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La resiliencia te ayuda a enfrentarte a las adversidades de la vida (y nosotras sabemos cómo entrenarla)
Psicología

La resiliencia te ayuda a enfrentarte a las adversidades de la vida (y nosotras sabemos cómo entrenarla)

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A estas alturas ya todo el mundo sabe que me gusta hacer confesiones y hoy vengo a hacer una más: mi palabra favorita del idioma español es 'resiliencia'. La aprendí hace muchos unos pocos años, mientras estudiaba la carrera de psicología y cuando el profesor nos explicó su significado, y lo que implicaba para nuestras vidas que fuéramos resilientes, me enamoré.

Y hasta hoy. No he encontrado, después de descubrir el término resiliencia, una palabra que me gusta más por sonoridad y significado - salvo quizás 'tiquismiquis', pero ese es otro tema -. Sin embargo, 'resiliencia' no es solo una palabra bonita, sino que es algo que podemos cultivar, desarrollar y ayudarnos a movernos por la vida. Sobre todo, cuando se nos presentan dificultades.

De qué hablamos cuando hablamos de resiliencia

Es posible que más de una de vosotras hayáis visto alguna vez esa imagen de un jarrón roto y reconstruido por piezas haciendo uso del oro. El resultado final es un jarrón en el que se puede ver claramente por dónde se ha roto, pero que no intenta esconderlo, sino que lo embellece y recompone gracias al oro.

Está técnica japonesa se conoce como Kintsugi, y es una metáfora perfecta de lo que significa la resiliencia. La resiliencia no solo se refiere a la capacidad que tenemos los seres humanos de hacer frente a las adversidades que se nos ponen en el camino, sino que se trata de salir reforzados de ellas.

Es decir, las personas resilientes no solo superaran los problemas que se les presenten a lo largo de su vida, sino que tienen la capacidad de convertir estas experiencias en algo de lo que aprender y conseguir que los fortalezca y los mejore. No solo sobreviven a los golpes y a las roturas, sino que salen fortalecidos, renovados y mejorados de ellas.

Las personas con esta capacidad tienen mayor habilidad para manejar la frustración, controlar sus niveles de estrés, y enfrentarse a los problemas. Algunas personas van aprendiendo esta habilidad sin darse cuenta, gracias a su entorno, a la educación recibida o a su propia personalidad.

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Para otros, sin embargo, es una característica que debemos esforzarnos en obtener. Por suerte, todo se puede aprender en esta vida y a ser resilientes también: solo hace falta dedicar un poco de esfuerzo.

Cómo mejorar nuestros niveles de resiliencia

Fija tu atención en los aspectos positivos de tu vida

A veces, incluso sin darnos cuenta, tenemos cierta tendencia a fijarnos únicamente con las cosas negativas que tenemos alrededor o las cosas malas que nos pasan durante el día.

Es por ello que es buena idea que dediquemos cierto tiempo al día para centrarnos únicamente en las cosas buenas. Podemos apuntar en un papel las cosas buenas que nos han pasado durante ese día - al menos tres, pero pueden ser más - o las cosas buenas que tenemos a nuestro alrededor.

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Identifica tus fortalezas y lo que te gusta de ti misma

Haced la prueba, preguntadle a alguien de vuestro entorno cinco cosas que no les gusta de ellos mismos y, después, preguntadles cinco cosas que sí les gusten. Lo más habitual es que la mayoría de las personas no tengan ningún problema para indicar las cinco cosas que no les gustan, pero luego no sean capaces de decir cinco que sí.

Nosotras mismas somos las que peor identificamos y más pasamos por alto algunas de nuestras virtudes y fortalezas. El problema es que si no las reconocemos y no somos conscientes de ellas cuando se nos presente un problema nos sentiremos indefensas por no saber qué herramientas tenemos para enfrentarlo. Por ello, es buena idea dedicar un tiempo a reconocer lo más objetivamente posible cuáles son nuestras fortalezas como persona.

No podemos cambiar las adversidades, pero sí cómo nos enfrentamos a ellas

Cuando nos ocurre un problema o se nos presenta una adversidad es totalmente normal que nos sintamos mal sobre ella. Sin embargo, también es importante que sepamos reconocer que lo que nos hace sentir tan mal en la mayoría de los casos - no en todos - no es la propia adversidad, sino lo que pensamos sobre ella.

Esto no quiere decir que no podamos sentirnos mal cuando nos pasa algo malo - al contrario, yo soy una gran defensora de nuestro derecho a estar tristes - sino que sepamos que las cosas malas no nos incapacitan, tenemos herramientas adecuadas para manejarlas, vamos a ser capaces de superarlas y sobreviviremos.

Un ejercicio que me gusta hacer cuando a mí o alguien de mi entorno nos da la sensación de que no vamos a ser capaces de superar un problema es ponerme en el peor escenario: ¿qué es lo peor que te puede pasar? la peor de las opciones posibles. Y, a partir de ahí, imaginar qué haríamos, qué recursos tenemos y cómo nos vemos en unos meses a partir de ese escenario.

En la mayoría de los casos, la respuesta es "superándolo". El ser conscientes de manera objetiva de que seremos capaces de superar el peor escenario posible ayuda a darnos cuenta de la perspectiva real de la adversidad que se nos presenta y relativizar.

Date tiempo para disfrutar: de la vida y de tus actos

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¿Alguna vez te han hecho un cumplido por algo que hayas hecho y te has encontrado a ti misma diciendo que no es nada o que "es lo que tenías que hacer"? Porque yo sí. Las cosas que hacemos de manera eficaz y los logros que conseguimos los tomamos como obligaciones que debíamos cumplir en vez de como lo que son: el resultado de nuestro esfuerzo, nuestro trabajo y nuestra dedicación.

Todo lo que conseguimos y logramos son un reflejo de nuestras capacidades y habilidades y deberíamos disfrutarlos. Mirarlos bien y observar lo que hemos conseguido y felicitarnos por ello. Especialmente cuando lo conseguimos tras superar algunas o muchas dificultades.

Además de eso, cuando nos enfrentamos a un problema, solemos centrarnos únicamente en este y todo nuestro esfuerzo, nuestro pensamiento, nuestro tiempo y nuestra energía se centra en ello. Por supuesto, hay problemas que son difíciles de dejar de lado y otros que requieren tiempo, pero está bien que nos demos tiempo para disfrutar de actividades que nos gusten, nos hagan felices y nos recuerden que incluso en la adversidad hay rayitos de luz. O arreglos de oro.

Imágenes: Gilmore Girls, Giphy

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