Los millonarios ya no viajan para coleccionar propiedades por el mundo: lo hacen para tener más pasaportes para su beneficio

Ahora la élite recorre el mundo para decidir dónde quieren pertenecer fiscalmente

Los Millonarios Ya No Viajan Para Coleccionar Propiedades Por El Mundo Lo Hacen Para Tener Mas Pasaportes Para Su Beneficio
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Joel Calata

Editor

Durante décadas, la imagen del rico viajando por el mundo evocaba mansiones en Mónaco, departamentos en Manhattan o villas en la Toscana. Hoy, esa misma figura sigue recorriendo el planeta, pero con un objetivo diferente: no comprar propiedades, sino acumular pasaportes: una estrategia de tener múltiples ciudadanías que ha pasado de ser un capricho diplomático a convertirse en una de las herramientas de planificación financiera más codiciadas entre los individuos de alto patrimonio, sobre todo entre los estadounidenses que buscan más control sobre su futuro fiscal.

Las personas de alto patrimonio han comenzado a diversificar lo que los especialistas llaman sus "portafolios de nacionalidades", buscando segundas o múltiples ciudadanías como redes de seguridad financiera y personal ante la incertidumbre global. 

Dominic Volek, director de clientes privados de Henley & Partners, ha bautizado esta tendencia como la construcción de "passport portfolios", y señala que las ventajas van desde una mayor flexibilidad para viajar hasta una gestión más eficiente de las finanzas transfronterizas.

El problema fiscal que lo explica todo

El motor más profundo de esta tendencia es la estructura tributaria de Estados Unidos: el país es uno de los dos únicos en el mundo (junto con Eritrea) que grava a sus ciudadanos sobre sus ingresos mundiales sin importar dónde residan

Esto significa que un empresario estadounidense que viva en Singapur, Portugal o Dubai sigue debiendo rendir cuentas al fisco, y frente a esa realidad, tener una ciudadanía en un país con un entorno fiscal favorable permite reducir legalmente la carga tributaria: Las Islas Caimán, por ejemplo, no gravan el ingreso personal, lo que resulta especialmente atractivo para individuos de alto patrimonio.

Un portafolio típico en 2026 comienza con un esquema caribeño: una familia adinerada invierte entre 230,000 y 250,000 dólares para obtener un pasaporte de Antigua y Barbuda o St. Kitts y Nevis en cuestión de meses, lo que les brinda una segunda identidad utilizable y acceso sin visa a la mayor parte del mundo. 

El siguiente paso suele ser en Europa, a través de un programa de Golden Visa en países como Portugal, Grecia o Malta. Para los estadounidenses, esta combinación aborda desafíos específicos como los requisitos de reporte de la ley FATCA, la complejidad de la tributación internacional y el escrutinio que los ciudadanos norteamericanos enfrentan en ciertos mercados globales.

Los destinos más buscados y sus ventajas

Opciones como Vanuatu ofrecen un impuesto del 0% sobre la renta, las plusvalías y las herencias, junto con una exención del impuesto de sociedades, mientras que destinos como Dominica permiten convertirse en residente fiscal con una tasa del 0% sobre la renta personal, haciendo que estas jurisdicciones no exijan que el inversor viva en el país para obtener la ciudadanía, convirtiéndolas en vehículos de optimización patrimonial más que en nuevos hogares.

Sin embargo, el crecimiento de esta práctica no ha pasado desapercibido en Washington: el senador Bernie Moreno presentó la llamada Exclusive Citizenship Act de 2025, que obligaría a los ciudadanos estadounidenses a renunciar a cualquier otra nacionalidad en un plazo de un año, so pena de perder automáticamente la ciudadanía americana

No obstante, el proyecto ha tenido escaso apoyo legislativo y los expertos coinciden en que es muy improbable que prospere, en parte porque el gobierno no cuenta con la infraestructura consular para procesar los millones de casos que implicaría su aplicación.

En una era de incertidumbre sin precedentes, construir un portafolio estratégico de permisos de residencia y ciudadanías complementarias ya no se trata únicamente de mejorar la movilidad global mediante viajes sin visa, sino de crear una salvaguarda robusta que proteja el patrimonio, el estilo de vida y el legado familiar. 

Los millonarios de hoy no recorren el mundo para ver qué compran: lo recorren para decidir dónde quieren pertenecer, o más precisamente, a qué sistemas tributarios desean —o no— seguir perteneciendo.

Foto de JESHOOTS.COM en Unsplash

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