Para entender por qué buena parte de la Gen Z se viste hoy con pantalones enormes, tops ajustados, sudaderas amplias y capas que parecen colocadas sin demasiado esfuerzo, basta con mirar hacia las calles de Seúl. Allí lleva años creciendo una estética que mezcla referencias del Y2K, grunge, minimalismo coreano y streetwear hasta construir una imagen propia.
Su nombre es Acubi y, gracias a TikTok, el K-pop y el street style, ya dejó de ser una rareza local para convertirse en uno de los códigos de moda más reconocibles entre los jóvenes.
De una marca de Seúl a un código global
Acubi toma su nombre de Acubi Club, una firma coreana cuyos básicos ajustados, prendas de punto, pantalones cargo, vaqueros de tiro bajo y piezas superpuestas terminaron creando una identidad visual fácilmente reconocible, convirtiéndose en un lenguaje recurrente en sus colecciones.
Internet hizo el resto: lo que en Corea estaba mucho más relacionado con una marca y con determinados códigos del street style terminó convertido en una etiqueta mucho más amplia fuera del país. TikTok ayudó a empaquetar la estética en una palabra que permite identificar rápidamente ciertos looks, mientras que el K-pop terminó llevando esas proporciones y esas combinaciones a una audiencia internacional.
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La estética Acubi no depende de una prenda concreta, sino de cómo se enfrentan las proporciones: un pantalón baggy puede encontrarse con una camiseta ceñida, una sudadera enorme con una capa más pequeña o un vaquero de tiro bajo con una parte superior corta. El resultado busca ese contraste entre algo muy cómodo y otra pieza que dibuja la silueta, mientras los grises, negros, caquis, blancos rotos y denim lavado mantienen todo dentro de una misma atmósfera.
Ahí aparece una de las diferencias más interesantes respecto al Y2K que dominó las redes durante los últimos años: mientras que el Acubi recupera sus pantalones de tiro bajo, sus siluetas ajustadas y cierta actitud dosmilera, el Y2K más reconocible apostaba por el brillo, los logos y el glamour de principios de siglo.
Por eso también funciona tan bien en la cultura urbana actual, porque parece casual, pero detrás existe una construcción muy precisa de la silueta que no busca que el look parezca perfecto, sino que transmita una especie de indiferencia cuidadosamente estudiada con una mezcla entre comodidad, rareza y control que encaja con una generación acostumbrada a descubrir tendencias en redes, reinterpretarlas y convertirlas en algo propio.
En 2026, además, la estética ya no se limita a los looks femeninos con los que empezó a ganar visibilidad internacional. Las prendas oversize, los cargos, el denim lavado, las sudaderas amplias y el layering también han entrado con fuerza en el armario masculino, haciendo que Acubi funcione cada vez más como un lenguaje basado en la proporción y la actitud que como una tendencia exclusivamente ligada a un género.
Lo que hace diferente a Acubi es precisamente esa capacidad para parecer una tendencia que no quiere parecer una tendencia, y la Gen Z encuentra en ella una manera de vestir urbana, reconocible y fácil de adaptar sin necesidad de construir un armario completamente nuevo.
Fotos de @wear_taiyo0503 | @satrioabriansyah
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