El lugar en el que crecemos suele formar parte de nosotros incluso cuando hace años que dejamos de vivir en él. En el caso de Anne Igartiburu, ese sitio es Elorrio, la villa vizcaína donde nació en 1969 y a la que siempre ha hecho referencia con cariño. Alejado del bullicio de las grandes ciudades, este municipio del valle de Durangaldea conserva uno de los cascos históricos más elegantes del País Vasco, con decenas de palacios blasonados, iglesias monumentales y calles empedradas que parecen detenidas en otro tiempo.
Además, se ubica a los pies de montes como el Anboto y Udalaitz donde el paisaje destaca por un verde intenso y valles húmedos salpicados de caseríos y caminos rurales que conforman una imagen muy similar a la de los paisajes paisaje irlandeses. No es casualidad que quien haya crecido aquí hable con orgullo de sus raíces.
Pasear por Elorrio es hacerlo entre fachadas de piedra labrada de los siglos XVI, XVII y XVIII, mientras el paisaje verde que rodea la localidad deja claro que la naturaleza también forma parte de su identidad. Declarado Conjunto Monumental, su casco histórico es uno de los mejor conservados de Vizcaya y reúne más de medio centenar de palacios y casas señoriales que convierten cualquier paseo en una pequeña lección de historia.
Qué ver en Elorrio
Lo primero que llama la atención al llegar es que en Elorrio no hay un monumento que destaque sobre otro, es el conjunto el que enamora. Basta con caminar sin prisa por sus calles para descubrir balcones de hierro forjado, escudos heráldicos y casonas nobiliarias que hablan del esplendor que vivió la villa durante la Edad Moderna.
El corazón del pueblo gira en torno a la plaza Gernikako Arbola, presidida por el Ayuntamiento y la imponente Basílica de la Purísima Concepción. Su arquitectura mezcla elementos góticos y renacentistas, a los que se fueron sumando añadidos barrocos con el paso de los siglos, convirtiéndola en uno de los edificios más representativos de la localidad.
Elorrio Turismo
Muy cerca aparece el Palacio de Arezpakoetxea y, junto a él, la Puerta de Don Tello, el único vestigio que se conserva de la antigua muralla medieval que protegía la villa. A poca distancia también merecen una parada el Palacio del Marqués de Tola, el Monasterio de Santa Ana y las numerosas cruces de piedra repartidas por el municipio, uno de los elementos más característicos del patrimonio religioso de Elorrio.
Si es la primera visita, hay un lugar especial que no conviene dejar fuera del recorrido: la necrópolis de Argiñeta. Situada a apenas un kilómetro y medio del centro, alberga uno de los conjuntos funerarios medievales más importantes del País Vasco, con sarcófagos y estelas que datan entre los siglos VII y IX y que convierten este enclave en una auténtica joya arqueológica.
Dónde comer rico y barato en Elorrio
Después de recorrer el casco histórico, lo mejor es hacer una pausa para comprobar que la gastronomía vasca también se disfruta aquí sin necesidad de acudir a restaurantes de alta cocina.
Una apuesta segura es el Restaurante Katxarro, muy conocido por sus menús del día elaborados con producto de temporada y cocina tradicional. Para quienes prefieren una comida tranquila sin pasarse del presupuesto, también es una buena opción Guria, donde la cocina casera y las raciones generosas le han valido muy buenas valoraciones entre los visitantes habituales.
Si el plan pasa por comer de una forma más informal, Algari es una de esas tabernas donde los pintxos y las raciones permiten probar varios sabores tradicionales sin gastar demasiado, mientras que el Batzoki Elorrio destaca por ofrecer menús completos y platos vascos a precios contenidos.
Y antes de marcharse merece la pena hacer una última parada dulce. La Pastelería Pello elabora las conocidas reliquias de San Valentín de Berrio-Otxoa, uno de los productos más típicos de la localidad, mientras que las monjas del convento de Santa Ana mantienen la tradición de preparar repostería artesanal siguiendo recetas de toda la vida.
Qué hacer en los alrededores de Elorrio
Aunque el casco histórico del pueblo invita a pasar horas callejeando, el entorno natural es otro gran motivo para acercarse hasta aquí. Desde Elorrio parten varias rutas señalizadas que recorren barrios rurales, antiguos caminos y bosques a través de la red Naturbideak, pensada para descubrir el patrimonio natural y etnográfico del municipio caminando.
Una de las excursiones más recomendables es seguir la antigua vía verde que conecta con el valle de Atxondo y llega hasta Arrazola. El recorrido discurre por el antiguo trazado ferroviario y conduce poco a poco hacia las faldas del monte Anboto, la cima más emblemática del Parque Natural de Urkiola y uno de los lugares más simbólicos de la mitología vasca, donde la tradición sitúa la morada de Mari, su figura legendaria más importante.
El Parque Natural de Urkiola es uno de los espacios protegidos más espectaculares del País Vasco, donde los hayedos, las paredes calizas y los senderos ofrecen en conjunto una excursió que justifican por sí sola una escapada de fin de semana. Es el broche perfecto para entender por qué Elorrio no solo destaca por su patrimonio monumental, sino también por ese paisaje verde que lo envuelve y que convierte el pueblo natal de Anne Igartiburu en un rincón al que volver o directamente quedarse.
Foto de portada | @anneigartiburu y Roberto AI
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