En el mapa podría pasar por un pueblo diminuto más del Pirineo aragonés. Uno de esos en los que uno espera encontrar solo un puñado de casas de piedra, callejuelas estrechas y montañas que se alzan hasta donde alcanza la vista. Sin embargo, no en todos hubo un tiempo en el que, tal y como sucede con Roda de Isábena, el lugar fue uno de los más importantes del antiguo condado de Ribagorza. Tanto que esta localidad de apenas 50 habitantes puede presumir todavía de ser la más pequeña de España con una catedral.
Situada sobre una colina desde la que domina el valle del río Isábena, Roda conserva casi intacto su trazado medieval. Aquí el plan principal consiste en atravesar los pasadizos de piedra del pueblo, cruzar las antiguas puertas de entrada a la localidad y descubrir cómo un núcleo tan pequeño llegó a convertirse en sede episcopal durante casi dos siglos.
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Qué ver en Roda de Isábena
Todo en Roda parece conducir hacia la catedral de San Vicente y San Valero, levantada en la parte más alta del pueblo. El templo actual es principalmente románico, aunque su historia comenzó mucho antes porque la primera catedral data del año 956, pero el edificio tuvo que ser reconstruido durante el siglo XI después de quedar destruido en un ataque musulman.
Roda fue sede episcopal desde mediados del siglo X hasta mediados del XII y aquella época de esplendor es el motivo de que un lugar que hoy cuenta sus vecinos por decenas conserve un conjunto catedralicio formado por una iglesia de tres naves, varias criptas, un claustro y antiguas dependencias capitulares.
En el interior merece especial atención la cripta central, donde se encuentra el sarcófago románico de san Ramón, obispo de Roda. Aunque tampoco conviene saltarse su claustro pequeño, austero y rodeado de inscripciones funerarias. Además, como en el antiguo refectorio se instaló posteriormente la Hospedería de Roda de Isábena, por lo que incluso es posible comer y dormir dentro del propio conjunto monumental.
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Sin embargo, reducir Roda a su catedral sería perderse la mitad del encanto. A su lado se encuentra el palacio fortificado del Prior, construido en el siglo XVI, y muy cerca aparece la Plaza Mayor, rodeada por casas tradicionales de piedra. Desde aquí se puede continuar por el paseo de los Canónigos, buscar los restos de las antiguas murallas o asomarse a alguno de los miradores sobre las sierras del Chordal, Sis y el macizo del Turbón.
También se conserva un molino de aceite del siglo XVIII y, descendiendo hacia el río, el puente románico de San Jaime. Lo bueno es que Roda es peatonal y lo bastante pequeña como para recorrerla callejeando y dejándose llevar por sus calles, arcos y pasadizos. No obstante, por este mismo motivo, si se viaja en coche, este debe dejarse en la zona de aparcamiento situada a la entrada.
Hospedería de Roda de Isábena
Dónde comer rico en Roda de Isábena
Uno de los lugares más singulares para sentarse a la mesa es el restaurante de la Hospedería de Roda de Isábena. Como decíamos antes, se encuentra dentro del conjunto catedralicio y se accede a él a través del claustro. Su propuesta gastronómica gira alrededor de la cocina aragonesa y los productos de la zona, con especial presencia de carnes y los platos de montaña.
Otra opción es el Mesón del Isábena, situado en la Plaza Mayor, que sirve cocina casera en pleno centro del pueblo. Casa Simón, también conocida como Mesón de Roda, es otro de los establecimientos de la localidad en los que probar recetas tradicionales y carnes a la brasa con buena relación calidad-precio.
Qué hacer en los alrededores de Roda de Isábena
Roda puede verse en una mañana, pero su ubicación permite convertir la visita en una escapada más larga por La Ribagorza. A pocos kilómetros se encuentra La Puebla de Roda, la capital administrativa del municipio, con otro puente medieval sobre el río Isábena.
Siguiendo hacia el norte se ubica el monasterio de Santa María de Obarra, una de las grandes joyas del románico aragonés. Su iglesia, levantada entre los siglos XI y XII, se encuentra en un paraje estrecho y rodeado de montañas perfecto para aislarse del mundo. La ruta puede continuar hacia el valle de Benasque y el Parque Natural Posets-Maladeta si se dispone de más tiempo.
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Justo en dirección contraria, Graus es una parada más animada, con su colorida Plaza Mayor, la basílica de la Virgen de la Peña y una gastronomía en la que la longaniza es religión. Así, el pueblo más pequeño de España con catedral termina convirtiéndose en la puerta de entrada perfecta a una comarca por la que viajar sin prisas y, durante algunos tramos, casi sin cruzarse con nadie.
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