La primera vez que me choqué con una película de Joachim Trier fue con 'La peor persona del mundo'. Distintas generaciones hablaban sin parar del film, que no es otra cosa que una obra de arte en defensa de la duda y los pasos en falso de una chica en sus treinta; de estar perdida, un sentimiento que en mayor o menor fuerza nos ha latigado a todas nuestra existencia. Ahora es el turno de 'Valor sentimental', donde el director pone de nuevo el foco sobre la actriz Renate Reinsve. Ella vuelve a revolverme las tripas bajo las luces bajitas y tintineantes del cine. Es que no hay discusión: hay que ir a verla a las salas.
Es una de las favoritas de los Oscar, ayer mismo conocíamos las nominaciones donde esta cinta noruega se alzaba con la friolera de ocho posibles estatuillas, entre ellas la de Mejor dirección, Mejor película, Mejor guion original y Mejor actriz. No nos extraña para nada, es un drama familiar cero edulcorado donde tras la muerte de su madre, Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter) se reencuentran con su padre ausente, Gustav Borg (Stellan Skarsgård), un director de cine de renombre con la inteligencia emocional completamente destartalada.
Él vuelve repentinamente a las vidas de ambas hermanas y en medio de todo ese torpe desfile de afecto por demostrar un interés aparentemente genuino en sus hijas, le ofrece a Nora, actriz de teatro, un papel que ha escrito específicamente para ella, con el que trabajar con él en su próxima película. Lo que parece una oportunidad mayúscula se cierne como la peor pesadilla de la chica, que responde implacable con un no, incapaz de imaginarse mano a mano en la rutina con un hombre con el que no se sabe relacionar.
Es entonces cuando el cineasta decide ofrecerle el personaje a una reconocida actriz de Hollywood, nuestra querida Rachel Kemp (Elle Fanning), quien acaba siendo un reflejo de Judy en aquel clásico 'Vértigo' de Alfred Hitchcock. Una mujer que un hombre intenta moldear a toda costa para transformarla en otra que ya existe.
Una vorágine de recuerdos desordenados asalta a nuestra protagonista. Sabemos ya en los primeros minutos que no está en su mejor momento, a pesar de los aplausos que recibe en el escenario. Al fin y al cabo, nunca está su padre entre el público, nunca ha ido a verla. ¿Por qué otra razón hacemos las cosas, si no es por ser vistos por la gente a la que queremos? Qué de mágico es el éxito si no hay un ser humano que amas devolviéndote la mirada desde las gradas.
Pero no todo es tan oscuro, su hermana pequeña está entre el público. Ha merecido la pena la angustia exacerbada, la ansiedad descontrolada antes de que abrir el telón. En una de esas escenas brillantes, tumbadas ambas sobre la cama, Nora mira a Agnes, con ojos de profunda admiración: "¿cómo saliste tan bien con la infancia que tuvimos?" ella responde: "Hay una gran diferencia entre cómo crecimos. Te tuve a ti." Pocos diálogos me han hecho llorar tanto.
Fotos | 'Valor sentimental'
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