Si nos ponemos a pensar un poco y miramos hacia atrás, la escena de la moda siempre ha tenido una relación ambigua con el poder: durante décadas, las primeras filas de los desfiles han estado ocupadas por aristócratas, estrellas de cine o magnates de la industria.
Sin embargo, en los últimos años ha aparecido un nuevo tipo de protagonista masculino que está redefiniendo ese imaginario: y no se trata del cantante bohemio o del actor sofisticado, sino de una mezcla extraña de tecnomillonario, gurú de la optimización personal y figura nacida en los rincones más oscuros de internet.
El resultado es una estética que algunos críticos describen como la glorificación de los peores arquetipos masculinos: jefes despiadados, billonarios obsesionados con el control y "chads" procedentes de la manosfera digital.
Como ejemplo, la presencia de figuras como Jeff Bezos en las semanas de la moda ilustra bien ese cambio cultural. El fundador de Amazon, durante años símbolo del capitalismo tecnológico más agresivo, se ha convertido en un habitual de los desfiles y eventos del sector junto a su ahora esposa Lauren Sánchez. Ambos han sido vistos en primera fila en la semana de la moda de París y en eventos asociados al circuito de la alta costura, donde su imagen de pareja poderosa empresarial se mezcla con la estética del lujo contemporáneo.
Sin embargo, su presencia no es anecdótica: la influencia de los grandes millonarios en el mundo de la moda ha crecido hasta el punto de convertirse en una constante del circuito internacional. Para algunos, la presencia de figuras del gran capital en los desfiles y galas de moda ha aumentado notablemente en los últimos años, generando un debate incómodo dentro de una industria que a menudo intenta proyectar una imagen progresista o culturalmente crítica.
Mark Zuckerberg y su esposa Priscilla en el desfile de Prada, en Milán
Algo parecido ocurre con Mark Zuckerberg: durante años fue el estereotipo del "tech bro" sin estilo, famoso por sus camisetas simples y su actitud casi robótica en público. Sin embargo, el fundador de Meta ha intentado reformular su imagen con un giro estético que incluye peinados más cuidados y una presencia más deliberada en el universo cultural y creativo, un cambio de imagen forma parte de un esfuerzo por reinventarse públicamente y proyectar una masculinidad más carismática dentro del ecosistema tecnológico.
La paradoja es que estos perfiles, asociados a empresas gigantescas y a un modelo de poder corporativo muy criticado, están empezando a funcionar como referentes estéticos. La figura del empresario hiperexitoso, obsesionado con el rendimiento y con la acumulación de capital, se convierte así en un personaje aspiracional dentro de ciertos círculos creativos.
La nueva masculinidad: de los negocios a la estética
La evolución del empresario tecnológico hacia icono cultural no se limita a la ropa, ahora también se extiende a nuevas formas de masculinidad vinculadas a la obsesión por el control del cuerpo. Un ejemplo evidente es Bryan Johnson, el empresario estadounidense que ha gastado millones de dólares en su famoso protocolo "Blueprint", un experimento extremo de biohacking destinado a ralentizar el envejecimiento, por el que vendió su empresa Braintree por 800 millones de dólares para invertirlos en un régimen científico que monitoriza su cuerpo con la ayuda de decenas de especialistas.
Este estilo de vida lo ha convertido en una especie de avatar del nuevo culto al rendimiento masculino, donde no se trata solo de estar en forma o tener éxito, sino de optimizar cada aspecto del cuerpo y la mente como si se tratara de un algoritmo.
Este tipo de obsesión por la mejora infinita conecta con una cultura masculina que lleva años creciendo en internet: en los foros y redes de la llamada manosfera y el concepto de "looksmaxxing", el optimizar la apariencia física mediante dietas extremas, cirugía estética o incluso métodos peligrosos, ha surgido el nombre de un representante de estas prácticas que ha saltado de ese universo digital a la cultura mainstream, conocido como Clavicular.
Bryan Johnson desfilando en París para Matieres Fecales
Este personaje se hizo famoso por documentar su transformación física dentro de comunidades online obsesionadas con la jerarquica estética masculina. Lo sorprendente es que esa figura, nacida en un entorno profundamente polémico y vinculado a la cultura incel y a la manosfera, ha terminado cruzando al mundo de la moda. Su notoriedad en redes y su estética extrema le han llevado incluso a conseguir trabajos relacionados con la industria, incluyendo apariciones vinculadas a la semana de la moda de Nueva York.
El contraste resulta llamativo: durante años la moda ha intentado presentarse como un espacio de creatividad, diversidad y experimentación cultural, pero ahora cada vez aparecen más figuras masculinas procedentes de universos asociados al poder corporativo, al culto a la riqueza o a comunidades digitales profundamente misóginas.
El resultado ahora es una mezcla incómoda en la que el lujo convive con la estética del algoritmo, la cultura del gimnasio y la lógica del mercado,. demostrando el cómo está cambiando el imaginario masculino en la cultura contemporánea: convirtiéndose en el nuevo referente por encima del artista sensible o el intelectual sofisticado.
La moda, que siempre ha funcionado como un espejo cultural, está absorbiendo esa narrativa: en sus pasarelas y en sus primeras filas aparecen cada vez más personajes que encarnan una versión extrema de la masculinidad contemporánea.
Y quizá ahí esté la clave del fenómeno: la industria de la moda siempre ha tenido una relación complicada con el poder, porque puede criticarlo, ironizarlo o estilizarlo, pero rara vez consigue escapar del todo de su influencia.
Por eso, cuando los hombres más poderosos y polémicos del momento entran en la sala, terminan ocupando el mejor asiento del desfile.
Fotos de @jeffbezos | @zuck | @clavicular0 | @BryanJohnson
En Trendencias | La masculinidad moderna también contamina: la manosfera de internet y sus influencers están dañando el planeta
En Trendencias | No son hombres de alto valor, es “sexismo de alto valor”. Las pruebas están en el vídeo viral de Ashton Hall
Ver 0 comentarios