Gran parte de la vida adulta consiste en evitar acordarse de que el horno también hay que limpiarlo. Además de la pereza que suele dar de por sí cualquier tarea de limpieza y mantenimiento, esta en concreto tiene el añadido de lo agresivos que suelen ser los productos comerciales para dejar el horno como los chorros del oro. Contienen sustancias cáusticas y corrosivas como el hidróxido de sodio, que no apetece mucho esparcir por las paredes de un lugar que usamos para cocinar.
Para evitar todos esos vapores químicos y poder optar por una opción más agradable es cuando entra en escena un básico del hogar que es un multiusos casi milagroso: el jabón Beltrán. Aunque es más conocida su aplicación para lavar la ropa por su eficacia eliminando manchas difíciles, es también una maravilla para la limpieza. Por eso, este jabón blando y potásico se ha popularizado como una opción más sencilla y “de toda la vida” en los armarios de la fregona.
Cómo limpiar el horno paso a paso con jabón Beltrán
En un cazo, ponemos agua a calentar y disolvemos una cucharada sopera de este jabón por cada 500 ml de agua caliente. Cuando quede bien disuelto, pasamos la mezcla a un pulverizador y procedemos a rociarla directamente por las paredes del horno.
A continuación, frotamos con un estropajo de níquel y, sin mucho esfuerzo, inmediatamente empezaremos a ver cómo la grasa va saliendo muy fácil. Además, para que este truco funcione no es necesario que el horno esté caliente.
Es un hack doméstico que lo tiene todo: es sencillo, usa solo dos ingredientes básicos y evita el uso de químicos fuertes comerciales. Además, un bote de jabón Beltrán cuesta menos de 3 euros y cunde muchísimo.
Foto de portada | Thirdman
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