Hubo un tiempo en el que hablar de los multimillonarios y la desigualdad social sonaba a discurso filosófico de fin de semana. Ahora, sin embargo, la cosa se ha convertido en tema de debate real en el mundillo tecnológico y financiero, con implicaciones que van mucho más allá de la típica foto en traje y corbata, puesto que ahora, cada vez más adinerados se cuestionan si amasar riqueza sin medida es algo saludable para la sociedad.
Los cofundadores de Anthropic, la empresa de inteligencia artificial responsable de Claude, han dado un paso que ha dejado con la boca abierta a más de uno en Silicon Valley y en Wall Street: han prometido donar el 80 % de su riqueza antes de que "la concentración de riqueza rompa la sociedad".
Bajo la batuta de Dario Amodei, y junto a su hermana Daniela y otros cinco socios, este grupo de millonarios se plantea que acumular dinero sin límites no tiene sentido si ese mismo dinero podría usarse para atajar problemas de desigualdad cada vez más acuciantes en un mundo transformado por la automatización y la IA.
La razón detrás de esta decisión no es un simple acto de caridad repentino, sino una preocupación palpable por cómo se está distribuyendo la riqueza en la era de la inteligencia artificial. Amodei ha avisado que el enorme poder económico que están generando tecnologías como la IA de Anthropic podría dejar a grandes sectores de la población en la estacada si no se toman medidas ahora, porque esa concentración extrema de riqueza "podría romper la sociedad".
De hecho, su planteamiento va más allá de donar dinero: creen que es una especie de obligación moral de los súperricos ayudar a gestionar la transición que viene, donde la automatización podría reemplazar trabajos y dejar a mucha gente fuera del sistema tradicional de empleo.
Foto de Samuel Regan-Asante en Unsplash
Lo llamativo de este movimiento es que no se trata de un gesto aislado, sino de una respuesta a una tendencia que muchos analistas y críticos ven como insostenible. Con la riqueza de los más ricos alcanzando cifras históricas, la brecha entre unos pocos privilegiados y la mayoría ha saltado a primera página de las conversaciones sobre economía y justicia social en Estados Unidos y más allá.
Ese contraste provoca reacciones encontradas: por un lado está la crítica de que los súperricos no hacen lo suficiente para equilibrar la balanza; por otro, gestos como el de Anthropic pueden ser vistos como un intento genuino de usar recursos enormes para algo que supere los balances financieros y apunte realmente al bien común.
Sea como sea, está claro que la conversación sobre la riqueza, su propósito y su impacto social ya no puede ignorarse.
Foto de Jessica Chou
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