Hay empresas que conquistan a sus empleados con amenidades en la oficina como juegos de mesa, espacios para deslizarse por un tobogán, o incluso almuerzos gratis con micro cocinas llenas de snacks y masajes a media tarde.
Pero Nvidia no es una de ellas: la compañía más valiosa del planeta, con una capitalización que supera los 5 billones de dólares, sigue cobrándole a su gente hasta por el café. Suena a broma cruel para una firma que ha convertido a Jensen Huang en uno de los hombres más ricos del mundo, pero resulta que ese detalle tan poco glamoroso es justo la clave de su cultura: aquí no se regala nada, se paga con salario y con acciones que después valen una fortuna.
La cafetería que cobra hasta el café
Todo salió a la luz cuando el ingeniero de software Gergely Orosz, autor del newsletter The Pragmatic Engineer, visitó las oficinas de Nvidia en Santa Clara y contó en un hilo de X algo que sorprendió a medio Silicon Valley: los snacks y el café no son gratis, hay que pagarlos.
"Usamos esa cosa llamada salario para comprar lo que realmente necesitamos", le dijeron ahí mismo, según recogió su publicación en la red social. Fortune profundizó en el tema y confirmó con exempleados que la comida de las cafeterías está subsidiada, no regalada, y que hasta las bebidas embotelladas de las cafeterías internas se pagan de la bolsa propia, según reportó Fortune.
Nada nuevo bajo el sol, por cierto: un exbecario que trabajó ahí en 2014 ya documentaba en su blog que el almuerzo promedio costaba 6 dólares planos, lo que hoy equivaldría a unos 8.50, tal como lo relató en su bitácora personal.
Ese mismo relato del becario de 2014 deja ver que la austeridad convive con gestos que sí impresionan. Nvidia pagaba la reubicación completa, ofrecía bonos de transporte y hasta subsidios para comprar dispositivos con chips Tegra. Y como cierre de temporada, el propio Jensen Huang se unía a las fiestas ofrecidas por la compañía a todos sus empleados.
La filosofía detrás de la frugalidad de Huang
Detrás de esta política hay una convicción muy personal del fundador. Según reportó TheStreet, exempleados describen que Huang cree en la "separación entre placer y trabajo" y que prefiere que la gente se enfoque en el trabajo de su vida en lugar de quedarse tarde por una cena gratis.
Huang, quien trabaja los siete días de la semana incluyendo festivos, ha explicado que lo mueve el miedo a que la empresa quiebre, un sentimiento que según él no desaparece ni con el éxito. "Llevo 33 años usando la frase de estar a 30 días de la quiebra", contó en una entrevista con Joe Rogan.
Lo interesante es que esa frugalidad en las cosas pequeñas convive con la generosidad en lo que realmente importa: el sueldo y las acciones. Huang ha dicho públicamente que revisa personalmente la compensación de los más de 42 mil empleados de la compañía y que sube el gasto operativo cada año para cuidarlos. El resultado se nota en los números: la acción de Nvidia ha subido cerca de 1,400% en los últimos cinco años, lo que ha convertido a varios de sus ejecutivos en multimillonarios y ha dejado una tasa de rotación de apenas 2.7%, muy por debajo del 17.7% que registra el resto de la industria de semiconductores.
Al final, la lección que deja Nvidia es casi una provocación para el resto de Silicon Valley: donde gigantes como Google presumen sus micro cocinas como espacios de comunidad y creatividad; Huang apuesta por lo contrario: nada de lujo innecesario en el día a día, pero sí una apuesta fuerte por pagar bien y compartir el valor que genera la empresa.
Fotos de Wikimedia | Marek Fiser
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