José Ortega y Gasset, filósofo: "Felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación"

El filósofo de Madrid reflexionaba sobre el bienestar y la felicidad y la psicología actual le da la razón

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Anabel Palomares

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Decía el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, conocido por su libro ‘Modernidad líquida’ que en la sociedad actual en la que vivimos, todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda, a pesar de que Harvard nos ha insistido una y mil veces que la verdadera felicidad está en las relaciones que tenemos. La filosofía lleva años reflexionando sobre esa felicidad, y la conclusión suele ser la misma: no está en el dinero que tengamos, ni en el número de coches, ni en la gran casa que anhelamos. 

José Ortega y Gasset está de acuerdo en que “la felicidad no descansa en las riquezas materiales”. Como bien afirma en la teoría de la felicidad que aparece en ‘El Espectador’, la realidad se ha demostrado en “tantos bendecidos por la fortuna económica que han sido hondamente infelices”. Para el filósofo madrileño, "felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación". Esta frase aparece como prólogo de ‘Veinte años de caza mayor’, un libro del conde de Yebes en el que el filósofo aprovecha para reflexionar sobre vocación y felicidad, y en el que hay un párrafo especialmente interesante:

“Hay una vocación general y común a todos los hombres: todo hombre se siente llamado a ser feliz; pero en cada individuo esa difusa apelación se concreta en un perfil más o menos singular con que la felicidad se le presenta. Felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación. Metido en ellas, no echa de menos nada; íntegro le llena el presente, libre de afán y nostalgia”.

Esa vocación de la que habla Ortega y Gasset es una especie de llamada interior que aporta dirección a nuestra vida. Puede que sintamos esa vocación muy pronto o que tardemos años en ver dónde está. A veces la vocación cambia pero siempre conserva la misma estructura, porque es aquello que al hacerlo, parece que el esfuerzo de vivir se justifica, como un propósito vital. De hecho en el texto anterior el filósofo asegura que quien vive su vocación "no echa de menos nada; íntegro le llena el presente". No se equivocaba. 

Entramos en lo que el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi llama estado de flow o estado de flujo, un estado subjetivo que experimentamos cuando estamos completamente involucrados en algo hasta olvidar el tiempo, la fatiga y todo lo demás, excepto la actividad en sí misma. De hecho en base a ese estado de flujo hay hasta un método para ser más productivos. Ese estado en el que estamos completamente absortas en algo, el tiempo vuela y todo ocurre de forma natural, es lo que vivimos, según Ortega y Gasset, cuando encontramos (y vivimos) nuestra vocación.  

Según Robert Waldinger, psiquiatra y profesor de la Universidad de Harvard, el bienestar que sentimos puede ser hedonista o eudaimónico. Como explica en ‘Una buena vida’, el primero es el placer inmediato y el segundo, es el sentimiento de la propia vida como significativa y fundamentalmente buena. Ese bienestar eudaimónico, según los estudios, nos hace más felices a largo plazo y está relacionado con tener un propósito, esa vocación de la que habla Ortega y Gasset y que casualmente, también se relaciona con una mayor longevidad.

En ‘El espectador’, años más tarde, Gasset asegura que “hay una vocación general y común a todos los hombres: todo hombre se siente llamado a ser feliz”. Para conseguirlo, empecemos por tener objetivos y propósitos, por encontrar nuestra vocación. Puede que nos cueste un poco pero la recompensa valdrá la pena: hallar la verdadera felicidad. 

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Fotos | Falt i det fri (Public domain), Marcin Sajur en Unsplash 

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