El pueblo de Barcelona con las calles empedradas más tranquilas y que aún conserva el esplendor de la Edad Media

Un precioso pueblo medieval en el que se funden la tranquilidad y la belleza del pasado

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En el conglomerado montañoso de Sant Llorenç del Munt se encuentra el municipio de Mura, que forma parte de un entorno donde la abundancia de vegetación y fauna han vinculado desde siempre a su población a la tierra. Hoy en día, muchos de sus bancales y viñas están abandonados, pero el lugar conserva ese encanto de una Edad Media llena de esplendor. Se hace visible, especialmente, en su casco antiguo, con sus casas de piedra o en la iglesia románica de Sant Martí. Todo ello y más conforma una de esas escapadas con encanto que no haría mal en añadir a tu lista.

Del cultivo de viñedos a pueblo de vacaciones

Desde que se tiene constancia de su existencia en el siglo X, Mura ha sido un pueblo pequeño (actualmente tiene 227 habitantes). Entre las actividades económicas que le dieron riqueza destaca, sobre todo, el cultivo de viñedos, hasta que en el siglo XIX la filoxera (un pulgón cuyo único huésped conocido es la vid) obligó a sustituirlo por la producción de carbón vegetal, cal y la industria textil.

Así que, cuando en 1962 cerró la fábrica de hilados, muchos habitantes abandonaron el pueblo. Doce años más tarde, la creación del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y l'Obac desencadenó la transformación de Mura en un municipio turístico. Sobre todo, debido a las numerosas segundas residencias que se establecieron en este lugar durante el último cuarto del siglo XX.


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Un núcleo medieval de postal

El núcleo medieval de Mura es su gran reclamo. Tanto por la atmósfera que se respira como por el carácter que lo define. Encima, rodeado por un entorno natural envidiable. También es de interés la iglesia de Sant Martí, cuya estructura data de distintos períodos (siglos XI-XII, XV y XVII). Este podría considerarse el principal atractivo arquitectónico de la villa, con una magnífica portalada románica.

De hecho, a su alrededor creció todo el núcleo de Mura, cuyas tranquilas calles empedradas bien merecen un largo paseo. Perdiéndonos por sus soportales, escaleras y callejones empinados con casas de varios siglos de existencia. En el centro también se encuentra el Centre de Interpretación del Parque Natural, con la oficina de información turística, que siempre es un buen punto de partida para empezar a descubrir este hermoso lugar.

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Cuevas de 200 metros de profundidad

A las afueras de la población se eleva la ermita de Sant Antoni, construida en 1716 con una sola nave de planta rectangular y una fachada coronada por un pequeño campanario. Aunque su elemento más destacado es el porche frontal edificado en 1818.

Además, distintos parajes naturales de gran belleza rodean la población. Recorriendo los senderos señalizados se pueden explorar las cuevas de Mura, una cavidad formada por una sola galería de unos 200 metros de profundidad y descubierta por un campesino en el siglo XIX.

Ermita Sant Antoni Ayuntamiento de Mura

También resulta un buen plan buscar las numerosas fuentes del municipio (la Mascarosa, la Noguera o el Foradot), pasear junto al agua de la Riera de Nespres o descubrir algunos de los molinos o masías más interesantes de Mura.

Foto de portada | Bages Turisme

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