Si hoy te pido que imagines una fábrica de cerveza, probablemente pienses en enormes depósitos industriales de acero inoxidable, maestros cerveceros, catas de IPA llenas de hombres barbudos y etiquetas con diseños de tonalidades oscuras y tipografías robustas. Pero hubo un tiempo en el que elaborar cerveza no era una profesión masculina ni una industria multimillonaria. Era una tarea doméstica. Y, como tantas otras, estaba en manos de las mujeres.
De hecho, numerosos historiadores consideran que las primeras personas en elaborar cerveza fueron mujeres. Básicamente porque, en las primeras sociedades agrícolas, ellas eran las encargadas de moler el grano, preparar el pan y procesar los alimentos. Así que, en ese contexto, casi con toda probabilidad también acabaron descubriendo las posibilidades de la fermentación.
La cerveza es una de las bebidas más antiguas de la humanidad y su historia comienza mucho antes de las cervecerías artesanales. Y durante miles de años tuvo un marcado protagonismo femenino.
La diosa de la cerveza
Si hay una prueba de la importancia que alcanzó la cerveza en la antigüedad, se encuentra en la antigua Mesopotamia. Los sumerios adoraban a Ninkasi, la diosa de la cerveza, y hacia el año 1800 a. C. se data un himno en su honor que hoy se considera uno de los documentos más antiguos relacionados con la elaboración de esta bebida.
El poema no era una receta al estilo moderno, pero describe el proceso de fabricación mezclando instrucciones con poesía religiosa. La cerveza formaba parte de la alimentación diaria y tenía un profundo significado religioso y social. Algo parecido ocurría en el antiguo Egipto. Allí la cerveza era un alimento habitual para buena parte de la población y numerosas representaciones artístias muestran a mujeres moliendo cereal, preparando la mezcla y supervisando la elaboración.
Durante siglos, elaborar cerveza fue una tarea del hogar
Así que, mucho antes de que existieran las grandes marcas, la cerveza se hacía en casa. En buena parte de la Europa medieval, miles de mujeres elaboraban cerveza como parte de la dieta de sus familias y, cuando sobraba, la vendían entre sus vecinos. Algunas consiguieron convertir esa actividad en una fuente de ingresos relativamente estable, algo nada habitual para la época.
De hecho, existía hasta un nombre específico para referirse a ellas. En Inglaterra se las conocía como alewives o brewsters, términos que designaban a estas mujeres dedicadas a elaborar y vender cerveza.
Lo curioso es que muchas de las imágenes asociadas a estas cerveceras medievales (como los grandes calderos donde preparaban la cerveza, los gatos que protegían el grano de los ratones o los sombreros altos que algunas utilizaban para hacerse visibles en los mercados) han dado pie a una teoría muy popular en internet, aunque no confirmada: que fueron ellas quienes inspiraron la imagen clásica de las brujas.
¿Las primeras cerveceras inspiraron a las brujas?
Aunque es una buena historia, los especialistas piden prudencia. Es cierto que muchas cerveceras utilizaban calderos, convivían con gatos y algunas llevaban sombreros altos para destacar entre los puestos del mercado, no existen pruebas de que esos elementos fueran el origen directo del estereotipo de la bruja ni de que las cerveceras fueran perseguidas por ese motivo.
No obstante, eso no hace menos interesante la realidad. Lo que sí está bien documentado es que, conforme la cerveza dejó de ser una producción doméstica para convertirse en un negocio cada vez más rentable, la presencia femenina fue perdiendo protagonismo. Los gremios, las restricciones legales para las mujeres en algunos territorios y, más tarde, la industrialización hicieron que la elaboración de cerveza pasara progresivamente a estar dominada por hombres.
Un legado que vuelve a hacerse visible
Durante mucho tiempo, la historia de la cerveza se contó casi exclusivamente desde el punto de vista de las grandes fábricas y sus fundadores. Sin embargo, en los últimos años, numerosos historiadores y divulgadores han recuperado el papel que desempeñaron las mujeres durante milenios.
Hoy existen organizaciones como Pink Boots Society, que apoyan a mujeres que trabajan en el sector cervecero y recuerdan que su presencia no es una novedad, sino el regreso a una tradición que comenzó hace miles de años.
Al final, resulta curioso pensar que una bebida que hoy solemos asociar a un imaginario tan asociado a lo masculino como es el de los pubs, las fábricas, el fútbol o las cervezas artesanales empezara, muy probablemente, entre sacos de cereal, hornos de pan y cocinas familiares. Y que, durante buena parte de la historia, si alguien te servía una cerveza, lo más probable es que también fuera la misma mujer que la había elaborado.
Foto de portada | Gerrie van der Walt y Dominio público
En Trendencias | Gerrie van der Walt
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