Muy pocos viajeros lo saben, pero a menos de dos horas de Madrid se esconde una joya medieval perfectamente conservada en la que el tiempo parece haberse detenido. Se trata de un pueblo totalmente amurallado del siglo XV pegado a Sigüenza, en tan buen estado que muchos lo apodan el 'Ávila de Guadalajara'. ¿Buscas una escapada exprés para salir del bullicio de la ciudad? Palazuelos es una opción maravillosa.
Palazuelos, un Ávila en miniatura
Escondido en el corazón de Guadalajara desde épocas prerromanas, Palazuelos alcanzó sus días de gloria en el siglo XV, cuando la casa nobiliaria de Los Mendoza lo convirtió en el Conjunto Histórico-Artístico que es hoy en día. Si viajas hasta aquí, te encontrarás perdido entre callejuelas empedradas, casas campesinas tradicionales y unas murallas que delimitan y protegen el pueblo en pleno 2026.
En la actualidad, esta villa histórica tiene solo 50 habitantes y forma parte de la red de la España vaciada más desconocida y olvidada. Sin embargo, dicho olvido no ha afectado al deterioro de su patrimonio, que se mantiene en muy buen estado de conservación.
Las murallas y el Castillo de Palazuelos
Puerta del Cercado
El mayor reclamo y tesoro de este pueblito olvidado son sus murallas, que rodean todo el pueblo durante casi dos kilómetros desde hace más de 600 años. Están realizadas en argamasa y sillarejos, decoradas con escudos de la casa noble de Los Mendoza y coronadas con torreones en las esquinas, convirtiéndose en uno de los pocos ejemplos de murallas castellanas que quedan en pie.
Puerta de la Villa
Estas murallas conservan aún tres puertas de entrada: la puerta de la Villa, la del Monte y la del Cercado. Todas ellas tienen forma de codo por razones defensivas y continúan manteniendo ese trazado tan curioso a día de hoy.
Las murallas son increíbles, pero el Castillo de Palazuelos en lo alto de un cerro lo es todavía más. Esta fortificación del siglo XV fue encargada por el Marqués de Santillana. Su planta es sencilla, cuadrada y pequeña, protegida por un antiguo foso que se cruzaba mediante puentes levadizos.
La Plaza Mayor castellana más auténtica
La Plaza Mayor en el centro del pueblo también se mantiene como antaño y solo los coches te indican que el tiempo ha pasado. Es una plaza medieval de manual, con su fuente de los Siete Caños, su picota renovada y hasta una iglesia románica del siglo XVI, dedicada a San Juan Bautista y con un impresionante retablo barroco en su interior.
Estas joyas históricas están rodeadas de casonas de piedra y de vides en flor, que dan sombra y verdor a todo el conjunto.
Una ruta por la naturaleza breve pero preciosa
La magia de esta escapada continua fuera de las murallas. A escasos cinco minutos al norte del Castillo se encuentra la ermita de la Virgen de la Soledad. Éste es un templo pequeño y regio del siglo XVI con una entrada de columnas preciosa.
Sin embargo, su mayor encanto es el entorno: la llanura castellana, bosques de encinas y unas vistas preciosas a la Sierra Ministra. No en vano, este camino forma parte de la Ruta de la Lana, una de las sendas más antiguas y conocidas del Camino de Santiago.
Justo en frente de la ermita se encuentra Despelta, un proyecto que apuesta por la agricultura ecológica y los cereales antiguos para impulsar el trabajo de campo de la zona. Sus harinas están molidas a la piedra, como antaño. También venden pastas artesanales, legumbres y permite comprarlas allí mismo, para llevarte un buen recuerdo gastro a casa de esta escapada.
Fotos | Cultura Castilla-La Mancha, Castillos de Guadalajara.
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