Llega la Semana Santa y las calles empedradas de Tetela del Volcán no hay nazarenos sino una escena que parece sacada de un cuadro surrealista: un desfile de figuras con capas bordadas, máscaras de cuero y enormes tocados multicolor que recuerdan a orugas gigantes.
Es evidente que no estamos ante una fiesta cualquiera sino en un evente único y que derrocha particularidad. En este pequeño municipio del estado de Morelos, en las laderas del volcán Popocatépetl, la Pascua se celebra con una tradición única que mezcla historia religiosa, teatro popular y espectáculo colectivo.
Los grandes protagonistas son los sayones, unos personajes que representan a los soldados que participaron en la crucifixión de Jesús y que cada año desfilan por el pueblo con trajes que se han elaborado durante meses.
Una tradición de más de tres siglos
Esta celebración tiene más de 350 años de historia y tiene su origen en la época colonial, cuando los misioneros europeos introdujeron representaciones teatrales de episodios bíblicos para difundir el catolicismo entre las comunidades indígenas.
Con el tiempo, esas representaciones originales fueron adoptando rasgos propios de la cultura local hasta convertirse en el ritual singular que ha llegado hasta nuestros días. De este modo, cada año, durante el fin de semana que cierra la Semana Santa, centenares de habitantes se visten como sayones y recorren las calles representando escenas relacionadas con la Pasión de Cristo.
Algunos encarnan figuras como Poncio Pilato o Judas, mientras que otros desfilan golpeando machetes contra el suelo, imitando simbólicamente las espadas romanas.
Los famosos sombreros en forma de oruga
Sin ninguna duda, el elemento más llamativo de la celebración son los tocados que llevan los sayones. Estos sombreros, elaborados con cientos de tiras de papel de seda, forman grandes penachos que se balancean al caminar y que, vistos desde lejos, recuerdan a orugas gigantes de colores brillantes.
Originalmente pretendían imitar los cascos de los soldados romanos. Sin embargo, con los años se han transformado en auténticas esculturas efímeras. Algunos pueden medir hasta dos metros de largo y requieren semanas de trabajo manual. Hay quienes utilizan cerca de 900 hojas de papel de seda para construirlos, cortadas en finos flecos que crean ese efecto ondulante tan característico.
Además del sombrero, el traje se completa con capas bordadas con imágenes religiosas, máscaras de cuero con barba y bigote y botas de piel. El conjunto puede llegar a pesar entre 15 y 20 kilos, por lo que muchos participantes se ayudan de cojines o estructuras metálicas
Una fiesta que clausura el fuego
Después de meses de trabajo, el destino de estos sombreros tiene algo en común con los ninots de la Fallas: acaban quemándose. El domingo de Pascua por la tarde, los sayones participan en una procesión por las calles del pueblo que culmina con los vecinos y espectadores lanzando cerillas encendidas a los tocados de papel.
Las enormes estructuras empiezan entonces a arder mientras los participantes corren o intentan apagar las llamas. Aunque hay presencia de servicios de emergencia y las autoridades intentan controlar el fuego, el alboroto forma parte del ritual y suele celebrarse entre vítores.
Para muchos participantes, se trata de un momento que simboliza una forma de penitencia o sacrificio donde el esfuerzo invertido durante meses desaparece en cuestión de minutos.
Una tradición que sigue siendo local
A diferencia de otras celebraciones mexicanas muy populares (como el Día de Muertos) esta fiesta sigue teniendo un carácter principalmente comunitario y es desconocida para muchos turistas.
Cada año participan más de mil personas, pero la mayoría son vecinos del propio municipio o de localidades cercanas. Familias enteras colaboran en la elaboración de los trajes, los bordados y los tocados que después desfilarán por las calles.
Para quienes crecen en Tetela del Volcán, ponerse la máscara de sayón es casi un rito de paso. Durante unos días, el pueblo se transforma en un escenario donde historia, religión y creatividad popular conviven en una de las celebraciones más peculiares de la Pascua en América Latina. No se la pierdan si tienen oportunidad.
Foto de portada | Turismo Morelos
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