Abres una lata de sardinas, te comes la mitad y guardas el resto en una balda de la nevera, para otra ocasión. Quizá le pones un platito encima. El problema es que ese plato no va devolverle a la conserva la protección que tenía en la lata antes de abrirla.
La farmacéutica y tecnóloga de alimentos Boticaria García lo explica con una imagen difícil de olvidar: "Una lata abierta en la nevera es un descapotable con autopista a la infección y al deterioro". Explica que al destaparla, el alimento entra en contacto con el aire, empieza la oxidación y "el puede coger sabor metálico", cuenta. Además, puede estropearse antes o algo peor.
En la nevera, una conserva abierta comparte escenario con muchos otros productos. El frigorífico es una fiesta de bacterias a baja temperatura, por eso "la comida mal conservada o contaminada por manipulación con bacterias como salmonela, E. coli, campylobacter o estafilococo aureus puede estar haciendo de las suyas".
Qué hacer con la conserva que nos ha sobrado
La propia Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda guardar los alimentos refrigerados en recipientes cerrados. Por lo tanto, la solución es pasar el contenido a un recipiente limpio y cerrado (como un táper) y meterlo en la nevera. Desde luego, lo que no cumple con esa recomendación es dejar la lata destapada o cubrirla simplemente con un plato.
Por último, Boticaria García propone consumir lo que nos haya sobrado en tres o cuatro días: "No porque al quinto día la sardina explote, pero cuanto más tiempo pasa, más fácil es que se deteriore", añade.
Foto de portada | Karen Laårk Boshoff / Boticaria García
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