Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

Esta pregunta me ronda la cabeza desde la celebración de los premios Barcelona és Moda. Y lo hace porque en esta edición, El Delgado Buil, las eternas promesas más consolidadas de la pasarela Cibeles, recibían su primer galardón como empresarias. Emergentes, eso sí. Es decir, no se alababa su dirección artística sino el buen hacer con su moda como negocio.
La etiqueta, a veces lacra, de diseñador novel, suele ser siempre sinónimo, si no garantía, de diseño alternativo, diferente e independiente. Y por ello entendemos creaciones que no son siempre comerciales y que responden más al patrón estético de aquel que crea que a aquello que compran los consumidores. Es decir, al que empieza en esto del diseño se le supone fresco, con las ideas muy claras, y de entrada, no sujeto a factores que no tengan que ver con la creatividad. Cuando a uno le ofrecen la oportunidad de desfilar en El Ego o en la 080, el primer impulso suele ser el de presentarse ante el mundo de la manera más virgen posible. Es decir, sin ningún tipo de condicionante. Por eso las creaciones que vemos en este tipo de circuitos suelen ser mucho más trangresoras y a veces, inverosímiles, que las de diseñadores ya consolidados.
Pero a la hora de salir al mercado lo que uno ha hecho en plataformas visibles como Cibeles no es más que una carta de presentación idílica que de nada sirve si uno quiere vivir de la moda. Hay que vender lo que se hace y eso, en muchos casos, supone ceder o bien ante patrones distintos a lo que uno en principio tenía en mente, o bien aliarse con grandes marcas comerciales para poder producir en masa las propias creaciones.
Leer más