Solo 33 habitantes y bodegas en la ladera: el pueblo amurallado ideal para una escapada de otoño al pasado medieval de Burgos

Subir a una torre medieval, beber y pasear entre bodegas y sentarse a comer lechazo: el día puede dar bastante de sí en Haza

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María Yuste

Editor Senior
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María Yuste

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En Haza, las vistas tenían una utilidad mucho antes de que nadie pensara en venir simplemente a disfrutarlas. Desde este cerro burgalés se vigilaban los accesos y los movimientos por el territorio. No obstante, aquella posición defensiva permite ahora asomarse a la Ribera del Duero desde un caserío que todavía conserva sus murallas y una torre del homenaje que sobresale entre los tejados. 

Solo tiene 33 habitantes y apenas 17 kilómetros lo separan del bullicio de Aranda de Duero. Sin embargo, el tamaño de su población actual dice poco de la importancia que tuvo antaño. Haza fue cabeza de una Comunidad de Villa y Tierra que llegó a reunir quince aldeas. Aquí se administraba justicia, se recaudaban impuestos y se decidía sobre pastos, molinos y defensa. Hubo mucha vida alrededor de esas murallas que tuvieron que acomodarse a las irregularidades del cerro.

La propia silueta de Haza en lo alto forma parte de su patrimonio, hasta el punto de que la protección del conjunto histórico tiene en cuenta tanto esa imagen como las vistas desde la villa. La visita tiene así dos perspectivas: primero, el pueblo recortado sobre el cerro; después, el territorio extendido a sus pies.

haza Alfredo Miguel

Qué ver en Haza

Las murallas dan las primeras pistas sobre la historia de Haza. No se levantaron de una vez ni permanecieron intactas mientras todo cambiaba alrededor. La villa formó parte de la línea defensiva del Duero durante la Edad Media y, más adelante, sus fortificaciones se adaptaron también a las disputas entre señores cristianos. Los muros se ampliaron, las defensas se reforzaron y, en el siglo XV, se incorporaron elementos para el uso de armas de fuego. Recorrerlas es seguir las sucesivas maneras que tuvo el pueblo de defenderse.

El castillo, vinculado durante una etapa a don Juan Manuel, autor de 'El conde Lucanor', es otro punto en el que detenerse a mirar con un poco más de atención. Su torre del homenaje no es como otras sino que se adelanta respecto a la línea de la muralla; un bastión adopta una forma triangular y un foso reforzaba parte del conjunto. Hasta la entrada tiene su historia ya que el acceso actual no coincide con el original. Con estas pistas, las ruinas dejan de ser solo muros antiguos y se convierten en un juego en el que hay que imaginar por dónde se entraba y qué había que proteger.

También se puede conocer la torre por dentro. Su centro de interpretación recorre la historia de Haza y del castillo, con especial atención al condado de Castilla y a la frontera del Duero. Después de leer sobre el valor estratégico del emplazamiento, si te vuelve as a asomar lo verás todo con otros ojos.

Iglesia De San Miguel Haza 02 Rodelar

La estrecha relación entre arquitectura y defensa continúa en la iglesia de San Miguel, integrada en la propia muralla. Su origen románico se sitúa entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, aunque uno de sus mayores atractivos espera en el interior. Son las doce tablas hispanoflamencas del retablo mayor, con escenas de la infancia de Cristo y de la vida de san Miguel. Desde fuera, la iglesia permite apreciar cómo el recinto defensivo condicionó la forma del pueblo.

El paseo desemboca en el mirador sur, abierto al valle del Riaza. Desde aquí se distingue Fuentemolinos sobre la ladera del páramo de Corcos y, más allá, la sierra de Pradales. Estas poblaciones, las tierras de cultivo y las distintas alturas son el territorio que Haza dominaba desde su cerro. Sin duda, este es un buen lugar para detenerse sin prisas.

Fuera de las murallas, las bodegas se distribuyen en varios niveles, con sus entradas orientadas al norte para favorecer la conservación del vino. Entre ellas aparecen los lagares donde se prensaba la uva. Es la parte del paseo que acerca al turista al trabajo que se sostenía la vida de la villa, más allá de señores y fortificaciones.

Haza Burgos Miguel Ángel García

Algo más abajo se encuentra la ermita de Santa Juana, construida en el siglo XVIII en recuerdo de Juana de Haza, madre de santo Domingo de Guzmán. Durante la bajada se va descubriendo esa otra cara del pueblo, con sus bodegas y sus vínculos religiosos, antes de hacer el ejercicio de mirar desde abajo todo lo que acabamos de recorrer.

Dónde comer rico y barato en Haza

Si la idea es quedarse a comer en el pueblo, la referencia es La Casa de Haza, en el número 1 de la plaza de la Fuente. Cocina casera, pinchos y raciones definen una carta en la que el lechazo, las parrillas y los guisos hacen que los vecinos de otras localidades suban aquí a comer y almorzar. Es ideal para sentarse a la mesa sin tener que coger el coche a mitad de la visita. Además, el establecimiento también funciona como alojamiento rural. 

En la cercana Castrillo de la Vega, otra opción es El Ventorro, con menú diario y cocina castellana. Su propuesta incluye lechazo en horno de leña, chuletillas de cordero y escabechados; de postre, leche frita, hojaldres o tartas de frutas. 

Hq Haza01 Burgos Turismo de Castilla y León

Qué hacer en los alrededores de Haza

El extenso paisaje que se contempla desde lo alto de las murallas también se puede recorrer a pie. El Sendero del Valle del Riaza (PRC-BU 79) traza una ruta circular de 10,4 kilómetros que sale de Haza, pasa por Adrada de Haza y regresa al punto de partida. Está clasificada como de dificultad baja y se hace en unas dos horas.

El camino comienza junto a las fortificaciones y baja entre las antiguas bodegas. A medida que se pierde altura, aparecen viñedos, huertas, campos de cultivo y choperas. El Riaza acompaña el recorrido, que vuelve por la otra margen y deja la subida para el final, pasando junto a la ermita de Santa Juana. Por supuesto, antes de volver al cerro, el sendero devuelve la imagen de Haza desde abajo. 

Adrada de Haza es una localidad que merece una pausa, ya se llegue andando o en coche. La iglesia de Santa Columba, del siglo XVI, conserva un retablo mayor con influencias del taller de Juan de Juni, y el lugar conserva también la ermita románica del Cristo de los Remedios. Para seguir tirando del hilo de su historia hay que mirar al otro lado del río, donde se sitúa el castro de la Casa de los Moros. 

bodega Turismo Ribera del Duero

En Hontangas, otra localidad vinculada a la antigua Comunidad de Villa y Tierra, la roca vuelve a condicionar la arquitectura. La ermita de Nuestra Señora de la Cueva ocupa una cavidad cuya entrada está enmarcada por una fachada renacentista. Dentro se conserva una talla románica de la Virgen, fechada entre finales del siglo XII y comienzos del XIII. Allí también se levanta la iglesia de San Juan Bautista:, siendo así dos templos que aprovechan de manera distinta un mismo relieve. 

La escapada puede terminar entre viñas. Viña Arnáiz, dentro del término municipal de Haza, ofrece un recorrido guiado por el viñedo y la bodega que concluye con una cata.  Después de mirar estas tierras desde una torre y pasar junto a los lagares donde se prensaba la uva, solo nos quedaría degustar el vino que se elabora en ellas.

Foto de portada | Felipe Cuenca

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