Hablar de Amancio Ortega es hablar de un caso único en el mundo de los negocios: puesto que creó uno de los mayores imperios de moda del planeta sin dar apenas entrevistas, sin dejarse ver en eventos y manteniendo una alergia casi legendaria al foco público.
Su lógica empresarial quedó al desnudo en una frase recogida por Luis Lara y Jorge Mas en el libro 'Por qué unas tiendas venden y otras no', en el que Ortega afirma que "si he ganado tanto dinero ha sido porque mi objetivo no ha sido nunca ganar dinero".
Suena paradójico viniendo del hombre detrás de Inditex, pero encaja perfectamente con su filosofía: el dinero es la consecuencia, no el fin. Para Amancio, la prioridad siempre ha sido el trabajo diario, la capacidad de adaptarse y, sobre todo, obsesionarse con el crecimiento de la compañía en lugar de mirar la cuenta de resultados al final del día. Llegó a reconocer que ni siquiera miraba los balances habitualmente; lo que le importaba era la máquina, no el contador.
La obsesión por el movimiento
"Si no hay crecimiento, una compañía se muere", suele repetir. Porque para él, una empresa es un organismo vivo que necesita tracción constante: abrir tiendas, ampliar logística, ganar músculo productivo y capacidad de respuesta. No se trata solo de vender más, sino de construir la agilidad necesaria para que el mercado no te pille despistado, y en su visión, crecer es el único mecanismo real de supervivencia.
Amancio nació en 1936 en Busdongo de Arbas (León), hijo de un ferroviario y una ama de casa. Los traslados de su padre llevaron a la familia a A Coruña, la ciudad que lo cambiaría todo.
Con 12 años dejó los estudios por necesidad económica y a los 14 ya trabajaba como chico de los recados en la mercería La Maja. Allí pisó el barro del comercio: aprendió el oficio, pasó a dependiente y conoció a Rosalía Mera, su primera mujer y pieza clave en la fundación del negocio.
En esa etapa germinó la idea central de lo que hoy es la moda rápida. Junto a sus hermanos y Rosalía, empezó a confeccionar batas guateadas para la clase alta coruñesa. ¿La fórmula? Cortar intermediarios, reducir costes y ofrecer producto atractivo de forma ágil a precios competitivos.
El negocio funcionó, se amplió a camisas y ropa deportiva, y en 1963 dio el salto formal con Confecciones Goa (las iniciales de su nombre al revés), pero el verdadero terremoto llegó en 1975 con la apertura de la primera tienda Zara en A Coruña.
En 1985 nació el holding Inditex y, poco después, la conquista exterior: Oporto en 1988, seguida de hitos como Nueva York y París, junto a la creación y compra de marcas como Pull&Bear, Bershka o Oysho.
Pasar de coser batas en un taller familiar a gestionar más de 5.500 tiendas en los cinco continentes demuestra que Amancio Ortega nunca buscó el dinero: construyó un sistema, y el dinero simplemente no tuvo más remedio que llegar.
Fotos de El Confidencial
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