Ikram es una perrita de tres meses que llegó a España el pasado 19 de junio en una patera interceptada por Salvamento Marítimo. Sin ni siquiera ser humana, ella también forma ya parte de las historias trágicas de migrantes que arriesgan su vida para cruzar el Mediterráneo y llegar a España. Aunque consiguió desembarcar sana y salva a la costa de Ibiza, su futuro es incierto por una cuestión burocrática que podría costarle la vida.
La situación de Ikram, que en árabe significa "hospitalidad" y "generosidad", es paradójica porque llegó con toda su documentación en regla, salvo porque no tenía puesta la vacuna de la rabia, requisito para que los perros entren en la Unión Europea. Esto se debe a que, en Argelia, no se administra de forma obligatoria, pese a ser un país con una alta incidencia de dicha enfermedad, tanto en animales como en humanos. Además, en perros se suele poner justamente a partir de los tres meses de edad.
No obstante, todo apunta a que esta cachorra estaba bien cuidada ya que su propietario, desconocido e ilocalizable actualmente aunque sí se sabe que era un menor, no solo la trajo consigo en busca de una vida mejor en lugar de abandonarla en Argelia sino que se acordó de llevar consigo la documentación.
Desde su llegada España, Ikram se encuentra en cuarentena en el Centro de Protección Animal de Sa Coma, mientras que el Ministerio de Agricultura baraja dos salidas: devolverla a Argelia o sacrificarla. Para evitar, sobre todo, la segunda opción el partido animalista PACMA ha lanzado una campaña urgente. “El sacrificio de un animal aparentemente sano no puede ser la respuesta que demos como sociedad en pleno siglo XXI”, ha subrayado la organización.
Como alternativa, proponen establecer una cuarentena controlada con seguimiento veterinario y pruebas diagnósticas que dure todo el tiempo que sea necesario. Lo que está claro es que Ikram no entiende de geopolítica, de leyes migratorias ni de protocolos veterinarios. Solo sabe que está sola en una jaula, esperando. Y que su vida, a día de hoy, depende de que quienes tienen poder estén dispuestos a aplicar el sentido común.
De momento, su historia ha generado una oleada de solidaridad y empatía por toda España a la que nos sumamos. Eso sí, el Ayuntamiento de Ibiza ya ha prometido que protegerá la vida de la perrita y que incluso se negará a sacrificarla o a deportarla en el caso de que llegara la orden desde el gobierno central.
Foto de portada | Concejalía de Bienestar Animal del Ayuntamiento de Ibiza