Mucha gente cree que sudar más equivale a oler peor, pero la ciencia dice otra cosa, y aunque comúnmente creemos que el perfume o productos como los desodorantes están para ayudarnos, lo cierto es que hay algo que tenemos que saber sobre el olor corporal: según Ask The Scientists, el sudor por sí mismo es inodoro; el problema viene cuando entra en contacto con las bacterias que viven naturalmente en la piel.
Esas bacterias descomponen el sudor y producen compuestos llamados tioalcoholes, que son los responsables de ese olor característico, y muchas veces algo desagradable. Así que el desodorante más caro del mercado solo está cubriendo el síntoma, no la causa de fondo.
La dieta que llevas apesta (literalmente)
Uno de los factores que más impacta el olor corporal y que pocas personas toman en serio es lo que se come todos los días. Cuando el cuerpo digiere ciertos alimentos, sus subproductos se liberan a través del sudor. El consumo elevado de carne roja, alcohol, ajo, cebolla y alimentos ultra procesados genera compuestos con azufre y ácido acético que el cuerpo literalmente expulsa por los poros.
Un estudio de la Universidad de York en Inglaterra encontró que las personas que redujeron su consumo de carne roja fueron percibidas como más agradables en olor por quienes las rodeaban, y aquí es donde entra el hábito que más se pasa por alto.
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Cuando el microbioma intestinal está desequilibrado (un estado conocido como disbiosis) o cuando la barrera intestinal no funciona de manera óptima, los metabolitos producidos por las bacterias pueden absorberse al torrente sanguíneo. Una vez ahí, viajan por todo el cuerpo y terminan siendo secretados a través de las glándulas sudoríparas, añadiendo más "combustible" maloliente a lo que ya producen las bacterias en la piel.
La conexión entre el sistema digestivo y el perfil de olor de una persona es una pieza fascinante de la biología conocida como el eje intestino-piel. Básicamente, lo que ocurre en el intestino no se queda ahí: las bacterias intestinales producen ácidos grasos de cadena corta mediante la fermentación de fibra, compuestos que tienen un olor característico y pueden influir directamente en el olor corporal.
Esto explica por qué dos personas con exactamente la misma rutina de higiene pueden oler completamente diferente: sus microbiomas son distintos.
Leaky gut: cuando el intestino amplifica los olores
Un microbioma intestinal en disbiosis puede aumentar los niveles sistémicos de amoníaco, compuestos de azufre volátiles y ácidos grasos de cadena corta, todos los cuales contribuyen al olor corporal cuando se excretan a través de la piel. El intestino permeable agrava el problema (en una condición llamada leaky gut) porque cuando el revestimiento intestinal se daña, partículas de alimentos sin digerir y compuestos que generan mal olor pueden filtrarse hacia el torrente sanguíneo.
Es, literalmente, como dejar comida descomponiéndose por dentro.
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Las dietas altas en proteínas y grasas, ricas en carne roja y huevos, favorecen el crecimiento de bacterias que producen metabolitos malolientes. Por el contrario, las dietas ricas en fibra promueven microbios benéficos que generan compuestos menos odoríferos. Verduras de hoja verde como espinacas o acelgas contienen clorofila, un antioxidante natural que puede neutralizar compuestos indeseables en el organismo y reducir el mal olor desde adentro hacia afuera.
Para atacar este problema desde dentro, los probióticos pueden ayudar a reequilibrar el microbioma desplazando las bacterias "malas" productoras de olores, reforzar la barrera intestinal para reducir los metabolitos olorosos al torrente sanguíneo y mejorar la eficiencia digestiva para que los alimentos se descompongan adecuadamente y se minimice la fermentación. No son un remedio mágico, pero sí una herramienta con respaldo científico creciente para atacar el problema desde la raíz.
El perfume cubre, la alimentación transforma
El mercado de desodorantes y perfumes mueve miles de millones de dólares al año, pero ningún producto externo puede compensar un intestino inflamado o una dieta que alimenta bacterias nocivas. La ciencia apunta a que mejorar la calidad de lo que se come: con más fibra, menos ultraprocesados, menos alcohol y más vegetales, tiene un efecto real y medible en cómo huele una persona.
La buena noticia es que el microbioma intestinal responde relativamente rápido a los cambios en la alimentación, por lo que incorporar alimentos fermentados como yogur natural, kéfir o kimchi, e hidratarse bien son pasos concretos que cualquier persona puede dar hoy para oler bien, porque la ciencia señala que existe una conexión entre la salud del microbioma intestinal y lo que ocurre en la piel, incluyendo las bacterias responsables del olor corporal.
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