Durante años se ha debatido qué hay detrás de la brecha de género en la economía personal, esa diferencia que hace que, de media, las mujeres acaben con menos ahorros, menos inversiones y menos autonomía financiera que los hombres. Pues bien, buena parte de la respuesta puede estar en cómo cada género decide informarse y formarse sobre dinero, una elección aparentemente inocua que tiene grandes efectos a largo plazo.
Según un estudio reciente de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), hombres y mujeres aprenden sobre finanzas de formas muy distintas, y esa diferencia es parte de la raíz del problema: ya que apunta a que las mujeres, a la hora de ponerse al día con conceptos financieros, suelen preferir opciones gratuitas como contenidos en internet, formación básica o cursos en el entorno laboral.
Por el contrario, los hombres tienden a explorar un abanico más amplio de recursos y, lo que es más importante, están más dispuestos a pagar por su educación financiera, ya sea a través de cursos especializados, másteres o programas de posgrado.
Esa disposición a invertir dinero en aprender sobre inversiones, planificación financiera o productos bancarios no es una tontería. Cuanto más preparado está uno, más herramientas tiene para tomar decisiones complejas como negociar un préstamo, entender tasas de interés o montar su propio plan de jubilación.
En este sentido, quienes sólo se forman con lo que encuentran gratis en la red, puede que se pierdan en mares de información poco fiable o superficial, y eso acaba traduciéndose en menos confianza cuando hay que actuar de verdad con el dinero.
Además, se sabe que las mujeres suelen ser más propensas a responder "no sé" cuando se les pregunta sobre conceptos financieros básicos, y esta tendencia también se ha observado en estudios más amplios como la Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España, así como en otros países como Estados Unidos o Alemania.
Sin embargo, esto no quiere decir que las mujeres sean menos capaces, sino que las rutas de aprendizaje que eligen las dejan con menos práctica en habilidades de conceptos financieros avanzados, que son claves para manejar con soltura las finanzas personales.
Al respecto, la brecha no sólo se queda en teoría: tiene consecuencias reales. Una persona bien informada en economía personal no solo entiende qué es el interés compuesto, sino que sabe cómo sacarle partido, una soltura que les permite tomar decisiones con menos miedo y más estrategia, algo clave cuando se trata de asumir riesgos calculados que pueden multiplicar el patrimonio a largo plazo.
Además, la confianza juega un papel fundamental: diversos estudios sobre competencias financieras, como los recogidos por el Banco de España, muestran que la autopercepción de conocimiento influye directamente en la toma de decisiones económicas.
En el fondo, la clave está en entender que pagar por aprender no es un gasto, sino una inversión estratégica. Si la ventaja masculina empieza cuando decide tomarse en serio su educación financiera y apostar por formación de calidad, el resultado es un perfil más preparado para generar riqueza, protegerla y hacerla crecer.
La brecha no surge de la nada. Se construye, poco a poco, desde el momento en que alguien decide cuánto está dispuesto a invertir en saber manejar su propio dinero.
Foto de Mathieu Stern en Unsplash | Disney Plus
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