejuicio', pero ¿qué hay detrás del retorno del imperio coquette?
Carrie Bradshaw y la mirada pop a lo victoriano: cuando un icono de modernidad vuelve la vista hacia 1846
Nuestra city girl por excelencia, la amante férrea de los Manolo Blahnik y las noches neoyorquinas regadas de cócteles con amigas, aparece en la secuela 'And Just Like That...' escribiendo un libro sobre una mujer que posiblemente lleve enaguas y cancán. Su vida dista tanto del personaje con el que fantasea que nos resulta chocante esta palpable nostalgia por un ideal de vida reaccionario donde una mujer ni siquiera podría dedicarse a lo que ella hace.
Carrie Bradshaw en 'And just like that...' HBO Max
Encontrar apacibilidad y elegancia en una época escasa de derechos humanos para las mujeres no es del todo imposible, siempre y cuando tu imagen de elegancia sean los vestidos pomposos y los recogidos barrocos o encuentres paz en la inexpresión del pensamiento propio. Que Bradshaw haya decidido sustituir su columna sobre sexo por este tipo de ficción es significativo y podría llegar a traducirse como un síntoma de la represión femenina actual. ¿Estamos centrándonos solo en lo estético o idealizando el conjunto de un pasado opresivo?
La fatiga digital y la revalorización del estilo de vida doméstico como escapismo ante las responsabilidades del mundo moderno
Nos apuntamos a clase de cerámica, los locales de moda de la ciudad son espacios para pintar tazas o aprender a cocinar platos típicos tailandeses. Queremos saber tejer bufandas, nos obsesionamos con la decoración rústica y los alimentos orgánicos mientras buscamos verduras en supermercados ecológicos que se parezcan mínimamente a aquellas de los pequeños huertos que tienen nuestros abuelos en el pueblo. Revalorizar el hogar y los procesos lentos frente al ritmo frenético de las grandes urbes se ha vuelto nuestro mantra. Tiene que existir un refugio alejado de las pantallas donde encontrar paz. Quizás no sea Madrid, ¿y si la felicidad está en irse a vivir en el campo?
Daphne Bridgerton en 'Los Bridgerton' Netflix
La sobreconexión con los otros a través de las redes sociales desencadena una fatiga digital generalizada. Se palpa cierto grado de insatisfacción en esa necesidad constante de querer crear una idea de nosotros mismos ante el resto, siempre a golpe de imágenes, construyendo un arquetipo de lo que se supone que somos. ¿Dejamos de existir si eliminamos nuestro perfil de Instagram? Desde luego Daphne Bridgerton no tenía este problema, igual el de no saber qué vestido color pastel ponerse para un nuevo baile de la alta sociedad inglesa en plena Regencia, pero no el del autoconcepto, ni la tiranía de los algoritmos, ni los likes en las historias. Qué paz, chica.
Me viene a la cabeza un fragmento de un monólogo de 'Fleabag', donde la protagonista de la serie creada por Phoebe Waller-Bridge se confiesa temblorosa ante el cura: "quiero que alguien me diga en qué creer. Por quién votar, a quién amar y cómo decírselo. Creo que quiero que alguien me diga cómo vivir mi vida, Padre, porque, hasta ahora, creo que lo entendí mal." Es que saber lo que una quiere no es sencillo.
'Fleabag' Prime Video
Supongo que en pleno siglo XIX, cuando las mujeres estábamos privadas de este tipo de libertades, existía cierto grado de tranquilidad en saber que esa no era nuestra responsabilidad. Y claro, a ratos una fantasea con soltar las riendas, dejar que sean otros quienes lleven el volante. Pero son solo fogonazos, ¿no? ¿Realmente estamos romantizando una época que atenta directamente contra nosotras?
Looks a lo ‘Orgullo y prejuicio’ y ‘Los Bridgerton’: la estética coquette que oculta roles de género retrógrados
Apropiarse del imaginario visual del siglo XIX en pleno 2025 no es una tendencia inofensiva. Volver sobre códigos de vestimenta que siguen los patrones del regencycore no solo reactiva roles de género obsoletos, sino que expone la moda como instrumento de restricción femenina. Lo hace a través de vestidos con siluetas súper ceñidas en la cintura, con mangas abullonadas y escote cuadrado que fomentan una idea de feminidad pasiva y dócil.
'Los Bridgerton' Netflix
Lo cute se centra de nuevo en esos arquetipos conservadores que creíamos ya superados y en medio de la cuarta ola feminista acabas enfundándote en un corsé una tarde de sábado en lugar de una camiseta oversize. "I'm just a girl", te dices frente al espejo: ¿hasta qué punto estamos eligiendo nosotras lo que nos ponemos?
El vertiginoso crecimiento de la ultraderecha a nivel mundial estalla en un clima de inestabilidad e incertidumbre política. El presente estremece, el futuro resulta aterrador. Escapar hacia el pasado buscando refugio parece la idea más sensata. Puede que volver a las faldas midi, los volantes, los lazos de terciopelo y el encaje no sea más que una reacción simbólica. Las modas son cíclicas, sí, pero ¿por qué tanto afán por parecerse a Elizabeth Bennet en 'Orgullo y Prejuicio' ¿Nos gusta su ropa o la ligereza de sus problemas?
'Orgullo y Prejuicio' Netflix
Quizás en plena era del amor líquido estemos empezando a creer que el verdadero acto de rebeldía es el ideal de hombre escrito por Jane Austen, un Mr. Darcy victoriano que escupa frases del calibre: "me has hechizado en cuerpo y alma, y yo... yo te amo, te amo, te amo." Así de sencillo, así de complicado. Pero detrás de un hombre subido a caballo que te tiende la mano para salvarte, hay una pregunta latente: a estas alturas de la historia, ¿realmente queremos que nos rescaten? ¿De qué, exactamente?
A la Carrie Bradshaw de 'Sexo en Nueva York' ya le rondaba por la mente esta incógnita a principios de siglo, antes de empezar a divagar sobre doncellas y caballeros: "quizás seamos nosotras las que tengamos que rescatarnos a nosotras mismas," concluía. A veces resulta agotador, supongo que sobrepensar es de todo menos coquette, pero una ha de rascar hasta dar con lo que verdaderamente quiere y eso implica moverse, quitarse el corsé para estar más ligera, no quedarse esperando a que aparezca un hombre a caballo, sino subirte tú, ser tú la jinete.
Fotos | Netflix, HBO Max, Prime Video
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