El fundado de Google pasó de atreverse a confiarle toda su fortuna a Elon Musk a no querer verlo ni en pintura y la IA tine la culpa

Una amistad entre millonarios rota por ideas contraruas sobre como tiene que ser el futuro

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María Yuste

Editor Senior

Esta historia tiene dos protagonistas. El primero es Elon Musk, el de Tesla, los cohetes y los titulares polémicos. Aunque, en este caso, nos interesa por haber sido la persona en la que otro multimillonario confió para gestionar toda su fortuna. Y hacemos incampie en esto último. No una pequeña parte. Toda. Sin embargo, hoy ese mismo hombre ni siquiera le coge el teléfono.

Lo que nos lleva a presentar al otro protagonista de esta historia, que no es otro que Larry Page, una figura mucho más discreta pero clave en el mundo tech porque cofundó Google y, por lo tanto, es uno de los cerebros detrás de internet tal y como lo conocemos a día de hoy.

Cuando Musk era "el elegido"

No obstante, para contar esta historia también tenemos que remontarnos a principios de los 2010, cuando Musk y Page eran parte del mismo círculo de visionarios que soñaban con cambiar el mundo (y, si podían, también colonizar otro planeta). Hay que tener en cuenta que Musk no era aún el personaje omnipresente que es hoy, pero ya destacaba lo suficiente como para ganarse la confianza de Page.

Tanto que, en 2014, el fundador de Google dijo abiertamente que preferiría dejar su dinero en manos de Musk antes que dedicarlo a obras benéficas. Su razonamiento tenía ese punto provocador tan Silicon Valley: invertir en proyectos futuristas como SpaceX podría ayudar más a la humanidad que donar millones a causas humanitarias convencionales. O lo que es lo mismo: es mejor invertir su fortuna en plataformas como SpaceX y apostar por llegar a Marte y colonizarlo que construir hospitales.

Pero lo que rompió esta relación no fue un negocio fallido ni un escándalo. Fue algo mucho más abstracto y, a la vez, mucho más serio: la inteligencia artificial. Durante años, ambos debatieron sobre hasta dónde debía llegar esta tecnología. Pero lo que empezó como conversaciones entre colegas terminó convirtiéndose en un desacuerdo frontal.

Según ha contado el propio Musk, Page defendía una idea bastante radical: que la inteligencia artificial podía (y hasta quizá debía) evolucionar más allá de los humanos. Musk, en cambio, empezó a preocuparse por los riesgos que conlleva y por la necesidad de poner límites.

En algún punto, la discusión dejó de ser teórica. Musk llegó a decir que Page quería crear algo parecido a un "dios digital". Y Page, por su parte, le acusó de "especista", es decir, de dar más valor a los humanos que a otras formas de inteligencia.

De amigos a rivales 

La tensión se trasladó rápidamente al terreno empresarial. Musk participó en la creación de OpenAI, en parte como respuesta al dominio que Google estaba construyendo en este campo, especialmente tras comprar DeepMind. Desde fuera, puede parecer una pelea de egos. Pero en realidad era una lucha por quién marcaría las reglas del futuro tecnológico.

El resultado fue una ruptura total. Musk ha reconocido públicamente que llevan años sin hablar y que Page no tiene ningún interés en retomar el contacto. Lo más curioso es que sus fortunas no han hecho más que crecer. El auge de la inteligencia artificial ha disparado el valor de Alphabet, colocando a Page (junto a su socio Sergey Brin) entre las personas más ricas del mundo, justo por detrás de Musk. Así que no solo compiten en ideas, también en cifras.

Dos formas distintas de ver el mismo futuro

Al final, esta historia no va solo de dos multimillonarios que dejaron de ser amigos. Va de algo más grande: dos maneras opuestas de entender hacia dónde vamos todos. Paradójicamente, Musk representa la cautela (relativa): avanzar, sí, pero con miedo a que la inteligencia artificial se descontrole. Page encarna una visión más "abierta", incluso si implica que lo humano deje de ser el centro de nuestro mundo. Son, en resumen, dos personas intentando diseñar el futuro sin conseguir ponerse de acuerdo en si nosotros seguimos formando parte de él o no.

Foto de portada | Gage Skidmore y Jakub Mosur

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