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¡Socorro! Mis amigas están embarazadas y estas son las nueve cosas que me rondan la cabeza
Familia, maternidad y niños

¡Socorro! Mis amigas están embarazadas y estas son las nueve cosas que me rondan la cabeza

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En todos los grupos de amigas llega ESE momento. Puede ser más precoz o un poco tardío, pero llega. Siempre llega. El momento en que, de repente, todas están embarazadas o ya son madres. Todas... menos tú. Sea por convicción personal o porque aún no estás en ese punto, el caso es que, donde anteayer se hablaba de cócteles y fiestas, hoy se habla de biberones y fiestas... infantiles. Y tú te sientes desubicada, la cabeza te empieza a funcionar y te rondan unas cuantas ideas locas. Muy locas.

¿Estaré equivocada yo por que no me apetezca?

Muy firmes tienen que ser las convicciones antimaternidad de una para que esta frase no nos ataque. ¿Por qué no me apetece? ¿Eh? ¿Es que estoy mal de lo mío? Nos hemos criado juntas, siempre nos ha apetecido hacer las mismas cosas, llevábamos la misma puñetera camiseta de las Spice Girls en la adolescencia, por Dios... Y, ahora, a todas les apetece tener un bebé menos a mí. ¿Qué me pasa?

Dudas

¡Oh, Dios! Me voy a quedar sola

No me apetece tener hijos. Vale. No me gustan los niños, de hecho. Vale. Pero, ¿quién me va a cuidar cuando sea mayor y no me haya encargado de tener un par de hijos que me deban una? ¿Los hijos de mis amigas? No creo. Me tiran la papilla de frutas a la cara cuando me ven. No tiene pinta de que dentro de 50 años les apetezca que les devuelva la jugada.

Nino

Me voy a morir de envidia cuando las vea con sus bebés

Me paso todo el día comprando regalos. Eso es así. Baby shower, nacimiento, bautizo, cumpleaños varios... No me quejo, ojo. Es decir, no me quejo del gasto. Me quejo de mí misma, que no puedo evitar coger esos vestiditos / zapatitos / gorritos / mantitas... y me apetece. No exactamente tener un bebé, sino tener a alguien a quien ponérselos. Y no puedo evitar pensar que el día que nos reunamos todas y las vea con sus embarazos, sus bebés y sus niños un poco más creciditos... me voy a morir de envidia.

Bebes

Soy una rara de la vida porque no me da envidia verlas con sus bebés

Entonces llega ese día y... no. Me parece todo muy bonito, pero... no. Me vuelven todas las firmes convicciones sobre la no-maternidad, me reafirmo en mi joie de vivre sin responsabilidades familiares ni horarios de baño y disfruto de mi papel de tita soltera divertida. Pero asumiendo que soy rara, eso sí.

Soltera

A ver si ahora no voy a tener con quien salir

Sábado noche. 22.30. Siete llamadas después, todas mis amigas tienen planes que no incluyen, ni por asomo, volver a las cuatro de la mañana con los tacones en la mano. ¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer? ¿Cambiar de amigos? ¿Hacerme un nuevo grupo con el que salir a estas alturas de la vida? Supongo que siempre me quedará la opción de utilizar a unos amigos de transición hasta que los hijos de mis amigas tenga edad suficiente para que los saque de fiesta la tita molona. O algo así.

Salir

¿Me mirarán por encima del hombro?

Vivo con pánico a que las frases comiencen con «es que si no eres madre, no entiendes...». Y completar esos puntos suspensivos con casi cualquier cosa. Ellas han producido una vida, yo apenas tengo capacidad para montar una mesita de Ikea. Si no me miran por encima del hombro es porque son unas santas. Y, encima, saben hacer la conversión semanas-meses y meses-años sin parpadear.

Hubo un momento de mi vida en que tenía una amiga embarazada de 13 semanas, otra de 27 y otra de 31. Y yo, que soy de letras cerrada, os juro que no sabía si estaban a punto de dar a luz o aún no se les notaría la tripa. Y, después del parto, lo mismo. ¿En qué santa cabeza cabe que se diga de un niño que tiene «31 meses»?

...you are my rainbow to keep. My eyes will always be watching you; never will I lose sight of you. ❤️ #mumanddaughter #loveu #mum

Una foto publicada por ILARIA DI VAIO LANNA 🇮🇹 (@divaioilaria) el

Les tengo miedo a los bebés de mis amigas

Sí, señoritas. Yo, que me creía la más chulita del mundo, vivo aterrorizada por unos niños que aún no controlan los esfínteres. Porque a mí me apetece terminar la jornada laboral, tirarme en el sofá y tirar de teléfono. Pero, ¡ay!, ¿y si el niño está durmiendo y mi llamada lo despierta? En mi cabeza de no-madre, mis amigas pasan las horas de su vida intentando dormir a un niño que no se rinde y, cuando al fin lo consiguen, mi llamada acaba con ese remanso de paz. Y mis amigas me odian. No way!

Y más miedo aún cuando son un poco mayores

El miedo no se me pasa cuando crecen. No. Al contrario. Entonces me entra el pánico a que mis amigas no quieran que sus hijos me tengan cerca. Pánico a que se me escapen palabrotas en su presencia, en esa edad en que son como esponjas absorbentes. Pánico a que me vean tomarme tres cañas a golpe de martes y los aboque a un alcoholismo sin remedio. Pánico a que lo de la tita soltera divertida solo mole en las películas. PA-VOR.

Ninos

Siempre siento que estoy quedando fatal

Otra cosa que me da miedo. Porque, en el fondo, yo temo que acaben odiándome, cuando mis amigas están demasiado liadas con sus vidas como para dedicar tiempo a eso. Pero yo me estreso. Envían fotos de sus niños al whatsapp común y vivo con pánico a que en alguno de los envíos se me olvide añadir el «¡qué precioso está!» de rigor.

Ya me pasaba en los embarazos, cuando se quejaban de que se habían puesto tremendas. Nunca sabía si tenía que decirles que no se les notaba nada (tengo amigas de esas que llegaron al sexto mes de embarazo con cuerpo de modelo de Victoria's Secret que se ha bebido media caña) o que ya tenían barriguita (y afrontar que, en realidad, las había llamado gordas). ES-TRÉS.

Fotos

Bromas aparte, la maternidad es un momento trascendental en la vida de un grupo de amigas. Hará que nos veamos menos, que los planes sean diferentes, que los temas de conversación cambien... Pero las buenas amigas siempre tenemos una ventaja: que nada nos puede separar. Yo toleraré con buena cara que sus niños dejen algún residuo orgánico sobre mi bufanda nueva y ellas no me reprocharán demasiado que llame para contar mi último viaje cuando están liadas con la hora del baño. Porque, con la amistad auténtica, no puede ni un ejército de bebés.

Imágenes | Pixabay.

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