Para algunas personas, broncearse sigue siendo uno de los grandes objetivos del verano. Pero, para muchas otras, la llegada del buen tiempo significa sacar el arsenal antimanchas. A veces, aún así, llega el momento en que aparecen manchas que parecían haber desaparecido, el tono se vuelve menos uniforme y ese extra de luminosidad que esperábamos conseguir con unos días de sol acaba pareciéndose más a un mapa de pequeñas pigmentaciones.
El farmacéutico Héctor Núñez, creador de Cosmetocrítico, tiene claro cuál es segundo pasao, después del SPF, que deben incluir todas esas personas que huyen del sol porque no quieren empeorar sus manchas: "Si algo debería ser obligatorio en verano, además del fotoprotector, es usar antioxidantes".
Esto se debe a que la radiación ultravioleta genera estrés oxidativo en la piel y los antioxidantes tópicos se estudian precisamente por su capacidad para neutralizar especies reactivas de oxígeno y complementar la protección solar. Una revisión publicada en Actas Dermo-Sifiliográficas explica que la radiación solar no solo produce eritema sino que también genera especies reactivas de oxígeno, altera los sistemas antioxidantes de la piel y puede provocar daño en el ADN.
La clave está en entender qué pueden hacer los antioxidantes y, sobre todo, qué no pueden hacer por nuestra piel.
El sérum antioxidante no sustituye al protector solar
Empecemos por la regla de oro que no admite lugar a dudas: un antioxidante no sustituye al fotoprotector. La Academia Americana de Dermatología recomienda que las personas con melasma utilicen protección solar de amplio espectro, resistente al agua y con SPF 30 o superior, además de recurrir a sombra, ropa protectora y sombreros siempre que sea posible. En el caso de las manchas, además, recomienda prestar atención a la luz visible y optar por protectores solares con color que contengan óxidos de hierro.
El antioxidante juega en otro equipo porque su función es ayudar a la piel a hacer frente al estrés oxidativo que se produce, entre otros factores, por la exposición ambiental. El farmacéutico Tomás Muret, experto en dermofarmacia del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, explica que entre los antioxidantes más utilizados en cosmética para este propósito están la vitamina C, la vitamina E, la niacinamida, el resveratrol, el ácido ferúlico o determinados carotenoides.
En el caso de la vitamina C, señala que participa en la síntesis de colágeno, reduce el daño asociado a la radiación UV y puede ayudar a mejorar las manchas; la vitamina E, por su parte, contribuye al mantenimiento de la barrera cutánea y suele combinarse con vitamina C y ácido ferúlico.
Una investigación publicada en Journal of the American Academy of Dermatology observó que una formulación tópica con vitamina C, vitamina E y ácido ferúlico proporcionaba fotoprotección frente a distintos marcadores de daño provocado por radiación UV. Los autores plantearon precisamente que este tipo de antioxidantes puede complementar (no sustituir) la protección proporcionada por los fotoprotectores.
Otro estudio evaluó una combinación de vitamina C, ácido ferúlico y floretina y encontró una reducción de diferentes alteraciones producidas por la radiación ultravioleta, apoyando su posible papel como complemento de la fotoprotección.
Por qué el verano es un buen momento para introducirlos
La piel está expuesta a factores que favorecen la formación de radicales libres durante todo el año, pero el verano concentra varios de ellos en una misma temporada: más horas al aire libre, mayor exposición solar y, en muchas ocasiones, más calor y contaminación ambiental.
Por lo tanto, los antioxidantes tienen mucho sentido dentro de una rutina de mañana de verano. No porque el sérum antioxidante se vaya a convertir mágicamente en una segunda crema solar sino porque añade una capa de defensa frente al daño oxidativo que la radiación puede generar en la piel.
Renovadores celulares: la tercera pata de la rutina antimanchas
Si los antioxidantes ayudan a combatir el estrés oxidativo y el fotoprotector limita la exposición a la radiación de día, los renovadores celulares juegan en otro frente: favorecer la renovación de la piel y mejorar progresivamente su textura y tono por la noche. Aquí entran activos como los retinoides y los alfahidroxiácidos (AHA), que también cuentan con evidencia en el tratamiento del fotoenvejecimiento y las alteraciones de pigmentación.
Los retinoides son especialmente interesantes porque, además de acelerar la renovación de las células de la superficie, actúan sobre procesos relacionados con el colágeno. Los expertos los considera una opción para mejorar las irregularidades de pigmentación, la textura y las líneas finas, mientras que las revisiones científicas han encontrado evidencia de su capacidad para mejorar algunos signos del fotoenvejecimiento.
Los AHA, como el ácido glicólico o el láctico, funcionan mediante una exfoliación química que ayuda a desprender las células de las capas más superficiales de la piel. Por eso pueden resultar interesantes cuando el objetivo es conseguir un tono más uniforme y mejorar la textura.
Ahora bien, que sean activos interesantes contra el fotoenvejecimiento no significa que haya que empezar a utilizarlos precisamente cuando llega el verano. Si nunca has utilizado retinoides o ácidos, el verano no es el momento ideal para estrenar una rutina agresiva: la irritación puede comprometer la barrera cutánea.
Por eso, para una piel que ya está acostumbrada a ellos, pueden formar parte de la rutina nocturna antimanchas, pero para quienes no los utilizan habitualmente, es mejor reservar la incorporación de estos activos renovadores más potentes para otro momento del año.
Al final, la estrategia de verano no consiste en llenar la estantería del baño de un exceso de activos. Se trata de combinar fotoprotección, antioxidantes y renovación de la piel en una rutina que podamos mantener sin irritarla.
Foto de portada | @cosmetocrítico y Mahdi Pourarab
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