Si ayer viste la final del Mundial entre España y Argentina lo más probable es que no te dieras cuenta de que había un español "infiltrado" en el bando argentino. Pero, tranquilidad, que no hablamos de ninguno de los seis futbolistas que acabaron viendo una tarjeta ni de los que protagonizaron los momentos más sucios y antideportivos del encuentro. El protagonista de esta historia ni siquiera pisó el césped.
Mientras millones de personas escuchaban a María Becerra interpretar el himno argentino antes del pitido inicial de la final, lo que estaba sonando era una melodía compuesta por un español nacido en Murcia. Una de esas curiosidades históricas que parecen inventadas, pero que demuestran hasta qué punto las relaciones entre España y Argentina están llenas de conexiones inesperadas.
Blas Parera, el murciano tras el himno de Argentina
Blas Parera i Moret nació en Murcia en 1776, aunque procedía de una familia catalana y creció en Mataró, donde recibió su formación musical. A finales del siglo XVIII se trasladó a Buenos Aires, entonces parte del Virreinato del Río de la Plata, para trabajar como organista y profesor de música.
Allí desarrolló buena parte de su carrera hasta que, en 1813, recibió un encargo que cambiaría para siempre la historia de su país de acogida: poner música a un poema patriótico escrito por Vicente López y Planes. Aquella composición, aprobada por la Asamblea del Año XIII, acabaría convirtiéndose en el Himno Nacional Argentino que más de 200 años después sonaría en la final de la Copa del Mundo que se llevarían a casa los españoles.
Resulta cuanto menos paradójico que uno de los mayores símbolos nacionales de Argentina tenga música compuesta por un español. Pero la historia está llena de estas ironías tan paradójicas.
Un himno nacido para acompañar la independencia
Cuando Blas Parera escribió la partitura, Argentina todavía estaba inmersa en su proceso de independencia de España. El texto original era una exaltación de la libertad recién conquistada y contenía numerosas referencias a la lucha contra la Corona española.
Con el paso del tiempo, aquellas estrofas más beligerantes dejaron de interpretarse. Desde comienzos del siglo XX el himno oficial utiliza una versión mucho más breve, centrada en los versos que hablan de la libertad, la unión del pueblo y el orgullo nacional. Es precisamente esa versión reducida la que se escucha hoy en acontecimientos oficiales y competiciones deportivas como la Copa del Mundo.
Su fragmento más conocido concluye con el verso "¡Sean eternos los laureles que supimos conseguir!", una referencia a las victorias alcanzadas por el pueblo argentino y al deseo de preservarlas para las generaciones futuras.
Unidos por la música
Mientras que algunas rivalidades solo duran noventa minutos (o 120, como ocurrió en esta final), otras conexiones sobreviven durante siglos. Mientras España y Argentina peleaban por levantar la Copa del Mundo, el himno que sonó antes del partido recordaba que uno de los símbolos más reconocibles del país sudamericano nació, en parte, gracias al talento de un compositor español.
Probablemente muy pocos de los aficionados que estaban viendo la final repararon en ello. Pero es uno de esos detalles que nos recuerdan que estamos mucho más interconectados de lo que solemos pensar y que la unión entre culturas acaba dejando una huella mucho más profunda que cualquier rivalidad, incluso una final de un Mundial.
Foto de portada |@leomessi y dominio público
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