Hay directores de cine especialmente complicados a la hora de trabajar con ellos. Christopher Nolan es uno de ellos porque, a pesar de hacer películas de ciencia ficción como ‘Interestellar’, su objetivo de ser lo más realista posible roza la obsesión. Y con el rodaje de ‘La Odisea’ lo ha demostrado una vez más.
La película, que adapta de forma “libre” de los poemas de Homero, contó con un presupuesto de 250 millones de dólares y es la más ambiciosa que ha dirigido. También la más extrema. Tanto, que Matt Damon, uno de los protagonistas de ‘La Odisea’, aseguraba que "cuando llegaba al rodaje, pensaba: ‘¿A quién coño se le ha ocurrido que aquí se podía rodar una película?'".
Para Nolan la clave siempre ha sido la misma: buscar momentos mágicos en lugares reales. Solo que hacerlo y rodar en ellos puede ser un calvario para sus actores. Para ‘La Odisea’, Nolan usó seis países diferentes y, como explicaba Tom Holland a la revista GQ, contó con sets que parecían más a una recreación histórica que a un plató de cine.
Holland relata que cuando llegó por primera vez al set en Marruecos, “recuerdo que caminé por esa playa durante media hora y solo veía soldado griego, soldado griego, barco griego, soldado griego, la guerra de Troya, barco griego, soldado griego. No sé si estoy exagerando, pero me parecieron kilómetros. Y le digo al asistente de producción: ‘¿Dónde está el equipo? No he visto ni rastro de un plató de rodaje. Esto se parece más a una recreación histórica que a un plató de cine”.
Para Matt Damon se convirtió en una tortura como explicaba en la misma entrevista. “Las localizaciones fueron durísimas, todas, mucho más que cualquier otra locación en la que haya trabajado antes. Íbamos de una a otra sin parar”. Una de las más complejas fue en Favignana, una isla al oeste de Sicilia conocida como “isla de las cabras”, y donde se cree que Ulises y su tripulación pararon antes de encontrarse con los cíclopes. Para Nolan, el Castello di Santa Caterina, en ruinas, debía estar es su película. Lo malo es que se accede subiendo durante 45 minutos por una ladera empinada y en un camino en zigzag.
Después de intentar que se construyera una carretera más ancha para acceder (el camino estaba asfaltado pero era demasiado estrecho) y no conseguirlo, se decidió que todos los que pudieran subir a pie, lo hicieran y el resto iría en helicóptero, así que Holland subía cada día vestido con todo el atrezzo y en sandalias.
Para Damon, rodar con Nolan “es algo grande, como surfear una ola más grande”, asegura, y el nivel de intensidad no baja en absoluto.
La coña interna en el equipo es que no había ni una sola localización de rodaje que fuera fácil. Cada vez que íbamos a un sitio, decíamos: ‘Bueno, en Islandia será más fácil’. Y luego llovía a cántaros y hacía un frío de cojones. Islandia fue como: ‘¿Fácil? Sujétame el cubata. Y, efectivamente, llegamos [a Los Ángeles] y Chris tenía dos motores a reacción echándonos agua a mares. Así que fue un final bastante apropiado. Incluso el entorno controlado era frío, húmedo y bastante incómodo.
A pesar de las dificultades, según el relato de Damon fue una experiencia única, transformadora y necesaria. Le encantó vivir un rodaje de esa magnitud.
Fue una experiencia en la que simplemente estaba inmerso cada día, y me encantaba. Y ocurrió lo más curioso: todas esas cosas que podrían haberme resultado difíciles en una etapa anterior de mi vida ya no lo eran. Lo disfruté mucho. Por ejemplo, no me importaba lo de estar empapado y pasar frío. De hecho, me sentía afortunado de poder experimentarlo. Me parecía algo finito, como un regalo. Así que fue muy extraño. Nunca he experimentado algo así. Por eso sueno un poco como un cristiano renacido. Es un sentimiento que anhelaba y que por fin he vivido.
El motivo de que Nolan se obsesione en hacerlo difícil es el amor. Su amor al cine.
Si amas el cine, si amas Hollywood, su historia, la historia detrás de las películas, entiendes en lo más profundo de tu ser que lo que desea el público es algo nuevo. Quieren algo que no saben que quieren. Así que lo único seguro es [apostar por] algo que no es seguro; esa es la paradoja. Y da miedo, también le da miedo a la gente para la que trabajo, pero así es como hay que hacer películas. Hay que arriesgarlo todo en cada proyecto.
Y vaya si arriesga. Tanto que estamos deseando ir al cine el próximo 17 de julio a ver lo que esconde esta épica historia de la que todo el mundo está hablando.
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