Cuando hablamos de playas paradisíacas en España, lo habitual es pensar en las aguas turquesa de alguna playa de las Baleares o en las calas escondidas de la Costa Brava. Sin embargo, a apenas unos kilómetros de Santander, Cantabria también puede presumir de tener un rincón que sorprende por su belleza natural intacta y la calma que se respira. Se trata de la playa de Somocuevas. Un paraíso resguardado entre acantilados, donde el rugido del Cantábrico se calma y el verde se funde con el azul del mar.
Un baño escondido en Liencres
Ubicada en el municipio de Piélagos, dentro de la espectacular senda Costa Quebrada (un geoparque reconocido por la UNESCO), la playa de Somocuevas se abre paso entre praderas verdes que llegan hasta el mar. No obstante, su nombre proviene de las pequeñas cuevas formadas en la roca porque su paisaje combina dunas, acantilados y aguas cristalinas que son el escenario viviente de un escenario de película.
El acceso ya anticipa una experiencia de aventura porque, tras dejar el coche en el aparcamiento, hay que descender unos 140 peldaños y bordear el acantilado por el sendero. Este (pequeño) esfuerzo, no obstante, tiene recompensa en forma de un arenal virgen, dividido en dos mitades por un saliente rocoso. La parte oriental, que es más amplia y arenosa, invita al descanso y al baño tranquilo. Mientras que la occidental, más rocosa y reducida, resulta perfecta para quienes buscan más intimidad o sienten curiosidad por explorar la naturaleza.
Naturaleza salvaje y calma absoluta
Eso sí, en Somocuevas no esperes encontrar chiringuitos ni duchas, ni siquiera con la seguridad de un socorrista. Aunque lejos de restarle atractivo, hace que realce su encanto. Aquí la naturaleza manda. Su orientación y la protección que ofrece el brazo rocoso conocido como Punta de Somocuevas suavizan el oleaje, creando aguas mansas en las que nadar o simplemente dejarse flotar. Además, bajo la superficie, se esconden rincones perfectos para el buceo con tubo.
Otro de sus tesoros se encuentra en tierra y es el sistema dunar que la rodea, uno de los más importantes del norte de España. Entre enebros, cardos marinos y juncos, se abre paso un ecosistema muy valioso que refuerza la sensación de estar en un lugar remoto.
Para muchos viajeros, Somocuevas es también un referente del nudismo en Cantabria. Su tranquilidad, la discreción que ofrecen sus acantilados y la amplitud de su playa oriental la han convertido en un espacio naturista muy apreciado. Aquí no hay multitudes. De hecho, incluso en temporada alta es posible encontrar silencio, algo impensable en otros arenales más concurridos.
Más allá de la playa
Pero visitar Somocuevas no solo significa darse un baño inolvidable. También es una puerta de entrada al senderismo por la Costa Quebrada, un tramo de litoral moldeado por millones de años de historia geológica. Muy cerca esperan otras joyas como la playa de Portio, Valdearenas o los acantilados de La Arnía, todos ellos conectados por rutas senderistas espectaculares.
Así, quien se aventura hasta Somocuevas descubre siempre algo más que una playa: encuentra un refugio de paz, un contacto íntimo con la naturaleza y una de las vistas más bellas del norte de España. Una cala que, sin necesidad de servicios ni publicidad, logra cumplir con lo que muchos destinos turísticos solo prometen: hacerte sentir que has llegado a un lugar especial, casi secreto.
Foto de portada | Pablo Gutiérrez Cepeda