Spectatoring: en qué nos perjudica no estar presentes en nuestras relaciones sexuales

Spectatoring: en qué nos perjudica no estar presentes en nuestras relaciones sexuales
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El ginecólogo William Masters y la sexóloga Virginia Johnson centraron el trabajo de su carrera en investigar la respuesta sexual humana. En 1965 publicaron su trabajo Human Sexual Response, en el que descifraban y explicaban la respuesta sexual humana que se inicia con el deseo y termina con la relación, el llamado sistema DEMOR (Deseo, Excitación, Meseta, Orgasmo, Resolución).

Pero además, Masters & Johnson acuñaron un término que sigue presente a día de hoy: spectatoring. Este fenómeno, que puede darse durante cualquier encuentro sexual y es más común de lo que pueda parecer, es lo que podríamos definir como “ser espectador” de tu propia relación sexual. En psicología se habla de “adoptar el rol de espectador” y cuando lo haces, experimentas tu propio sexo desde una perspectiva en tercera persona.

Dejar de sentir para solo pensar

Según la sexóloga Arola Poch, “la persona espectadora no está pendiente de las propias sensaciones y de las sensaciones del acompañante sino centrada en cómo lo está haciendo, si está cumpliendo con las expectativas, qué estará pensando la otra persona…”

Kinga Cichewicz Wentrcpfym8 Unsplash

Todo se reduce a ser demasiado consciente de ti mismo y de tu pareja, e incluso de cómo te ve ésta durante el sexo, y por lo general se manifiesta como un diálogo interno crítico o pensamientos que te distraen cuando lo que realmente quieres es concentrarte en el placer de tu encuentro sexual. En el rol del espectador, la persona deja de prestar atención a la relación sexual en sí misma, a las sensaciones y a los estímulos. Si simplificamos mucho podríamos decir que nos preocupamos por el sexo durante el sexo, dejando así de disfrutarlo.

¿Le gustará? ¿Estaré bien en esta postura? Seguro que si me pongo así pareceré más sexy… ¿He dejado encendida la luz del baño? Ojalá esta vez no tenga un pedo vaginal… ¿Qué pensará de mí? Espero que la erección no se baje. Tengo que bajar el ritmo para llegar al orgasmo a la vez. Y esto es solo la punta del iceberg, porque esas distracciones de nuestro cerebro pueden representarse de mil maneras.

Por qué adoptamos el rol de espectador

Estas distracciones son algo común y que puede pasarnos a todo el mundo en cualquier momento. La causa puede ir desde tener ansiedad por tener relaciones sexuales (ya te explicamos en qué consistía la llamada ansiosexualidad) hasta autoexigencia, pasando por simplemente encontrarte distraída y con dificultad para concentrarte por ejemplo por el estrés.

Como con cualquier otro problema en el terreno de la sexualidad, pueden existir causas que vayan más allá. Por ejemplo, según un estudio publicado en la revista The Journal of Sex, este tipo de fenómeno está directamente relacionado con nuestra autoestima y con la propia percepción de nuestro cuerpo. En el caso de los hombres, y según este estudio, aquellos con problemas con la apariencia del pene tienen más probabilidades de experimentar disfunción sexual y de asumir el rol del espectador.

Nemanja O Vlive 8ina0 Unsplash

En qué nos perjudica asumir un rol de espectador durante el sexo

Lo primero que ocurre es que al no estar presentes en nuestras relaciones sexuales, no disfrutamos de ellas al 100%. El placer consciente es mucho mayor, más intenso. Si nuestro cerebro está centrado en las sensaciones, en los sentidos y en todo lo que percibimos, disfrutaremos muchísimo más.

Al ser espectador podemos estar juzgándonos durante las relaciones sexuales. Para disfrutar de la práctica erótica, tal y como explica María Esclápez en su libro Inteligencia sexual, es necesario “que exista un abandono a las sensaciones”. Evidentemente si estamos pendientes observando qué hacemos, estamos evitando dejarnos llevar.

Inteligencia sexual: Practica sexo inteligente. Desarrolla tu potencial sexual (Estilo de vida)

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El fenómeno spectatoring puede además jugar un papel clave en nuestra autoestima, en el miedo a fallar, la autoexigencia y en la aceptación de nuestro cuerpo y nuestro placer, ya que si lo hacemos estaremos alimentando a ese espectador y se convertirá en un círculo vicioso.

Un ejemplo práctico. Soy una mujer a quien le cuesta llegar al orgasmo y durante mi relación sexual con mi pareja, me centro en ese pensamiento y no en sus caricias, en mi excitación o en mi placer. Esa preocupación me mantienen en tensión y pensando en que “debería poder llegar al orgasmo”, pero al no dejarme llevar, no lo consigo. En mi próximo encuentro estaré aún más insegura y ese pensamiento de la última vez alimentará más pensamientos que me impidan disfrutar.

De hecho según este estudio del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología, adoptar el rol de espectador es un hábito tóxico que está relacionado con algunas disfunciones sexuales como la disfunción eréctil en los hombres.

Claudia Van Zyl D5xos3wmrwi Unsplash

Cómo podemos alejarnos del rol del espectador en nuestras relaciones sexuales

Aunque puede tratarse de un problema mayor para el que necesitaremos ayuda terapéutica (existe una comunidad profesional de sexólogas y sexólogos muy preparada y dispuesta a ayudarnos), hay algunas claves que pueden ayudarnos a alejarnos de ese rol de espectador y transformarnos en protagonista.

Focalización del placer: centra tus pensamientos en el momento presente y en tus sensaciones

Tal vez esto te cueste al principio, pero podemos comenzar por algo sencillo, a solas y que nos permita identificar nuestro placer y centrarnos en él. Podemos por ejemplo usar un juguete sexual que nos permita ir poco a poco (como el Sila de LELO, por ejemplo) y con el que centrarnos en nuestro placer.

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María Esclapez nos propone en su libro un ejercicio para “dejarse llevar”, basándose en el mindfulness, una técnica para trabajar la consciencia plena. Tal y como afirma la sexóloga, trabajaremos el “autoplacereado”, ejercicio consistente en masturbarte progresivamente y siendo consciente de tu propio cuerpo.

¿Qué te ocurre durante la respuesta sexual? ¿Qué te excita? No tienes por qué llegar al orgasmo, porque se trata de centrarte de forma absoluta en el placer y en cómo lo vive tu cuerpo. Y si la mente te juega una mala pasada y se cuela un pensamiento intrusivo, vuelve a centrarte por ejemplo en el tacto de tu piel o en la caricia que tus dedos hacen sobre tu muslo.

De esta manera, trabajando con tu cuerpo y enseñando a tu mente a dejarse llevar, cuando el encuentro sexual sea en pareja, será más fácil que continúes la dinámica. Si ves la relación como protagonista y no como espectador, podrás captar qué ocurre a nivel físico y divertirte dejándote llevar, sin exigencias ni altas expectativas.

Trabaja en la aceptación tu cuerpo (y de tu sexo)

La psicóloga Iria Reguera nos explicó la importancia de querernos tal y como somos. Aceptar nuestro cuerpo, permitirle disfrutar y ser agradecidas con él, es algo vital no solo para el sexo, sino en todos los aspectos de nuestra vida. Quererse no es un trabajo fácil pero la recompensa es siempre mucho mayor.

Ava Sol 92ab4vmbdxe Unsplash

Y en cuanto al sexo, olvida de una vez la idea de que el sexo debe ser perfecto. El sexo debe ser placentero y consentido, son los únicos dos adjetivos que deben acompañarlo siempre. No necesitan ser nada más, ni una obligación, ni una meta, ni una excusa, ni un momento ideal. Para quitarnos todas estas ideas equívocas de la cabeza podemos abrazar el positivismo sexual, un movimiento que defiende un sexo libre y real.

Comunicación, la clave de todo

Hablar, hablar, hablar, hablar. La comunicación es clave para cualquier relación saludable. Expresar lo que sentimos (tanto positivo como negativo), puede ayudarnos no solo a tratar de solucionar el problema, sino a que al verbalizarlo, cambiemos nuestra perspectiva sobre el mismo.

Ahora que ya sabes en qué consiste el spectatoring y cómo nos afecta, solo queda centrar nuestros pensamientos para dejar de ser una espectadora de tu vida y convertirte en la absoluta protagonista de tu placer.

Fotos | Joshua Rawson-Harris, Kinga Cichewicz, Nemanja .O. Ava Sol y Claudia van Zyl en Unsplash

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