Tus hijos están pendientes de cómo te relacionas con tu pareja. Quizás estés cometiendo estos errores sin darte cuenta

Son comportamientos que a veces tenemos sin ser conscientes de ellos, pero que pueden marcar a tus hijos en un futuro

Actitudes Toxicas Que Un Padre Tiene Y Aprende Su Hijo
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Anabel Palomares

Editor

Aunque pensemos que no, los niños ven todo lo que hacemos. No solo nos observan cuando les regañamos, también cuando interactuamos con otros, y esas interacciones pueden ser más tóxicas de lo que creemos y que nuestros hijos lo absorban. El neuropsicólogo Álvaro Bilbao explica que “al igual que una sustancia tóxica estas actitudes pueden instaurarse poco a poco en la forma de pensar y sentir de los niños haciendo que generen creencias que pueden ser muy perjudiciales para su desarrollo emocional”. Nos equivocamos a la hora de relacionarnos, especialmente con nuestra pareja, y los niños lo absorben como esponjas que son.

La psicóloga Claire Nicogossian, profesora adjunta de psiquiatría y comportamiento humano en la Universidad de Brown, explicaba a Huffington Post que es imprescindible que los padres acepten sus errores. “Son inevitables y brindan la oportunidad de crecer y aprender, que es como desarrollamos la sabiduría parental”, aseguraba. Pero dentro de que tenemos que asumir nuestros errores, hay actitudes tóxicas que es mejor que evitemos por nuestras relaciones y por las que los niños tendrán en el futuro.

Hablar con desprecio a tu pareja

Los famosos psicólogos John y Julia Gottman, tras años de estudios, llegaron a la conclusión de que el mayor predictivo de separación para una pareja era el desprecio, uno de los cuatro jinetes del apocalipsis relacional. Consiste en faltar el respeto a nuestra pareja, ya sea insultándola (es que eres tonta), menospreciándola (¿de verdad te sientes mal por eso? Es una estupidez), comparándola de forma hiriente (cualquier otra persona lo haría mejor que tú), usando el sarcasmo (¡qué sorpresa! Has vuelto a llegar tarde), burlándose de ella con gestos o imitaciones,  o usando el lenguaje corporal para poner los ojos en blanco o hacer muecas. Tus hijos te ven y lo imitarán contigo cuando crezcan, pero también lo harán en sus relaciones de pareja cuando sean mayores impidiendo que estas sean saludables.

Esconder las reconciliaciones después de una discusión

Si discutimos delante de nuestros hijos, ¿por qué nuestros hijos no ven que nos reconciliamos? Es normal que, aunque tratemos de evitarlo, en algunos momentos discutamos delante de los niños y reconciliarnos con cariño es algo que los niños, en ese caso, también deberían ver. Si es el momento en que discutís delante de ellos, mejor, pero si es al día siguiente, asegúrate de decirles a tus hijos que resolvisteis la situación. De esta forma el niño no solo ve que puede haber desavenencias en la relación, sino que pueden tratarse con respeto y llegar a un acuerdo.

Gritar cuando estamos comunicándonos

Se ha demostrado que cuando los padres se gritan, sus hijos se ponen ansiosos, y no queremos enseñarles a nuestros hijos que es así como se resuelve un conflicto o como se expresan nuestras necesidades. Es preferible que el niño vea que os calmáis y que la discusión se resuelva cuando no estéis enfadados a que perciba que discutir a gritos y sin una comunicación efectiva es la norma.

Evidentemente todos podemos perder los estribos en algún momento y alzar la voz pero “los niños observan cuándo reaccionamos al estrés, los conflictos, la presión o el agotamiento, y cómo les gritamos a nuestros familiares, parejas y cónyuges”, afirmaba Nicogossian. No solo por tus hijos sino por ti, es una buena idea aprender cómo responder y reaccionar en situaciones así, para que tus hijos vean cuál es la forma correcta de hacerlo.

Echar la culpa a tu pareja y no asumir tu responsabilidad

Si te ve echando balones fuera, culpando a otros, poniéndote a la defensiva y no reconociendo nunca tus errores tu hijo puede percibir que eso es algo válido y repetir el comportamiento. “En los conflictos, a menudo hay tres verdades: la tuya, la mía y la veracidad de lo que realmente sucede”, aseguraba Nicogossian.

Es cierto que admitir lo que hacemos mal es complicado en muchas ocasiones, pero es necesario que exista un diálogo que facilite las cosas. “Encontrar la verdad puede ser difícil, por eso escuchar la perspectiva de cada persona y trabajar para resolver el conflicto y mantener límites sanos, seguridad y confianza en la relación debe ser la prioridad, por encima de la necesidad de tener la razón o de ganar durante el conflicto”, explica la experta.

Usar un lenguaje de todo o nada

Es sencillo: usar palabras como "siempre" o "nunca", es generalizar una situación y cerrar la puerta al entendimiento. “Siempre me toca recoger a mí”, “nunca te pones de mi lado”, “todo lo hago yo”, “nada de lo que te digo te entra en la cabeza”. Si queremos hablar de una forma más constructiva, no las uses porque lo que consiguen es que la otra persona se ponga a la defensiva. En lugar de generalizar, mira al futuro y sé más específico. Por ejemplo, “me gustaría que me apoyaras cuando comunicamos x”. Modelar una comunicación clara ayudará a que tu hijo también la aprenda.

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