Desde la carretera, Calatañazor aparece sobre una peña, casi como un espejismo de cuento, con las ruinas del castillo asomándose por encima de los tejados. Una vez dentro, lo difícil es encontrar algo que rompa esa ilusión: las calles siguen empedradas, buena parte de la muralla continúa en pie y las casas se suceden cuesta arriba con sus vigas de madera a la vista. En esta pequeña localidad soriana de apenas 50 habitantes, la Edad Media no parece un reclamo turístico sino una realidad cotidiana vigente en 2026.
Situada sobre el valle del río Milanos, la villa fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1962 y conserva uno de los conjuntos de arquitectura popular más particulares de Soria. Muchas de sus viviendas combinan piedra, barro, paja y madera de sabina, y sobre los tejados aparecen las chimeneas cónicas pinariegas que se han convertido en la imagen más reconocible del pueblo.
Diego Delso
Qué ver en Calatañazor
La visita comienza en la calle Real, la cuesta que atraviesa el recinto amurallado hasta llegar a la Plaza Mayor. A ambos lados se levantan casas con entramados de sabina, fachadas irregulares y plantas superiores que avanzan sobre la calle. Algunas se han ido inclinando poco a poco con el paso de los siglos, aunque ahí siguen.
En la Plaza Mayor, se ubican el ayuntamiento y un rollo jurisdiccional del siglo XV que cuenta con su propia leyenda de brujería. Desde aquí queda muy cerca el castillo de Calatañazor, construido entre los siglos XIV y XV en el punto más elevado de la villa. Se encuentra en ruinas, pero todavía conserva parte de la torre del homenaje, varios lienzos de muralla y un ventanal gótico. Desde sus restos se contempla el conocido como Valle de la Sangre.
Es en ese valle donde, según la tradición, tuvo lugar en el año 1002 una batalla en la que las tropas cristianas derrotaron a Almanzor. De aquel supuesto enfrentamiento nació el dicho "En Calatañazor, Almanzor perdió el tambor", aunque los historiadores dudan de que la batalla llegara a producirse. No obstante, eso no ha impedido que la historia llegue hasta nuestros días ni que el pueblo tenga un busto dedicado al caudillo andalusí.
También merece una parada la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, un templo en el que conviven elementos románicos y góticos. En su interior se conservan una pila bautismal de piedra del siglo XI, una talla románica de Santa María del Castillo y varias tablas del siglo XV. Fuera del recinto amurallado se encuentra la ermita de la Soledad, de origen románico, y bajo el castillo puede verse una pequeña necrópolis medieval excavada en la roca.
Calatañazor es lo bastante pequeño como para recorrerlo en una mañana, pero la visita no consiste únicamente en ir buscando monumentos. Parte de su encanto está en cruzar las antiguas entradas de la muralla, seguir cualquier callejuela que se desvíe de la principal y descubrir, al alzar la mirada, una de esas chimeneas que parecen sombreros de bruja.
Dónde comer rico y barato en Calatañazor
Uno de los restaurantes más conocidos es El Palomar, instalado en un antiguo palomar de 1765 rehabilitado con piedra caliza y madera de sabina. Conserva incluso los nidales originales y tiene un jardín arbolado muy agradable cuando hace buen tiempo. Su carta se centra en la cocina tradicional soriana, con platos como migas pastoriles, sopa castellana, trucha escabechada, cangrejos de río y carnes a la brasa.
Otra posibilidad es el Restaurante Calatañazor, especializado en comida casera y recetas tradicionales. Es una opción para probar la cocina contundente de la zona sin que la cuenta se suba en exceso.
Si se prefiere comer de menú del día y no importa tener que alejarse del casco histórico, el Hostal Venta Nueva se encuentra junto a la N-122 y la Guía Repsol lo incluye entre sus Soletes con un precio inferior a 35 euros. Sirve cocina casera, tapas, bocadillos y torreznos. Eso sí, como la oferta del pueblo es reducida, puede merecer la pena reservar antes de ir.
Qué hacer en los alrededores de Calatañazor
A unos tres kilómetros se encuentra la Reserva Natural del Sabinar de Calatañazor, un bosque de sabinas albares en el que algunos ejemplares destacan especialmente por su edad, altura y grosor. Son árboles de crecimiento lentísimo y troncos retorcidos que encajan bastante bien con la vibra de las casas medievales. Al fin y al cabo, estas sabinas también llevan siglos en el mismo sitio.
La escapada puede continuar hasta el Monumento Natural de La Fuentona, en Muriel de la Fuente, situado a unos seis kilómetros de Calatañazor. El sendero avanza junto al río Abión hasta llegar a aguas transparentes que nacen en una cueva subterránea. La ruta es sencilla y permite combinar en un mismo día patrimonio y naturaleza sin pasarse todo el día en el coche viajando.
Diego Delso
Si todavía queda tiempo, es recomendable seguir hasta El Burgo de Osma, con su catedral y su casco histórico, o acercarse al Cañón del Río Lobos para hacer alguna de sus increibles rutas de senderismo. Calatañazor puede verse en unas horas, pero lo que cuesta es visitar esta parte de Soria sin acabar alargando el viaje.
Foto de portada | Juanje Orío
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