México no permitía votar a las mujeres, pero Hermila Galindo se presentó a diputada y pidió educación sexual para todas

Spoiler: murió antes de que las mujeres mexicanas pudieran votar

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María Yuste

Editor Senior
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María Yuste

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En 1916, más de 600 mujeres se reunieron en el Teatro Peón Contreras de Mérida para celebrar el Primer Congreso Feminista de México. Hermila Galindo no pudo acudir de forma presencial, pero envió una ponencia para que se leyera en directo. Se titulaba 'La mujer en el porvenir' y consiguió a que la acusaran de inmoral.

No obstante, Galindo no había llevado realmente al congreso ninguna indecencia, salvo que reconocer que las mujeres también tenían deseo sexual se considere como tal. Su texto defendía que las jóvenes conocieran su propio cuerpo y recibieran nociones de anatomía, fisiología e higiene en los colegios. Frente a quienes preferían mantenerlas en la ignorancia por vergüenza o por motivos religiosos, ella rechazaba el pretexto de no querer "abrir los ojos a las niñas".

La parte más polémica de su discurso afirmaba que "el instinto sexual impera de tal suerte en la mujer y con tan irresistibles resortes, que ningún artificio hipócrita es capaz de destruir, modificar o refrenar". Su argumentación y lenguaje son de principios del siglo XX, así que algunas de sus explicaciones se apoyaban en teorías propias de la época, pero la idea que subyacía era tan moderno como defender que las mujeres no eran criaturas asexuadas y que ocultarles información no las protegía. Solo las hacía más vulnerables.

Herminia

La mujer que quiso entrar en política antes de que la ley la reconociera como ciudadana

Hermila Galindo había nacido en Durango en 1886 y pudo entrar en la política gracias a que sabía taquigrafía. En 1909 transcribió un discurso contra el régimen de Porfirio Díaz que el alcalde de Torreón había intentado impedir que se difundiera. Años después conoció al Presidente Venustiano Carranza y se convirtió en su secretaria, recorriendo México y otros países defendiendo el constitucionalismo.

En septiembre de 1915 fundó y dirigió el semanario 'Mujer Moderna', desde el que abordó temas como la educación, el sufragio y la igualdad jurídica de las mujeres. También criticó el peso que la Iglesia católica tenía en sus vidas y señaló la contradicción de una sociedad que castigaba a las mujeres por mantener relaciones sexuales mientras contemplaba las mismas conductas masculinas con mucha más indulgencia (o más resumidamente: la doble moral).

Su feminismo no encajaba ni siquiera entre las participantes de aquellos primeros congresos. La propuesta de introducir educación sexual provocó que algunas delegadas la acusaran de inmoral, mientras otras, como la médica Matilde Montoya y la educadora Eulalia Guzmán, salieron en su defensa. Tampoco hubo acuerdo sobre el sufragio femenino. Galindo pidió al Congreso Constituyente que reconociera el voto de las mujeres, aunque cabe destacar que su propuesta inicial era gradual y restringida a aquellas que consideraba suficientemente preparadas. Su iniciativa fue rechazada.

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En 1917 decidió presentarse como candidata a diputada federal por el quinto distrito de Ciudad de México. Lo hizo en unas elecciones en las que las mexicanas todavía no tenían reconocido el derecho a votar ni a ser elegidas, algo que no llegaría a escala nacional hasta 1953. Galindo no ganó el escaño, pero su candidatura convirtió en algo tangible la contradicción que llevaba años denunciando: se esperaba que las mujeres obedecieran las leyes, contribuyeran a la sociedad y asumieran sus obligaciones sin permitirles participar en las instituciones que decidían sobre sus vidas.

Hermila Galindo murió en 1954, apenas un año después de que México reconociera constitucionalmente la ciudadanía plena de las mujeres. Ella que había pasado gran parte de su vida reclamando educación sexual, igualdad jurídica y derechos políticos cuando esas demandas parecían demasiado escandalosas hasta en algunos espacios revolucionarios, no pudo disfrutarlo. No obstante, el problema no era que ella hubiera sido adelantada a su tiempo. Era que el resto del país tardó demasiado en alcanzarla.

Foto de portada | Dominio público

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