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Ser positivo no ayuda a que todo vaya bien (tal y cómo nos han hecho creer) y, a veces, todo lo contrario
Psicología

Ser positivo no ayuda a que todo vaya bien (tal y cómo nos han hecho creer) y, a veces, todo lo contrario

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Sonríe a la vida y ella te devolverá la sonrisa. Si puedes soñarlo puedes hacerlo. No hay nada imposible.

Sí, qué bonito es ser positivo todo el tiempo. De hecho, ser tan, tan, tan positivo es tendencia y parece que todos deberíamos contagiarnos de ello. Aunque los expertos nos advierten de que en el fondo no es tan bueno como parece y que deberíamos valorar que a veces crea más problemas que resolverlos.

Ni ver el vaso todo el rato medio lleno. Ni verlo todo el tiempo medio vacío. La clave según los expertos es no caer en los extremos y, especialmente, no dejarse influir por el positivismo desbordante que inunda todo últimamente.

Y es que el pensamiento positivo a todas horas es más peligroso de lo que parece, pues hace a los que lo practican contar con unos recursos o unos resultados con los que en el fondo no deberían estar tan seguros de contar según nos comentan Maribel Moreno, psicóloga clínica y psicoterapeuta sistémica y Francisco Herrera, médico y psicoterapeuta sistémico del centro Mapa Sistémico, expertos en psicoterapia individual, familiar y de pareja.

Quizá el ejemplo más claro del pensamiento positivo es la frase “cuando la vida te da limones, haz limonada”. Parece algo tan de cajón que jamás nos hemos cuestionado este dicho, pero los expertos nos comentan que no hay que escarbar mucho para encontrarle fallos:

1.- para empezar, tenemos que cuestionarnos si efectivamente ha sido el Destino el que nos ha dado un limón (marrón, problema, drama, lo que consideres llamarlo) o si estamos exagerando y no es tan malo como pensamos;

2.- a continuación, también deberíamos cuestionarnos si este limón (situación, marrón, etc.) es tan malo como parece y si no sería un desperdicio convertirlo en limonada y

3.- si es malo, ¿tenemos que estresarnos justo ahora haciendo limonada con este limón? ¿No es mejor hacer otra cosa?

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Si lo trasladamos a nuestra propia vida lo entenderemos mejor. ¿Quién no ha tenido alguna vez un problema que en el fondo ha terminado siendo algo tremendamente bueno? Como ese trabajo que perdiste por no participar en el proyecto de tus compañeros de universidad, pero que terminó dejándote libre para aceptar otra propuesta de empleo mucho más interesante a largo plazo. O como ese tren que perdiste y que te permitió pasar una hora sentada en un banco en compañía de esa chica que se convirtió en tu mejor amiga.

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Ser demasiado positivo, ¿una negación de la realidad?

Es imposible no pensar en las tazas de Mr. Wonderful cuando hablamos de este tema. O en ese amigo que cree en el amor incondicional, que se conforma con lo que tiene, que acepta las cosas y ve siempre el lado bueno. A veces da la impresión de que en el fondo lo que está haciendo es huir de la realidad y evitar afrontar los problemas. El dolor no se puede evitar, ni las cosas malas, sólo se puede trasladar a otro lado. O esconderlo. O no aceptarlo.

Como nos comentan Maribel Moreno y Francisco Herrera, los expertos que hemos consultado, "en momentos de duda e inestabilidad como el actual es fácil caer en alguna de estas dos actitudes antagónicas: el exceso de optimismo o de pesimismo o, como nos gusta llamarlo a nosotros, positivismo y negativismo defensivos. Estas corrientes aparecen cíclicamente encuadradas en diferentes marcos ideológicos o religioso. El antiguo “Dios proveerá” se ha transformado en la actualidad en una actitud autoimpuesta hacia lo positivo que se traduce en lo que algunos expertos denominan “autoposicionamiento positivo”, diseñado para generar pensamientos de éxito personal, profesional y social".

Nuestros dos expertos nos comentan que a través de las terapias de aceptación y compromiso, los libros de autoayuda y los conferenciantes motivacionales buscamos caminos para la consecución de la felicidad. Parece obligado ser feliz todo el tiempo como si esta felicidad fuera la panacea, el estado de gracia absoluto, el nuevo paraíso.

Parece que solamente estuviera en nuestro interior la posibilidad de conseguirlo, como si los factores externos no influyeran o como si no hubiera lugar para pensamientos y sentimientos “no positivos” como ansiedad, tristeza o enfado.

Giphy

Tristeza, el personaje de la película Del Revés (Inside Out) de Pixar aparece al principio como un personaje molesto, pero al final nos damos cuenta de cuán necesaria es su presencia. El peso de la tristeza entre nuestro equipo básico emocional indica que debe ofrecer alguna ventaja evolutiva.

Sin embargo, afirman, "un exceso de pensamiento positivo también se ha demostrado que es negativo, como si fuera un efecto secundario del empacho de felicidad. Algunos investigadores han unido la presión por pensar positivo con la autoculpa: “si no consigo ser feliz es mi culpa, por no ser capaz de pensar suficientemente positivo”. Esto nos coloca en una encrucijada: si pienso todo el tiempo en positivo, el empacho de falso optimismo elimina la objetividad y el pensamiento crítico pero, si no soy capaz de conseguirlo, me sentiré culpable y aumentará el número y la intensidad de pensamientos negativos sobre mí mismo, colocándome en una posición aún peor que aquélla de la que partí."

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Algunas consecuencias negativas de ser excesivamente positivo

Para empezar, la persona que practica el positivismo exagerado crea unas expectativas que no se corresponden con la realidad, exageradas y que nos pueden conducir a la frustración rápidamente.

La consecuencia directa de esas expectativas exageradas y excesivamente positivas es que es difícil valorar de manera objetiva las circunstancias personales, adaptarse a las mismas o calcular qué pasos hay que dar a continuación.

Además, las personas que se exceden en ese planteamiento tan positivo nunca tienen un plan alternativo, pues consideran que no es necesario ya que en sus cálculos todo va a salir bien. Al no considerar que existe una oportunidad de que algo salga mal, no están tan bien preparados para afrontarlo. Y se autoengañan o se mienten a sí mismos. O sólo ven la parte de la realidad que quieren ver, ignorando los obstáculos, problemas, etc.

La agilidad emocional, la capacidad para afrontar los vaivenes emocionales

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Según nos comentan Maribel Moreno, psicóloga clínica y psicoterapeuta sistémica y Francisco Herrera, médico y psicoterapeuta sistémico del centro Mapa Sistémico esa desconexión entre el sentimiento y el pensamiento que me dice qué sentimiento debería tener no es tampoco la mejor solución. Tanto un exceso de optimismo como lo contrario reflejan en realidad una rigidez emocional o racional que nos acabarán impidiendo aceptarnos a nosotros mismos y buscar soluciones válidas.

Más que la búsqueda de estar siempre felices debemos cultivar lo que los expertos llaman “la agilidad emocional”, que consiste en la capacidad de ser consciente y receptivo a todo tipo de cambios y vaivenes emocionales acordes con las distintas situaciones vitales sin quedarse bloqueado por ellos. Es decir, poseer la flexibilidad emocional suficiente para afrontar lo que la vida nos traiga.

Finalmente, cultivar una cierta objetividad y un pensamiento crítico mejora la memoria, el tino mental y la cautela. En resumen,** estamos hablando de inteligencia emocional**.

Fotos| Creative Commons, Mr. Wonderful, Unsplash

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