Seguramente has visto alguno de sus videos: sus expresiones exageradas y sin diálogos te sacaron una carcajada, sin embargo, detrás del humor que caracterizan los videos de Khaby Lame, la historia de este joven ha pasado de ser la de un chico sin trabajo para dar un rotundo giro y convertirse en uno de los nombres más comentados del universo digital, y lo ha hecho casi sin decir ni una sola palabra.
Su historia, tan improbable como inspiradora, ilustra cómo alguien puede transformar una forma de hacer contenido aparentemente sencilla en un auténtico imperio con cifras de infarto, cambiando para siempre la forma en que pensamos sobre la fama en internet.
Nacido en Dakar, Senegal, y criado desde muy pequeño en Italia, Khaby Lame empezó a hacerse viral durante los duros tiempos de la pandemia de COVID-19 con sus vídeos en TikTok donde se reía de trucos complicados para tareas sencillas y mostraba la forma obvia de hacerlas con un gesto y una expresión que se hicieron mundialmente reconocibles.
Ese estilo sin palabras ni giros dramáticos rompió barreras culturales y lingüísticas, conectando con millones de personas y llevándole a acumular más de 160 millones de seguidores en la plataforma.
Pero Khaby no se quedó en el simple éxito de seguidores o en los contratos puntuales con marcas. Su gran visión fue construir una estructura empresarial detrás de su popularidad, centrada en su compañía Step Distinctive Limited, que gestionaba desde acuerdos comerciales y productos de merchandising hasta campañas de marketing y comercio electrónico.
Esa estrategia fue clave para convertir sus contenidos virales en ingresos sostenibles y escalables, algo que muchos influencers nunca llegan a hacer.
@khaby.lame It’s always the same story with you neighbor… every year#learnfromkhaby #comedy
♬ original sound - Khabane lame
El punto de inflexión llegó en enero de 2026, cuando Khaby cerró un acuerdo histórico con la firma estadounidense Rich Sparkle Holdings valorado en aproximadamente 900 millones de dólares, en el que parte de su empresa pasó a manos de este conglomerado internacional y se le concedieron derechos exclusivos sobre la explotación comercial de su marca a nivel global durante al menos tres años.
La operación no fue una simple venta por dinero en efectivo, sino que convirtió al propio Khaby en uno de los accionistas mayoritarios de la nueva estructura, asegurándole un papel activo en el crecimiento futuro de su negocio.
Lo más llamativo de todo es que este movimiento no sólo redefine cuánto puede valer una "marca personal" en la era digital, sino que también establece un modelo: de comediante de TikTok a ser un accionista de una empresa cotizada, pasando por la creación de un "gemelo digital" con IA para producir contenido en múltiples idiomas y formatos sin que él esté presente.
La historia de Khaby Lame demuestra que, en el ecosistema digital actual, la fama viral puede ser tan sólo el punto de partida. Para muchos creadores emergentes, su trayectoria, es un recordatorio de que Internet sigue siendo un terreno fértil para reinventar el éxito si sabes jugar bien tus cartas.
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