Vivimos pendientes de lo que fuimos y de lo que seremos. Eso implica que dejamos pasar la vida sin habitarla del todo y olvidando que el único momento en que podemos vivir es ahora. No podemos habitar el pasado ni vivir en el futuro. Ramiro Calle lleva décadas recordándonoslo y volvió a hacerlo en el podcast ‘El sentido de birra’. El maestro de yoga y experto en desarrollo personal acumula más de 250 publicaciones escritas, y sus palabras se convierten en un bofetón para despertar
Nos pasamos la vida preparándonos para vivir, pero parece que no vivimos. Rumiamos el pasado, proyectamos un futuro que quizá no llegue y creemos la falacia de la llegada. Mientras lo hacemos, el único lugar donde la vida ocurre realmente se nos escapa entre los dedos. El presente pasa sin que vivamos en él. Eso sí, luego nos tatuamos tempus fugit porque queda muy bonito, y se nos llena la boca con el memento mori de los estoicos.
El problema no es que el tiempo pase, es que no vivimos en él
El concepto clásico de tempus fugit de Virgilio, que podríamos traducir del latín como “el tiempo huye”, habla de que tenemos que aprovechar cada segundo. Calle va más allá y nos explica que el problema no es que el tiempo pase, sino que no lo habitamos. "Aquí, ahora, en este momento es la vida. No lo que fui o qué me importa qué va a pasar o si hay algo, lo veré. Lo importante es que ahora estoy contigo", decía.
Para Calle, la mente humana tiene tendencia a vivir en otra parte, ya sea en nuestro pasado o en el futuro que aún no ha llegado. Y aunque la anticipación positiva del futuro es una fuente de bienestar, si centramos nuestra mente en él, el presente queda vacío de nosotros. “Miras tan lejos que no ves lo que tienes al lado. Estás tan obsesionado con lo que serás, que luego eres irrespetuoso con tu pareja o con tu hermano o no sabes ayudar a tu vecino”, explica.
Cuando habla de la persona que mira tan lejos que no ve lo que tiene al lado, habla de un fallo ético y moral. Nuestra ambición y nuestra propia narrativa nos hace inmunes a quien nos rodea porque nos falta atención. Aunque físicamente sí parezca que estamos cerca, es una ausencia disfrazada de presencia. Te pongo un ejemplo que puedes ver mil veces a tu alrededor: parejas que están con sus móviles mientras cenan en un restaurante. Están físicamente juntos pero también separados.
El problema quizá está en el estilo de vida que vivimos, en esa ’Modernidad líquida’ de la que hablaba Zygmunt Bauman en la que afirma que “en la sociedad actual todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda”. El problema quizá está en que más de mil millones de personas viven con ansiedad o depresión. O en que aunque cada vez hay más herramientas digitales de conexión, también hay más soledad. Cuando vivimos en el ayer o en el mañana como aseguraba Calle, lo que hacemos es alimentar aún más ese desapego, porque en el pasado y en el futuro sólo estamos nosotros. Es en el presente donde están las personas que nos rodean y nos quieren. Por eso la aportación más interesante de Calle a la conversación sobre el tiempo es esa conexión entre la presencia y el amor. No puedes querer bien a alguien desde la distracción. No puedes escuchar de verdad si tu mente está en un proyecto que llegará el mes que viene.
El experto asegura que las técnicas de meditación, especialmente las que usan la respiración como ancla, tienen esa función de devolvernos al ahora. De hecho su libro más reciente, ‘El poder de estar presente’ explora la atención plena como una herramienta de transformación cotidiana para acercarnos no solo a nuestro propio bienestar, sino a quienes nos rodean, porque son las relaciones las que nos hacen realmente felices.
La solución no es pasar por una gran transformación, sino hacer algo mucho más asequible para todos: aprender a detenernos, a prestar atención y a vivir el ahora. Esa conciencia más presente no solo nos hace sentir mejor, nos hace ser mejores con los demás.
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Fotos | YouTube El Sentido De La Birra con Ricardo Moya,
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