Última oportunidad para ver a las mariposas monarca en México, uno de los fenómenos más sobrecogedores del planeta

Estos días son los mejores para disfrutar de los bosques llenos de mariposas monarca revoloteando

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María Yuste

Editor Senior

La migración de la mariposa monarca es uno de esos espectáculos naturales que, aunque se repite cada año, no deberíamos dar por sentado (desgraciadamente). Cada otoño, millones de ejemplares de este insecto de alas naranja recorren los miles de kilómetros que separan Canadá y Estados Unidos de los bosques templados de México central. Un viaje tan largo como delicado que, año tras año, pende de demasiados hilos.

Su destino es la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca, un espacio protegido que se extiende entre Michoacán y el Estado de México y está reconocido como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Allí las monarcas hibernan antes de emprender el regreso al norte con la llegada de la primavera.

La temporada comenzó a finales de octubrede 2025 y en noviembre los santuarios abrieron al público. Sin embargo, solo podrán visitarse hasta marzo, por lo que esta es tu señal para no dejar pasar la última oportunidad de ver uno de los fenómenos más sobrecogedores del planeta.

De hecho, estos últimos días son los mejores para acercarse a la reserva porque el sol atraviesa el bosque y las mariposas despiertan en masa, revoloteando en busca de agua y néctar. 

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Dónde verlas (y cómo hacerlo bien)

El corazón de esta experiencia está en los santuarios abiertos al turismo dentro de la reserva. El más conocido es El Rosario, en el municipio de Ocampo (Michoacán). Es el que concentra mayor número de mariposas y también el más concurrido. Eso sí, hay que tener en cuenta que la subida hasta la zona de observación requiere de una caminata de unos 40 minutos.

En este mismo municipio también se encuentra el Santuario Sierra Chincua, en Senguio. El acceso es siempre guiado, ecológico y con cupos regulados para minimizar el impacto sobre las colonias. Es una opción menos transitada, pensada para quienes entienden la observación como un ejercicio de respeto más que una actividad turística.

Para quienes buscan un ambiente más tranquilo, Sierra Chincua también ofrece una experiencia más contemplativa, con recorridos de cerca de una hora a pie o a caballo. Y para quienes inicien el viaje desde Ciudad de México, Piedra Herrada, en Temascaltepec, es la opción más accesible.

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En el Estado de México, La Mesa, dentro de la Sierra Campanario, ofrece una experiencia que va más allá del avistamiento. El ejido cuenta con criadero de venados, cabañas para hospedaje y un entorno especialmente valorado por sus vistas del cielo nocturno. Se puede llegar por carretera desde Villa Victoria o El Oro, y suele atraer a viajeros interesados en estancias más largas y silenciosas.

Otro punto singular es El Capulín, en el Cerro Pelón. Desde aquí se aprecia el llano de Los Tres Gobernadores y una transición muy visible en la vegetación, del bosque de coníferas a zonas más abiertas. El recorrido es de unos cuatro kilómetros por senderos forestales y requiere cierta condición física, pero a cambio ofrece una lectura más amplia del paisaje que sostiene la migración.

Cabe destacar que todos los santuarios cuentan con servicio de sanitarios, venta de comida tradicional y artesanía, así como senderos con recorridos delimitados para hacer a pie, en caballo y bicicleta, además de ofrecer guías locales y deportes extremos como tirolesa. En promedio, el acceso suele costar 35 pesos con guía. Aunque para poder subir en un caballo, de ida y vuelta, el precio oscila entre 80 y 100 pesos.

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Por supuesto, también hay normas estrictas de conservación. No se puede usar flash ni está permitido tocar a las mariposas o las ramas donde descansan. También hay que evitar drones y mantener el silencio. Se trata de observar una maravilla de la naturaleza, no de alterar un proceso vital. Lo que nos lleva al último punto pero, no por ello, menos importante.

Verlas hoy para que signa existiendo mañana

Nadie puede garantizar que dentro de diez años este viaje siga ocurriendo tal y como lo conocemos. Ver a la mariposa monarca hoy no es solo un privilegio sino una oportunidad para ayudar a su conservación. La tala ilegal, el cambio climático y la desaparición del algodoncillo (la planta donde las monarcas ponen sus huevos) han reducido drásticamente su área de hibernación en la última década. Organizaciones como WWF México llevan años alertando de que la recuperación es posible, pero lenta y frágil.

La buena noticia es que, durante la temporada 2024-2025,  la superficie ocupada por las colonias se duplicó respecto al año anterior. Pero eso no significa que el problema esté resuelto. Significa, más bien, que aún hay margen para actuar.

Foto de portada | Retratista de paisajes y paisanajes

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